Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

El sol no se pone ya

¿Por qué pedimos en los restaurantes que nos regalen una hamburguesa?, ¿quién dijo que uno coloca un almacén? Luz Ángela Castaño resalta los horrores del idioma.

El sol no se pone ya

Nunca se supo cómo, dónde o cuándo, pero un buen día un agudo maestro en alguna parte de nuestro país decidió corregir a los niños cuando utilizaban el verbo 'poner', con el argumento de que "las únicas que ponen son las gallinas". Los pequeños le creyeron y gradualmente incorporaron este hábito lingüístico a su vocabulario. Esos niños crecieron, aprendieron otra connotación de este verbo y ahí comenzó la crítica de unos y el autocontrol de otros que ha hecho que, hoy, a la gente le suene mal usar el verbo 'poner'. Muchos de esos niños hoy son maestros que, en forma mecánica y con poca reflexión corrigen el uso de este verbo, y seguro que unos siguen creyendo y otros, enseñando que las únicas que ponen son las gallinas.

Como había que reemplazar el verbo, se optó por usar 'colocar' como sustituto. Es así como, ahora, la persona que se jubila coloca un almacén. Para la fiesta, el joven se coloca un esmoquin; el analista, le coloca datos a su proyecto; el contador coloca nuevas cifras al presupuesto; en las universidades se debate la posibilidad de colocar un curso nuevo en el plan de estudios; también, el decano le coloca apoyos adicionales a los profesores, mientras que estos colocan comentarios a los trabajos de los estudiantes y en las reuniones se colocan opciones diferentes.

Un futbolista declaraba a la prensa el otro día que le colocaba toda su atención al juego; los planificadores se esfuerzan por colocar nuevas fechas para el desarrollo del evento; el padre coloca al hijo en un nuevo colegio y Shakira se coloca en los primeros lugares de sintonía según un comentarista; al celador le colocan turnos nocturnos y el coronel, por TV, afirma que le preocupa colocar en peligro el buen nombre del país; la monjita que ayuda a la misa se dirige a los feligreses con esta invitación: "Coloquémonos de pie, hermanos, que la eucaristía va a comenzar"; el periodista informa que han colocado los detenidos a disposición de la Fiscalía y hasta el sol. se coloca más temprano en estos meses.

Según el diccionario de la RAE, 'poner' ofrece 44 acepciones de uso común, sin contar los giros que registra para usos en ambientes familiares o coloquiales. Por el contrario, 'colocar' registra pocos significados: se coloca algo en un lugar específico y con una intención dada; también se coloca dinero en inversión; un producto se coloca en el mercado y alguien se puede colocar en un empleo.

¿Cómo vamos a recuperar el verbo poner, con toda su riqueza expresiva? Pienso que los maestros están en deuda con nosotros. Ellos deben recordar que sus estudiantes los imitan y que en el aula y frente a las nuevas generaciones deben ser ejemplo de precisión en el lenguaje. Tendríamos que exigirles que, en sus clases y en el trato con sus alumnos, reparen el daño que uno de sus antecesores causó hace años, de manera que comencemos a romper este hábito. Y los adultos debemos dejar de colocar tanto para comenzar a poner: si les preocupa pronunciar el verbo 'poner', hay alternativas que se pueden emplear según el contexto, como agregar, ubicar, asignar, ofrecer, escribir, fundar, presentar.

Pero, éste no es el único caso de nuevos hábitos poco pensados en nuestro lenguaje cotidiano. Si observamos con cuidado la escogencia de palabras que utilizamos para comunicarnos, las tendencias y preferencias abundan: Veamos algunos ejemplos: Si vamos a una cafetería pedimos que nos 'regalen' un café o una hamburguesa, cuando la intención es comprarlos; en las oficinas públicas o en los bancos nos piden que les regalemos la cédula o el número de teléfono. Cómo estará de generalizado el mal uso de la palabra regalar entre los colombianos, que en España, por ejemplo, cuando un compatriota nuestro pide que le regalen algo, dos cosas pueden suceder: o le preguntan si es colombiano o, si la persona es más directa y un poco agresiva para nuestros estándares, le contestan: "Aquí no se regala nada. Si lo quiere, se lo vendo".

Algo parecido sucede con el verbo 'robar': es frecuente que un compañero de trabajo llegue a la oficina y pida prestado el teléfono de la siguiente manera: "¿Le puedo 'robar' una llamadita. un minuto de su tiempo o un papel para escribir una nota?" Frente a propuestas como estas, es inevitable preguntarse el porqué de esta tendencia nuestra de pensar en el verbo 'robar' y escogerlo cuando se quiere pedir algo prestado.

Otras expresiones también ganan terreno. Consideremos por ejemplo el uso que se está dando al adjetivo 'demasiado'. Es fácil entender que el café esté demasiado caliente; que uno termine el día demasiado cansado o que la vida se esté tornando demasiado compleja. Pero, ¿cómo puede uno ser 'demasiado' feliz? A mucha gente, algunos objetos comienzan a parecerles 'demasiado' bonitos o, de repente, se pueden sentir 'demasiado' contentas. En relación con este adjetivo, se recomienda usarlo cuando se hace referencia a un comentario que lleva implicaciones negativas. Por ejemplo, al afirmar que el café está demasiado caliente queremos implicar que es preferible esperar un poco para tomarlo.

Aunque es necesario reconocer que el lenguaje está en permanente cambio y que cada generación encuentra formas diferentes de expresión, es importante tener en cuenta, de un lado, que el uso que la gente hace de ciertos términos tiene un peso importante en la aceptación de ciertas formas lingüísticas y genera hábitos que con el tiempo se vuelven norma. Pero, de otro, ¿por qué no tomarse el tiempo para precisar conceptos y cuidar significados?

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