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Opinión

  • | 2014/07/29 00:00

    El ‘síndrome’ Facebook

    El uso de las redes sociales, como el uso repetitivo de casi cualquier recurso, puede ser útil o dañino. Todo depende de cada persona.

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Cada vez con más frecuencia llegan a consulta personas de todas las edades que en algún momento han sufrido por las redes sociales, especialmente por Facebook. Sufren porque se dan cuenta que pasan demasiado tiempo ahí y después quedan con la sensación de haber perdido el tiempo; sufren porque ven al ex novio o ex novia, quien siempre sale sonriente y feliz mientras que la persona siente que no ha podido superar la tusa; sufren porque ven a los demás haciendo planes todos los fines de semana, porque ven fotos de viajes y lugares increíbles a los que van los otros, mientras que él o ella no sale de vacaciones hace años. Y estos son sólo unos pocos de los muchos ejemplos que podría mencionar. Pero lo que es común a todos ellos es que lo que lleva a las personas a sufrir tanto es la constante comparación con la vida de los otros. 

“Todo el mundo vive feliz; la gente se la pasa en planes, saliendo, de vacaciones y yo siento que mi vida se estancó”, me dijo una joven que llegó al consultorio porque había sido diagnosticada con una depresión. A raíz de la terminación de una relación de pareja bastante larga, se fue aislando de sus amigos y de su familia y empezó a limitar su vida al trabajo. Y poco a poco ‘el plan’ del día se le volvió consultar Facebook: “Mi único contacto con el mundo era Facebook, y creo que eso es lo que más daño me ha hecho. Al comienzo me desestresaba, pero con el tiempo me empezó a generar una ansiedad tal que incluso me impedía dormir”. 

Su vida se empezó a reducir a ver fotos, actualizaciones de estatus, páginas y páginas de gente que incluso ni siquiera conocía. “Después de un par de semanas empecé a sentirme miserable”. Ver que todas las personas salían en las fotos sonrientes, ‘felices’, haciendo planes, activos, etc., comenzó a generar en ella una profunda ansiedad que la fue llevando a desarrollar un cuestionamiento sobre el sentido de su propia vida. Estar gran parte de su día en Facebook no condujo a motivarla para salir y retomar el contacto con sus amigos, sino a todo lo contrario: aislarse cada vez más. 

“Fue como una adicción: yo misma me estaba haciendo daño metiéndome tanto a Facebook, pero no podía dejar de hacerlo”. Finalmente una noche se encontró con una foto de su ex novio con otra persona y una cantidad de comentarios bajo la foto felicitándolos por estar juntos, deseándoles lo mejor, etc. “Lo más grave no fue la foto, sino que a pesar de que casi me muero cuando la vi, en vez de cerrar el computador y acostarme me quedé horas buscando más fotos, viendo qué amigos teníamos en común con ella, buscando y buscando información que lo único que hizo fue aumentar el dolor y la ansiedad. Ahí tuve la crisis, fui al psiquiatra y me diagnosticaron con depresión”.

Como ella, son cada vez más las personas que llegan angustiadas, mortificadas e incluso furiosas consigo mismas porque se dan cuenta del daño que les hace toda la información que obtienen a través de Facebook. Les da rabia consigo mismas porque a pesar de darse cuenta de lo inútil que puede ser pasar horas enteras viendo y buscando información que sólo aumenta la ansiedad y la angustia, consultar la red se les ha convertido en una adicción más que como toda adicción, hace daño y genera sufrimiento.

Las redes sociales son herramientas maravillosas y útiles si se saben usar adecuada y responsablemente. Por ejemplo, actualmente muchas compañías consultan Facebook como fuente de información sobre las personas que necesitan porque así acceden a información valiosa sobre la vida cotidiana de cada candidato; asimismo, se pueden encontrar artículos fascinantes; se reencuentran personas con quienes se ha perdido el contacto durante años; se felicita a las personas por el cumpleaños, por ser padres, por los logros que han conseguido laboralmente; se comparten opiniones, chistes, campañas publicitarias destacadas; se lucha por alguna causa como la violencia y el maltrato animal; etc. Todo eso es maravilloso. Pero deja de serlo cuando se convierte en una necesidad estar constantemente revisando lo que hacen los demás. Tal como le pasó a esta joven, quien a pesar del dolor que sabía que le producía estar consultando Facebook, lo seguía haciendo de una manera casi masoquista. 

“Nada en exceso, sólo lo suficiente” (Nardone, 2012).  Facebook no es la excepción. No se trata de prohibirlo, porque entonces se vuelve más apetecido. Tampoco de dejar de usarlo por completo. Se trata de saber dosificarlo porque así puede aportar estrategias como compartir información interesante, buscar amigos, distraerse un rato viendo fotos y videos, pedir ayuda para buscar trabajo, preguntar si alguien viaja de una ciudad a otra para llevar un encargo, vender un celular, comprar un perro, entre otras cosas. 

El uso de las redes sociales, como el uso repetitivo de casi cualquier recurso, puede ser útil o dañino. Todo depende de cada persona. Cobra así mucha relevancia la conciencia para el autocontrol, el autoconocimiento para la toma de decisiones, siendo esa una tarea diaria, para toda la vida, si lo que se quiere lograr es aquello que todos queremos: ¡una verdadera felicidad!

En Twitter: @menasanzdesanta
*Psicóloga-Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
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