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Opinión

  • | 1983/05/09 00:00

    EL SUICIDIO VOLUNTARIO DEL ALVARISMO

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El prestigio de un Presidente es quizás el bien más fungible de cuantos conforman su patrimonio político. Se enfrenta a un exámen diario y exhaustivo frente a una ciudadanía expectante, muchas veces demasiado rigida, pero en todos los casos tremendamente susceptible en relación con la forma como el Presidente sortea, a favor o en contra de su imagen, cada capítulo del devenir nacional .
La idea de que Belisario Betancur es un hombre honesto y bien intencionado no ha cedido un milimetro en el ámbito de la conciencia colombiana. Pero quizás frente a los resultados de esa honestidad, frente a las posibilidades de que una larga y fatal tradición de corrupción y de podredumbre institucional, puedan llegar a ser superados por un hombre lleno de buenas intenciones la ciudadanía no parece estar muy optimista, y observa con ojos desconfiados el gran engranaje clientelista que viene forjandose en torno al desempeño político de Belisario Betancur.
Lo que muchos se han puesto de acuerdo en denominar el "suicidio voluntario" y temporal del alvarismo por evidentes motivos de estrategia partidista ha resultado exitoso, en el sentido de que la unión del partido se mantiene intacta, en manos de una figura de indiscutible preponderancia pero por desgracia de muy discutida ortodoxia ideológica; se trata del ex presidente Pastrana Borrero, quien se ha ganado el titulo de "hombre fuerte" del gobierno por algo que a la gente no le huele bien.
Le huele a clientelismo del más fino corte turbayista. Diariamente en las actitudes más políticas de este gobierno se siente su influencia, se palpa su poder, y simultáneamente se echa de menos la fortaleza del Presidente para ponerle coto a este tráfico clientelista. Parece como si se hubiera entregado a él con la ingenuidad propia de quien, careciendo de partido, y en aras de eso que podría llamarse "presentación política", hubiera querido ocultar su orfandad tras la figura del ex presidente Pastrana. A estas horas ya se sabe, sin embargo, quién sacó más ventaja de esta especie de "Bienestar Familiar" de la política.
Pero la forma voraz e inclemente como el ex presidente Pastrana viene influyendo en la repartición de los puestos públicos podría terminar en últimas beneficiando, ironicamente, al sector alvarista del conservatismo. Si bien es cierto que éste se encuentra temporalmente disuelto se le ha brindado en bandeja la posibilidad de demostrarle al país que continúa desempeñando un papel definitivo sobre el desarrollo de nuestras instituciones, sin necesidad de esgrimir ningún argumento de índole burocrática. Los malo es que esa marca profunda de las ideas conservadoras en nuestras instituciones y costumbres hay que renovarla, demostrar que está viva, y la forma menos adecuada de hacerlo es la de asumir una actitud exageradamente modesta frente al acontecer nacional y a la forma como éste se viene gobernando.
Laureano Gómez fue el primero que advirtió el peligro implicito en lo que el mismo denominó "el tipo de conservador moderado", defendiéndolo como un hombre que está persuadido de la verdad y de la exactitud de los principios conservadores, pero se inclina a que no se proclamen en toda su extensión, ni en todos los momentos, ni se procure su preponderancia completa en los asuntos públicos. "Consecuencia de esta postura mental en el terreno de la acción politica", advirtió una vez Laureano Gómez, "es el anhelo de que no se haga cosa alguna que pueda disgustar al adversario".
En conclusión, el hecho de que el alvarismo no se vea en la actualidad no significa que tampoco deba sentirse. Unión si, pero con reservas ideológicas.
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