Martes, 6 de diciembre de 2016

| 1996/06/17 00:00

EL SALTO MILITAR

EL SALTO MILITAR

Si mal no recuerdo, en el programa presidencial de Ernesto Samper figuraba en primerísimo lugar la búsqueda de la paz. Y la mitad de su discurso de posesión, si es que alguien lo recuerda, estaba dedicada al tema de la paz.Ya no. Ahora, aunque siga utilizando la palabra 'paz' el Presidente pone el énfasis en la guerra. Los pocos momen-tos libres que le deja la defensa de su derecho a seguir ocupando la poltrona presidencial, Samper los dedica a pronunciar discursos prometiendo más medios para la guerra y a firmar decretos concediéndolos. Porque, a diferencia del anunciado 'salto social', este salto militar sí se traduce en hechos concretos y en apropiaciones presupuestales tangibles. Aumento del pie de fuerza militar, creación de 'zonas especiales de orden público' en casi medio país _el noroccidente antioqueño, el Guaviare, el Meta, el Vaupés, el Vichada, el Caquetá, por sugerencia expresa de los militares e incluso contra la oposición declarada de los gobernadores de los departamentos afectados, para no hablar de los alcaldes_, invención de nuevos impuestos, 'bonos de guerra', para financiar el crecimiento del conflicto armado. No hay ya, desde hace años, Alto Comisionado para la Paz, y el ministro del Interior Horacio Serpa, demasiado ocupado en la defensa política del gobierno, de su presidente y de él mismo, no cumple ya el prometido papel de equilibrio frente al militarismo a ultranza del ex ministro de Defensa Fernando Botero, hoy preso. Pero que por lo visto sigue dirigiendo la política militar que se aplica, que empezó con sus compras masivas de armamento y continuó con la organización de aquellas cooperativas de defensa armada que llevaban, que llevan, el paradójico nombre de 'Convivir'. Tanto manda Botero desde su celda, que su sucesor Esguerra ni siquiera ha cancelado el escandaloso contrato de asesoría para compras de material militar suscrito por aquél con una empresa suiza.
En estos días, los altos mandos militares vienen además explicando en reuniones privadas con los directivos de los medios de comunicación su nueva estrategia "para ganar la guerra" _pues ya ni siquiera se habla de buscar la paz, sino abiertamente de ganar la guerra_. No conozco los detalles, pero me los imagino con sólo ver la foto del almirante Holdan Delgado, comandante de la Fuerzas Militares, señalando cosas con un puntero en algo que debe ser un mapa: son las nuevas zonas militarizadas, los retenes, el aumento del pie de fuerza, la compra de armamento, los nuevos bonos. Es la estrategia de siempre: más guerra.
Sobre el mapa, y con el puntero en la mano, los altos mandos deben resultar sin duda muy convincentes, a juzgar por los editoriales incitando a "rodear a las Fuerzas Militares" que como consecuencia de las reuniones explicativas de la estrategia han aparecido en los periódicos. Pero si en vez de mirar el mapa miramos la historia de los últimos 40 años, salta a la vista que el resultado de esa estrategia ha sido un fracaso sin paliativos: tenemos más guerra, mucha más guerra, y sigue sin ganarla nadie. En la medida en que las fuerzas y los recursos de los militares han venido aumentando, han aumentado también las fuerzas y los recursos de la subversión armada. Hace 40 años había enfrentamientos militares en dos o tres puntos remotos del territorio nacional: hoy medio país está en guerra. Tras la frustrada y rápidamente abandonada tentativa de acabar con la guerra buscando la paz que ensayó el presidente Belisario Betancur hace una docena de años, sus sucesores volvieron a la habitual estrategia de la guerra: el "pulso firme" de Barco, el bombardeo de la Casa Verde ordenado por Gaviria: y el resultado no fue un debilitamiento, sino un fortalecimiento de los alzados en armas. Y, como consecuencia, un crecimiento y un agravamiento de la guerra.
Que la estrategia de ganar la guerra profundiza la guerra en vez de acabar con ella se puede ver también, fuera de Colombia, en docenas de países del mundo. Porque cualquier país, por pobre que sea, encuentra siempre dinero para financiar la guerra, y la financiación de la guerra genera en todas partes, como es lógico, más guerra: en Bosnia o en Liberia, en Afganistán o en el Líbano. Y en cambio en los únicos sitios en que, en parte por fatiga de la guerra pero en parte también por simple sensatez, se ha avanzado hacia la paz son aquellos en donde se ha intentado una estrategia de paz: El Salvador, Nicaragua, y ahora mismo la desgarrada Guatemala. Parece una tontería: pero es evidente que la manera de encontrar la paz es buscando la paz, y no buscando más guerra.Esa obviedad, que hace un par de años parecía estar clara para el presidente Samper y su gobierno _con la única, pero notable excepción del entonces ministro Fernando Botero_ ya no lo está. No es que Samper haya cambiado de idea. Es simplemente que carece por completo de la fuerza necesaria para imponerla. Y si en las semanas que vienen, absuelto por sus 'jueces naturales' del Congreso, insiste en aferrarse a su poltrona, tendrá todavía menos fuerza. Como lo demuestra el salto militar que estamos viendo, más fuerte que el Presidente seguirá siendo su ministro traidor desde su celda.

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