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Opinión

  • | 2011/03/19 00:00

    El silencio de Albornoz

    ¿Cómo fue posible que el liquidador hubiera actuado a sus anchas sin que Carlos Albornoz o su sucesor, Omar Figueroa, hubieran detectado sus astronómicas irregularidades?

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El 13 de junio de 2007, el entonces director de la DNE, Carlos Albornoz, nombró a su amigo Camilo Bula Galiano como depositario con fines de liquidación de Promocon, una sociedad de propiedad de la familia Nasser, de Barranquilla, la cual había sido objeto de extinción de dominio.

Bula Galiano había sido director de la Unidad de Lavado de Activos y había llegado a ese puesto nombrado por Mario Iguarán, de quien era muy cercano. Sin embargo, de la noche a la mañana, Bula Galiano salió como pepa de guama de esa entidad, por razones no suficientemente explicadas.

Albornoz, que era su amigo, lo nombró a dedo en la DNE. El hecho no pasó a mayores a pesar de que el nombramiento de Bula Galiano -como me lo confirmó una fuente- sí se salía de la "corrupción eventual" que siempre ha rondado a esa entidad. Según he podido establecer, antes de que llegara Albornoz a la DNE, generalmente se designaban depositarios con fines de liquidación a sociedades y no a personas naturales. Por cuenta de esta innovación en la designación de liquidadores, Bula Galiano, de buenas a primeras, quedó como responsable de liquidar, él solito, cerca de 163 inmuebles.
 
Durante los tres años que duró Camilo Bula como liquidador de esta sociedad en la DNE, incumplió muchas de las obligaciones consagradas para este tipo de nombramientos: no cumplió con la presentación de los informes mensuales; sus honorarios como liquidador excedieron el porcentaje permitido por la ley. Al 30 de diciembre de 2010 había cobrado el 92 por ciento del sueldo presupuestado, a pesar de que la liquidación estaba lejos de finiquitarse (¡1.086.837.500 pesos!). Aunque la sociedad tenía el dinero para pagar los impuestos, a enero de 2010 había atrasos sustanciales en el predial y en el de contribución por valorización. Varios de los bienes fueron vendidos de manera irregular: sin estudios técnicos y sin cumplir los diez días hábiles que estipula la ley para la publicación de la oferta. Se permitieron hechos irregulares, como el de que una pariente de la familia a la que se le incautaron los bienes se quedó viviendo en uno de ellos sin que el liquidador le llamara la atención.

Cuando llegó el gobierno Santos, la nueva dirección del DNE, alertada por estas anomalías, hizo una auditoría y el 16 de diciembre le ordenó a Camilo Bula que no podía efectuar ningún tipo de gestión administrativa, pero él desoyó esa instrucción y el 27 de diciembre del año pasado vendió cuatro lotes embargados. Ni siquiera se preocupó por poner la plata producto de la venta de los lotes en las cuentas de la DNE, sino que la dejó en sus cuentas personales. Cuando los abogados del nuevo depositario le increparon por el faltante a Bula, él reaccionó y dijo que la iba a reintegrar de inmediato.

Sin embargo, el hecho más irregular son los contratos de asesorías que ascienden a 3.695.224.928 pesos. Se pagaron por concepto de asesorías tributarias 275.280.900 pesos -y eso que tenían una mora en el pago de los impuestos-; 766.903.043 pesos por conceptos de asesorías jurídicas; 323.732.301 pesos en asesorías técnicas que nunca se pudieron justificar y, atérrense, 950.559.647 pesos en asesorías varias. Hay también un rubro de 58.500.000 pesos por concepto de auditorías, que no les sirvieron de mucho porque todas estas asesorías están débilmente sustentadas y las cuentas de cobro que se han encontrado no presentan las debidas justificaciones del pago. Un informe de ingresos y gastos de la liquidación de la sociedad acumulado al 30 de septiembre de 2010 dice que el ingreso de los recursos por venta de los inmuebles fue de 19.541.669.528 pesos y que los gastos del proceso liquidatorio fueron de 19.521.455.583 pesos. En otras palabras, que los excesivos costos en asesorías produjeron un detrimento patrimonial de la sociedad en liquidación, mientras otros salieron con los bolsillos llenos de dinero. Así se robaron a Foncolpuertos y así se estaban robando la DNE.

¿Cómo fue posible que el liquidador Camilo Bula pudiera haber actuado a sus anchas sin que Carlos Albornoz o su sucesor, Omar Figueroa, hubieran detectado estas astronómicas irregularidades?

En defensa de su gestión, el doctor Albornoz dijo hace poco que durante su administración se vendieron bienes por 300.000 millones y que todos fueron por subasta pública. Nadie duda de que los bienes se vendieron, aunque las cifras sobre ventas de bienes muestran un decrecimiento desde 2007, según la DNE. Pero ese no es el problema: el meollo es cómo y de qué forma se vendieron. Porque si lo hicieron como lo hizo su amigo Camilo Bula, de las arcas de la DNE no debe quedar sino el cascarón.

Quién se iba a imaginar que a la mafia le iba a salir otra mafia de cuello blanco que la terminaría robando. Ver para creer.
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