Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/03/28 00:00

EL 'SEAQUARIUM'

Carlos Lleras tiene un tinte de delfín paracaidista que no era el ideal para aterrizar en el escenario

EL 'SEAQUARIUM'

NO HAY NADA QUE HACER. LA DEmocracia hereditaria en Colombia, mejor conocida con el nombre de delfinazgo, es una institución con la que es mejor que nos acostumbremos a convivir, porque no existe evidencia de que podamos erradicarla en un futuro próximo.
Con bombo y platillos la institución se inauguró en las elecciones de 1974, cuando tres de ellos, me refiero a tres delfines, López, Gómez y Rojas, midieron fuerzas para la Presidencia de la República.
Esta coincidencia fue, de por sí, un fenómeno sin precedentes, semejante a que en Estados Unidos, por ejemplo, hubieran medido fuerzas un hijo de Eisenhower, un hijo de Roosevelt y uno de Truman. Eso habría constituido la carátula de la revista Time más famosa de la década.
En el peor, peor de los casos, y sobre lo cual se han ocupado con amplitud los medios de comunicación, actualmente solo dos delfijes gobiernan en América. Eduardo Frei, hijo de Eduardo árei en Chile, y José María Figueres, hijo de José Marís Figueres en Costa Rica. Estadísticamente es importante, entonces, que ahora dos delfines colombianos estén nadando en torno a la próxima presidencia del país. Pero es escandaloso que para 1998, el asunto amenace en convertirse en un verdadero seaquarium.
La institución tiene pésima presentación. Sin embargo, individualmente considerados, los casos se defienden prácticamente solos. Andrés Pastrana, por ejemplo, es delfín en esencia, pero el candidato por excelencia. Dicho de otra manera, nadie puede negar que Andrés ha derivado gran parte de su rápido ascenso de ser hijo del expresidente Pastrana pero, al mismo tiempo, no ha desperdiciado las oportunidades que le ha brindado la vida. Habría podido rumbearse su adolescencia en Palacio, pero en cambio la convirtió en una causa popular, cuando caminaba por los que no podían caminar. Luego se involucró de lleno, y de manera brillante, en el engranaje periodístico del noticiero que muy probablemente se adjudicó dentro de las tradicionales cuotas políticas, cuando habría podido sencillamente usufructuarlo dejándolo pasar. Y hoy por hoy, siendo hijo de un ex presidente que, para decirlo a "calzón quitao", no baila al ritmo de su popularidad, Andrés ha logrado neutralizar su delfinazgo, con un carisma y un encanto propios que replanteant a esta altura de los hechos, cualquier teoría que cuestione sus meritos propios para estar donde está, y aspirar a lo que aspira.
Carlos Lleras de la Fuente nada en otras aguas. Es un buen delfin, en el sentido de que proviene de un cotizado paterfamilias, pero tiene un tinte de delfín paracaidista que no era el ideal para aterrizar en el escenario. Sus méritos propios le alcanzaban, sin necesidad de chantajear con un ultimátum trasnochado al pobre Julio César Turbay. Curiosamente, aterrizó en el escenario de manera tan forzada como lo hizo su padre, que tuvo que ser lanzado dos veces para que cuajara en el ambiente electoral. Y luego, después de haber hecho uno de los mejores gobiernos del medio siglo, fracasó dos veces en sus aspiraciones reelectorales.
Ambos delfines, de fracasar en estas elecciones, podrían seguir nadando corriente arriba cuatro años más hasta las elecciones del 98, cuando, como decía atrás, la situación podría convertirse en un verdadero seaquarium.
A Pastrana y a Lleras podrían sumarse, para ese entonces, otros célebres delfinazgos. Pasó inadvertido, la semana pasada, el anuncio de Julio César Turbay Junior, de que aspirará a la presidencia dentro de cuatro años. Tendría lógica también que se echaran a nadar otros delfines como Alfonso López Caballero, Juan Manuel Santos y Samuel Moreno Rojas.
Sobre Turbay Junior puede decirse lo mismo que de su papá. Que es buen político, aunque a la antigua. Que su fortín electoral lo ha construido a pulso en Cundinamarca. Que cultiva a sus jefes regionales. Que lo quieren. Pero que pasar de ese liderazgo regional, a uno nacional, es otro cuento. Lo mismo que decían de su papá.
Las aspiraciones de Alfonso López Caballero tampoco suenan estrambóticas. Es probablemente el delfín mejor preparado académicamente, pero de pronto el peor político entre todos sus rivales.
En cuanto a Manuel Santos ...No hay un delfín más delfín. Hijo de la dinastía de El Tiempo, cuyo poder es comparable al de una presidencia, y sobrino de ex presidente, Juan Manuel tiene una ambición del tamaño de la ballena, la audacia del tiburón, nadadito de pez espada, encanto de caballito de mar y suerte de estrellita marina. Delfín fijo para el 98.
Hacia donde también nada que nada otro delfín... que por ahora es sardina. Se trata de Samuel Moreno Rojas, hombre querido y carismático. Al igual que Turbay Junior, también está haciendo el curso político, etapa por etapa. Samuel es delfín como nieto y como hijo. O sea, como quien dice, un delfín por punta y punta.
Lo que trato de decir es que si dentro de 25 años yo estoy escribiendo la misma columna sobre Simón y María Paz, Felipe y Miguel, Santiago y Laura, no sería de extrañar. La institucionalidad de la democracia colombiana estará plenamente garantizada. -

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