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Opinión

  • | 1993/04/12 00:00

    EL RUDDYGATE

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EL "WATERGATE CRIOLLO" O "RUDDYgate" que se descubrió la semana pasada en el despacho del Ministro de Hacienda puso a medio país a revolar en cuadro.No es lo mismo encontrar un micrófono oculto en la oficina del Ministro de Justicia, o del Procurador, o del director del DAS, por la sencilla razón de que a nadie sorprendería mucho la noticia.
Pero en cambio en el despacho del Ministro de Hacienda un micrófono oculto sugiere la presencia de un espía de cuello blanco digno de protagonizar una original novela de suspenso.
A quién beneficia un micrófono oculto en el despacho del Ministerio de Hacienda? ¿A quién le sirve la información que pasa por allí? ¿Es tan poderoso el Ministro como para que justifique convertirlo en el centro de un engranaje de espías? Y a su vez, ¿quién o quiénes tienen el poder de acceder al escritorio del Ministro para "cablearlo"? Probablemente nunca se sabrá la identidad de ese interesado. En general, y cada vez menos, los ministros de Hacienda no toman decisiones solos, sino a través de diversos cuerpos colegiados para los que la del Ministro es apenas una opinión que influye, pero no obliga. Pero indudablemente el Ministro de Hacienda sí tiene acceso y uso de información privilegiada, y en ciertos casos toma decisiones que, conocidas con anterioridad, podrían conducir al enriquecimiento de unos, o al empobrecimiento de otros.
Por ejemplo, ameritaría micrófono una opinión del Ministro en materia de tasas de interés, para un especulador en bolsa o cambiario.
Por poner un ejemplo. hay quienes pagarían oro por saber qué es lo que el Ministro de Hacienda considera importante para que en junta del Banco de la República se adopte como posición sobre compra o venta de certificados de cambio, de los cuales se transaron 80 mil millones en bolsa en los primeros 15 días de febrero.
Pero en contraste, ya no amerita micrófono la opinión del Ministro acerca de cómo amanecerá mañana el dólar, pues mientras en el pasado ese precio se fijaba a dedo entre el Ministro y el gerente del Banco de la República, oportunidad en la que el micrófono testigo de esa conversación habría sido una mina de oro, ahora las tasas de cambio dependen fundamentalmente de las fuerzas del mercado, que no son susceptibles de espionaje.
Opiniones del Ministro sobre asuntos presupuestales... No creo que nadie pagaría por esa información. A no ser que... Ias de cisiones presupuestales se relacionen con la compra de armamen to,lo que haría que los proveedores militares dieran cualquier cosa por colocar un micrófono oculto donde se discute la toma de esta millonaria transacción.
También habría postor para conversaciones en ese despacho sobre políticas en materia de regalías petroleras... por la magnitud de las cifras de dinero que están involucradas.
No ameritaría micrófono tantear al Ministro en materia de una reforma tributaria, porque hoy por hoy es más efectivo -y menos costoso- el cabildeo con los parlamentarios del caso.
Pero sí lo ameritaría una información directamente emanada del despacho del Ministro sobre privatización de bancos oficiales, por ejemplo...
No amerita micrófono el precio interno del café, porque el tema se discute y se negocia en el comité de cafeteros.
Pero en cambio ameritan micrófono algunos aspectos de la administración aduanera, como la decisión de ciertos conflictos a rancelarios... ¿Qué tal por ejemplo una información anticipada sobre desgravación arancelaria de camionetas? No amerita micrófono el tema del crédito público, porque no veo cómo alguien pueda hacerse rico con iníormación sobre la banca multilateral, que no le interesa demasiado a ningún particular... Pero este desinterés podría romperse, y convertirse en un interés absoluto, en caso de que la decisión del Ministro consistiera, por ejemplo, en comprar dólares para pagar el servicio de la deuda. . .
Y sí que amerita micrófono una investigación tributaria, aunque es más fácil sobornar o incluso colocarle un micrófono al funcionario clave que esté adelantando la investigación. Salvo que el tema sea tan grande y tan gordo que tenga encima al propio Ministro, comentando sobre él en la intimidad de su despacho.
También amerita micrófono en la oficina del Ministro de Hacienda el desarrollo de ciertos contratos o procesos de licitación o adjudicación en los que la opinión del Ministro puede ser clave .
Para poner un ejemplo, ahí está el tema de la telefonía celular, en el que tanto la opinión del Ministro sobre las modalidades de la licitación, como sobre la tributación aplicable, podría tener a más de uno boqueando por tener orejas en su despacho. . .
Y desde luego, siempre queda la posibilidad del narcotráfico. En un país como Colombia. en el que hay miles de millones de pesos danzando al ritmo del lavado, saber para dónde va el agua al molino con tiempo y con precisión puede ahorrar muchas sorpresas desagradables.
Conclusión, cualquiera pudo espiar al Ministro de Hacienda, y la costumbre puede no ser nueva. ¿Quien podría ascgurar que don Pepe Sierra no espió al Ministro de Hacienda de la época, don Esteban Jaramillo? No. En 1923 no había micrófonos. Pero podía escucharse detrás de las puertas.
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