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Opinión

  • | 1995/09/18 00:00

    EL SERPA

    La vía más rápida para llegarle a la mandíbula al presidente sería tumbando a Serpa

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CREO QUE MUCHOS DE LOS QUE HEmos intentado ponerle 'orden' a esta situación del país la hemos 'tacado' mal. Siempre en el afán de ir quemando los fusibles para proteger al Presidente -el generador mayor-, y en la esperanza de que éste pueda explicarle al país lo que todavía no le ha explicado, asumimos la digna renuncia de Fernando Botero Zea como un hecho inevitable en la cadena de acontecimientos, con lo que se quemó el primer fusible. Y ahora queremos quemar el segundo, con la renuncia de Serpa, sin que la velocidad de los acontecimientos nos haya dado un respiro para pensar si ella es realmente factible."
¿Por qué es que casi todo el país, incluyendo recientemente a los representantes a la Cámara, y a la oposición que se expresa a través de las encuestas radiales, quiere tumbar al 'bigotón'?
Para la gente es un sentimiento primario. Nadie entiende que de la rueda de prensa de Serpa y de Botero hubiera salido un hombre culpable y uno inocente. Un hombre digno que entendió la inevitabitidad de su renuncia, y un hábil político que se quedó agarrado de la brocha cuando se le cayó la escalera.
Un hombre como Botero que asumió las consecuencias del error de haber debatido en público el contenido de una indagatoria secreta, y un hombre como Serpa que fue el depositario directo de la indagatoria, que luego se transformó en un anónimo y más adelante en un resumen anónimo de una indagatoria secreta.
Por este simple motivo, la gente no considera justa la quemada de un fusible y el leve cortocircuito que apenas sufrió el otro fusible.
Pero El Serpa es un hombre mucho más complejo que el que se habría sentido obligado a renunciar por motivos de dignidad.
Para ponerlo en términos bien sencillos, El Serpa no es prescindible en este gobierno. La vía más rápida para llegarle a la mandíbula al Presidente sería tumbando a Serpa, porque el gobierno depende de él como de ningún otro ministro del gabinete, asesor, o consejero conocido.
A diferencia del gobierno Gaviria, que se caracterizó por un staff homogéneo de asesores sin que ninguno de ellos descollara especialmente por una influencia desmedida sobre el Presidente, Serpa es el hombre fuerte del gobierno, con implicaciones muy contundentes: si por algún motivo cayera, no hay nadie por quién reemplazarlo.
Porque hasta ahora no hay nadie tan aguerrido, ni tan leal, ni tan buen ejecutor de los mandados difíciles del gobierno.
Fue la primera persona, no lo olvidemos, en hablar de la candidatura de Samper. Ha estado con él desde siempre, en las buenas y en las malas, y a su vez, Samper le ha correspondido promoviéndolo en los cargos más altos del Estado (ha sido dos veces Ministro de Gobierno, qué tal la bobadita), y ahora entregándosele a su influencia y buenos servicios como no se veía desde que Barco se le entregó a Montoya.
El Serpa es el verdadero Ministro de Guerra del gobierno Samper. No porque sea el que mejor defiende al gobierno, que también es cierto, sino porque es al que llaman cuando todo está mal y hay que librar una batalla.
Sus dos apariciones en el Congreso nos lo confirman.
Sin que se le notara ningún trabajo, o impostación, o incomodidad, Serpa se vistió de orador veintejuliero, afinó un vibrato en su voz capaz de estremecer a las masas, se olvidó de su extraordinario parecido físico con el Eneas de Benitín, le robó la 'mamola' a Gaitán, desafió al país con la no renuncia del Presidente, y se despachó contra todos sus enemigos y los del gobierno.
En sus discursos, El Serpa ha demostrado una capacidad extraordinaria para carecer de reatos.
Reato de retractarse, reato de mentir.
En el Senado dijo que la Fiscalía funcionaba peligrosamente por culpa de una rueda suelta (el vicefiscal). En la Cámara aseguró casi de manera obsecuente (para no decir oportunista), que su respeto por la Fiscalía era integral y que se arrepentía de lo dicho.
Y de mentir, bueno. Ni para qué hablar de la metamorfosis de la indagatoria de Medina, que se transformó en el anónimo resumen de una indagatoria, cuando ya casi está clara la manera escandalosa como este documento privado llegó a sus manos.
También resulta significativa la comodidad con la que se mueve de base con respecto a la guerrilla. Hace unos años era reputado, peligrosamente para su seguridad, como representante de la izquierda, incluso vocero de la guerrilla. Hoy, en el gobierno Samper, tendrá que asumir un protagonismo en el enjuiciamiento por las fuertes (y aplaudidas) medidas de conmoción interior decretadas por Samper.
Pero hay algo más. Serpa señala al ex ministro Rudolf Hommes en su intervención ante la Cámara como uno de los conspiradores que dedicó su ministerio a ejercer como "enemigo de los pobres".
La apreciación de Serpa coincide, ojalá que involuntaria pero sí lamentablemente, con el panfleto que el ELN puso a circular la semana en la que atentaron con una bomba contra la vida de Hommes en la calle 26 de Bogotá, a quien calificaron como "culpable de la pobreza y enemigo de los desempleados".
No hay duda. Quienes pensamos que el Ministro del Interior es una ficha prescindible del gobierno, y sobre todo que debe ser prescindible, hemos estado terriblemente equivocados.
El Serpa no renuncia. Mamola.
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