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Opinión

  • | 2005/05/22 00:00

    El sur, ¿nuestro norte?

    Harún M. Abelló se pregunta por qué mientras en los demás países del continente la gente sale a la calle a tumbar o a apoyar presidentes y detener privatizaciones, en Colombia prima la apatía.

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Cuando se observa el acontecer noticioso en América Latina salen a relucir grandes diferencias entre las formas de reaccionar de los pueblos del subcontinente frente al actuar de sus gobiernos y las reacciones de los ciudadanos colombianos que aparecen como divergentes frente a la tendencia.

Los casos más representativos son los de Perú y Ecuador, en los que las protestas ciudadanas no sólo cambian gobiernos sino que también influyen en las políticas comerciales y económicas de sus estados. Como ejemplo de esto se puede citar el cambio de gobierno en Ecuador por tomar una decisión que el pueblo consideró contraria a sus intereses, al permitir el retorno de un ex mandatario exilado. La decisión no fue del gobierno, pero fue consecuencia de su accionar, y por lo tanto el pueblo decidió tomar acciones frente a ese hecho; de allí la salida de Lucio Gutiérrez.

El caso boliviano es mucho más fuerte aún. El pueblo se ha enfrentado franca y abiertamente al gobierno y a sus políticas de privatización paralizando totalmente al Estado e impidiendo la privatización del agua o de la explotación del gas en tiempo más reciente. Venezuela no se queda atrás, y las múltiples manifestaciones, marchas y revueltas a favor y en contra del gobierno de Chávez acaban de confirmar la existencia de una forma de actividad política de las sociedades suramericanas ante la cual Colombia aparece estar exenta.

Para citar unos pocos ejemplos, y sin el ánimo de definir verdades, en Colombia ha habido casos de corrupción política muy sonados, presidente acusado de narcotráfico; ante lo cual el país ha reaccionado muy poco. Si nos asomamos al sector económico podremos ver impuestos (reformas tributarias por doquier), privatizaciones, cierres de empresas del Estado; y sin embargo, poca reacción social.

No estoy abogando en pro de los tirapiedras o de los vándalos, pero sí por la participación real en política de los ciudadanos que no solo raya en el desinterés sino que acusa de un ingente 'mamagallismo' que nos permite no sólo ignorar los cambios políticos sino hasta los fiscales. Es decir, mientras el Estado boliviano paró totalmente por la privatización del agua, en Colombia nos suben los impuestos tres veces en un año, y no nos estresamos, no protestamos, simplemente no pagamos. Muy curiosa nuestra cultura política.

* Profesor investigador. Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales.Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia

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