08 diciembre 2012

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El rey de las ranas

Por Antonio CaballeroVer más artículos de este autor

OPINIÓNY ya veremos cuando el procurador se ponga a "promover referendos sobre materias esenciales", como anunció en una entrevista.

El rey de las ranas. Caballero

Caballero

Los senadores que, por puro miedo, reeligieron casi unánimemente al procurador Alejandro Ordóñez van a descubrir pronto que estaban simplemente reeditando una vieja fábula de Esopo: las ranas pidiendo rey. Las ranas de la charca del Congreso le pidieron a Zeus que les diera un rey. El dios les arroj
ó un leño, pacífico e inerte, con el que se aburrieron al poco tiempo. Pidieron otro, más entretenido, y Zeus? les mandó una cigüeña, que con su largo pico las fue atrapando y devorando una por una.

Una ranita que debe andar especialmente preocupada es el alcalde de Bogotá Gustavo Petro, que hace cuatro años, siendo senador, votó por la elección de Ordóñez y a quien el procurador recién reelegido le dedicó ya un comentario, o, más bien, una advertencia, tal vez una amenaza:

-En Colombia no se puede volver a dar el síndrome Petro-Plazas Vega. Ni la sociedad, ni los militares, ni nadie admitiría que esos militares que fueron defensores de nuestra patria, de nuestra honra y de nuestros bienes se enfrenten a este panorama en que terminan pagando penas de hasta sesenta años frente a penas irrisorias como las otorgadas a miembros de grupos armados al margen de la ley.

¿Quiénes le dieron su voto a Ordóñez esta vez? Ochenta de los noventa y tres senadores presentes en la votación. Y con entusiasmo. No se dejaron frenar por la renuncia de la ternada por el presidente, que convirtió la terna en una de dos, ni por las treinta y seis declaraciones de impedimento presentadas por otros tantos senadores, que fueron desestimadas en un periquete. Dos horas en total:menos de tres minutos para la consideración de cada una. Solo seis senadores tuvieron la dignidad de votar en blanco, otros cinco el capricho de votar por la candidata retirada, y dos más el de hacerlo por el tercer aspirante. Los conservadores votaron a conciencia, y en conciencia, por uno de los suyos. Los del Partido de la U, siguiendo su espíritu fundacional de oportunismo, votaron por el ganador anunciado. Los liberales y los de Cambio Radical votaron por miedo: porque tienen rabo de paja y temen la cólera de Ordóñez.

Pero muchos tendrán que arrepentirse de haberlo reelegido. Como tendrá que arrepentirse también el presidente Juan Manuel Santos de haberle dejado el paso libre al no apoyar debidamente a su propia ternada, la que renunció. Porque una de las presas que resultan más apetitosas para el pico voraz del procurador es el proceso de paz con la guerrilla que ha emprendido el gobierno. Dice Ordóñez, con fingida mansedumbre:

-No seré un palo en la rueda. He dicho que soy un escéptico no hostil contra la paz.

Pero a continuación aclara:

-Este proceso de paz debe terminar, si termina, con el sometimiento.

Excluyendo, pues, toda posibilidad de amnistía o indulto, y sin admitir "ni siquiera la imposición de penas simbólicas" (pues el fiscal

Montealegre, que fue quien habló de eso, también despierta el apetito omnívoro del procurador).

Y ya veremos cuando se ponga a "promover referendos sobre materias esenciales", como anunció en una entrevista concedida a María Isabel Rueda en El Tiempo:

-No hay que tenerle temor a hacer esas consultas a la gente sobre temas que generan tanta controversia. ¿Hay algo más democrático que esa figura?

¿Democráticos los referendos? En apariencia, sí. En la realidad, demagógicos. Un referendo lo gana siempre quien lo convoca. Ya Ordóñez había mostrado su absoluta falta de respeto por el significado real de las palabras cuando, recién reelegido, se dio el lujo de darles las gracias a los senadores "por su independencia".

Ordóñez fue reelegido para cuatro años, y esto apenas empieza. Las cigüeñas son animales peligrosos. Y longevos.

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