Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/08/11 00:00

El sexo de los ángeles

Tanto la amnistía como el indulto son soluciones sólo para las secuelas del conflicto, pero no para el conflicto mismo

El sexo de los ángeles

Me decía un sagaz observador de la realidad colombiana, comentando el pantano leguleyo en que se está hundiendo la discusión sobre la responsabilidad penal de los distintos actores del conflicto (o de la ausencia de conflicto, para ceñirnos a las convicciones semánticas del presidente Álvaro Uribe), que es como si...

Pero estoy cayendo en la trampa de la confusión tendida por Uribe. Así que simplifico y aclaro.

Me decía un amigo que estamos discutiendo sobre el sexo de los ángeles sin saber si hay ángeles. Discutiendo sobre si los delitos cometidos en el conflicto armado son políticos o no lo son, cuando de entrada se niega que el conflicto sea político, e incluso que sea conflicto.

¿Otra vez? Creíamos eso resuelto desde hacía siglos: digamos desde que empezó a ser puesto en duda el dogma del origen divino del poder. O por lo menos desde hacía decenios: desde que a principios de los años ochenta el entonces presidente Belisario Betancur habló de "las causas objetivas y subjetivas de la subversión", reconociendo así de una tacada que la subversión, además de existir, tenía causas. Económicas. Sociales. En suma: políticas. Pero ahora Uribe (quiero decir: el uribismo ambiente, el uribismo imperante, el eterno uribismo, el uribismo inmanente: pues los huesitos y la carnita de Álvaro Uribe no son sino el avatar más reciente de la hidra inmemorial) nos quiere obligar a volver a la negación originaria de la realidad y a su sustitución por las acrobacias verbales: aquí no hay conflicto porque no existen motivos legítimos para que haya conflicto, y esos motivos no existen porque aquí hay democracia. De modo que la llamada (mal llamada) subversión es mera delincuencia común, ante la cual sólo es pertinente la acción autoritaria de las autoridades. Y si esta no basta, las de sus colaboradores, mal llamados paramilitares, que si en el curso de su colaboración incurren a su vez en delitos comunes deben ser exonerados de ellos no por una decisión política sino por un malabarismo jurídico: un retorcimiento del pescuezo de la ley penal existente.

Porque el negar que los problemas que existen sean políticos (o aun que existan) impide encontrarles (o aun buscarles) soluciones políticas. Obliga a recurrir a los "falsos positivos" policiales cuando no los hay verdaderos, o a buscar la victoria militar; pero si esta solución no se da (pues la victoria militar también es una solución), a encontrar un esguince jurídico: la "alternatividad penal", o la "justicia y paz", o últimamente la asimilación del paramilitarismo al delito de sedición (pese a que se niegue la posibilidad de que este exista). En vez de recurrir, como se ha dicho toda la vida en todas partes, a una amnistía o un indulto, que son soluciones políticas, y no semánticas ni jurídicas.

Sólo que tanto la amnistía como el indulto son soluciones únicamente para las secuelas y los efectos colaterales del conflicto, pero no para el conflicto mismo. De ahí que la jactancia en que han dado muchos uribistas de presentar el atolladero actual como un "caso único en el mundo", que consiste en hacer la paz en medio de la guerra, sea una insensatez: es, literalmente, ensillar antes de traer las bestias. No es posible resolver las secuelas del conflicto ni sus efectos colaterales sin haber solucionado políticamente el conflicto mismo, eliminando sus causas. Pues ni el secuestro ni el descuartizamiento son delitos políticos, como tampoco lo son la desaparición forzosa de personas, ni el narcotráfico: todos los que cometen habitualmente los actores de nuestro conflicto político. Pero todos ellos se cometen dentro de un contexto político, y con finalidades que también son políticas (incluyendo la de financiar un objetivo eminentemente político, como es la toma del poder). Son ese contexto y esos fines los que importa reconocer: no las formas que los acompañan.

Lo político es la sustancia. Lo otro son simples accidentes. Modalidades del sexo de los ángeles.

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