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Opinión

  • | 2014/11/19 00:00

    El secuestro del general Alzate: yin y yang

    Si el Ejército logra dar con el grupo que lo tiene en su poder y en medio del combate muere el general, del yin y el yang sólo quedarán las cenizas de lo irremediable.

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Esta columna se iba a titular “El secuestro del general Alzate: ¿un falso negativo?”, en consideración al asombro y el natural escepticismo que producía que un oficial del Ejército en su más alto rango pudiera caer en manos de las FARC sin disparar un solo tiro, y a que en últimas esa acción a quienes más les conviene es a los enemigos de la paz, o sea al expresidente Álvaro Uribe (el primer informado del plagio, por cierto) y a los sectores más radicales de las Fuerzas Militares que se oponen al proceso de paz.
 
Pero luego de una tensa espera, el bloque Iván Ríos de esa agrupación informó que lo tienen y que le respetarán su integridad física “hasta donde nos sea permitido por la ira estatal”. Aquí salta como liebre la palabra torpeza, que igual se le puede adjudicar a esa agrupación subversiva como al general Alzate, y es lo que explica que el presidente Juan Manuel Santos, en medio de su enfado por semejante ‘oso’, haya olvidado que la ropa sucia se lava en casa y les haya dirigido este regaño público a su ministro de la Defensa y al comandante general: “Quiero que me expliquen por qué BG Alzate rompió todos los protocolos de seguridad y estaba de civil en zona roja”. Como dijo sabiamente Andrés Carvajal en su cuenta de @muchotropico, “la señorita Huila no sabe quién es Nelson Mandela, pero no se habría metido sin escolta a una zona guerrillera”. Según el hermano del presidente, Enrique Santos Calderón, “a primera vista parece una embarrada militar que no debe poner en riesgo el proceso de paz”.
 
El comunicado de las FARC utiliza un lenguaje agresivo con el que ‘cobran’ ufanos la importancia de la captura que lograron sin haber tenido siquiera que moverse, pues fue como si el lobo hambriento hubiera movido unas ramitas y apareciera frente a sus desorbitados ojos una mansa, indefensa y apetitosa ovejita. De todos modos, se puede hablar también de torpeza por parte de las FARC, pues constituye una derrota moral y estratégica para el grupo guerrillero al tratarse de un hecho que genera repudio entre la población civil y ensombrece las negociaciones, en consideración a que la cúpula de esa organización se había comprometido a abandonar el secuestro.
 
El enojo del presidente se debe entender como la frustración de los que desde el lado del establecimiento están procurando enrumbar el país por la ruta de la convivencia pacífica, y en tal medida entraron en conversaciones de paz con quienes pretenden destruirla, pero se encuentran de sopetón con una acción imprevista que llena de orgullo guerrero a la contraparte en medio de la negociación, y a la vez les aporta argumentos a los partidarios de que el Gobierno se levante de la mesa y se escale el conflicto.


 ¿Qué hacían Gloria Urrego y el general Alzate de civil en una zona roja?

Es cierto que el general Rubén Darío Alzate no fue aprehendido en combate sino que entró inerme en su radio de acción, tal vez confiado en que por tratarse de un puente festivo y vestido de civil, pasaría inadvertido. Sea como fuere, las FARC deberían hacer como en el taoísmo, donde la palabra crisis traduce oportunidad, y aprovechar este ‘papayazo’ que les dio el enemigo para ordenar la liberación de su prisionero de guerra (que lo es) y con ese gesto propiciar acercamientos entre ambos bandos que contribuyan a aclimatar un ambiente de reconciliación antes que a agudizar las contradicciones. ¿Y cuál será ese ambiente o escenario ideal? Un cese bilateral de hostilidades. Como dijo Flavio Pinto Siabatto en La Silla Vacía, “el cese al fuego no necesariamente implica el fortalecimiento de la subversión. Implica más bien la disminución de la capacidad de maniobra de los sectores interesados en continuar la guerra”.
 
En este delicado escenario de crisis y crispamiento general adquieren sentido las palabras del también analista Germán Ayala Osorio, quien en su blog La otra tribuna afirma que “el secuestro del general Alzate se erige como el hecho que la cúpula militar y el sector afecto a Uribe estaban esperando para acorralar al presidente Santos". En otras palabras, si se necesitara un argumento de peso para que se acabe el proceso de paz, sería, por ejemplo… a ver… ¿qué puede ser, qué puede ser? “¡Lo tengo!: que la guerrilla secuestre a un general de la República”.
 
Continuando con el axioma taoísta que nos habla del yin y el yang como dos fuerzas opuestas pero complementarias que acogen la dialéctica de todo lo existente, diríamos que el error que cometió el Ejército es el yin de la situación, mientras que el yang está en manos de las FARC: se trata entonces de que aprovechen lo que constituye un triunfo militar para ellos (aunque se lo encontraron, que conste) y lo conviertan en un importante capital político para invertir en el posconflicto.
 
¿Cómo? Muy sencillo: ordenando cuanto antes al bloque Iván Ríos la liberación del prisionero. ¿Por qué cuanto antes? Porque si el Ejército logra dar con el grupo que lo tiene en su poder y en medio del combate muere el general, del yin y el yang sólo quedarán las cenizas de lo irremediable.
 
DE REMATE: Una sugestiva interpretación a lo ocurrido en Las Mercedes parece aportarla El Colombiano en su página web cuando, en referencia a Gloria Alcira Urrego Pava, la abogada que acompañaba al oficial, cuenta que “en la actualidad la funcionaria cursa con el general Alzate una maestría en Gestión de Proyectos en una universidad de Costa Rica”. Habrá quien se atreva a concluir “elemental, mi querido Watson”, pero eso ya se sale de nuestra racional incumbencia.
 
En Twitter: @Jorgomezpinilla
http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/
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