12 agosto 2013

Enviar a un amigo

Email destino:

Nombre remitente:

Email remitente:

El tardío mea culpa de Belisario

Por Germán UribeVer más artículos de este autor

OPINIÓNAhora, tras escucharlo en un desteñido acto de contrición, ¿cómo no recordar el proverbio de que cuanto más poder se tiene, más responsabilidad se asume?

El tardío mea culpa de Belisario .

Hace escasos 20 días, la prensa nos sorprendió reproduciendo las siguientes palabras del expresidente Betancur: "Y me puse a corregir todas esas motivaciones. Y en esas andaba cuando se presentaron situaciones inmanejables, o que manejé mal. Si las manejé mal, les pido perdón a mis compatriotas
por haberlas manejado mal. Punto". 

Esta explicación la dio poco más de un año después de que el Tribunal Superior de Bogotá le demandara a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigara su responsabilidad en los hechos del Palacio de Justicia. Pero después de qué y de cuánto tiempo aparece este repentino mea culpa.

La Comisión de Indagación y Acusación de la Cámara de Representantes de Colombia, luego de recibir el 28 de diciembre del 2008 la denuncia remitida por la Fiscalía General de la Nación, con el número de radicado 2406, abrió la investigación preliminar en contra del expresidente Belisario Betancur para que respondiera como presunto responsable del delito de desaparición forzada durante la toma del Palacio de Justicia en Bogotá, ocurrida en el mes de noviembre de 1985.
 
Veamos, entonces, quién es este expresidente colombiano, cuál pudo haber sido su delito y qué tipo de responsabilidad penal e histórica podría caberle por su presencia en unos sangrientos hechos, que por fortuna la sociedad colombiana se resiste a olvidar y cuyo impacto atroz mantiene aún vivas las heridas en su memoria colectiva. 
 
Comencemos preguntándonos qué puede resultar de la mezcla de variadas eclécticas propensiones en un hombre de extracción campesina, de trato afable, bien dotado para las letras, con un refinado sentido de la estética, sensible a las expresiones artísticas, a la literatura, al ensayo y la poesía, que se deja seducir, primero, por la provisión de una holgada fortuna, luego, por un nivel de vida no exento de esplendor, y por último, consecuencialmente o no, por el poder.

Pues ni más ni menos que el Belisario Betancur que gobernara a Colombia entre 1982 y 1986 y que en noviembre de 1985 fuera el probable responsable, por omisión, por presión a la que no quiso resistirse, o por desdén o indolencia, de aquel holocausto del Palacio de Justicia.
 
El mismo expresidente que le debe al país y a la justicia no pocas explicaciones. Un hijo del pequeño pueblo de Amagá, en Antioquia, conservador del más puro linaje laureanista -y fue precisamente su ídolo Laureano Gómez uno de los mayores responsables de la violencia partidista colombiana de mediados del siglo XX- que, y esto también es imperdonable, tiene defraudado el deseo natural de su poblado natal por erigirle un monumento legítimo a quien de manera cabal le diera gloria, fama y prosperidad a su terruño. Y para dimensionarlo mejor, aventuro este trazo que dice con precisión de su personalidad: un intelectual oscilante, un poeta inconcluso y un político sin andadura ni dimensión de estadista. Ese es el Belisario Betancur que él mismo se construyó, que él mismo inspira y que él mismo ha decidido dejar como legado. 
 
Fue a raíz del pedido de la Fiscalía al Congreso de la República para que de nuevo fuera investigado, que se nos vino a la memoria este Belisario en conjunto. Pero lo que más puede interesarnos de él cuando la memoria de la gente exige esclarecimientos, es lo que la justicia colombiana pueda determinar respecto de su responsabilidad y culpabilidad por aquellos hechos atroces de hace 28 años.
 
A medida que pasan los años, la voz suplicante del inmolado presidente de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Alfonso Reyes Echandía, que decía "por favor, que cese el fuego", fue ahogada por el escapismo retórico de quien tuvo en sus manos como Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas la posibilidad de que el infeliz episodio hubiese tenido un final diferente y mucho menos sangriento.
 
Por fortuna para las víctimas y para la historia, delitos contra la humanidad como esta inmolación ni prescriben ni se olvidan. Y por fortuna también, en este caso no cabe aquello de que por la "dignidad" de presidente, lejos de sí investigaciones, responsabilidades o delito alguno. 
 
No. Muy por el contrario. Por presidente es por lo que de manera excepcional debe responder, ahorrándose su recurrente "sentimiento de pesar por el sacrificio de los insignes magistrados",o aquella otra distractora argumentación de que "no eludí ninguno de esos compromisos y no eludiré ninguno de los que se me presenten en el futuro, pues mi único interés ha sido el de que brille la verdad".
 
No importa cuántas veces se le haya llamado a declarar en estos 28 años. Si en el 86, si en el 90 y si en el 2005 un par de veces. Los llamados indican, categóricamente, que la verdadera verdad le sigue siendo esquiva a la justicia y que esta se mantiene en deuda con el pueblo colombiano.
 
La responsabilidad por los muertos, las torturas y las desapariciones del Palacio de Justicia no puede parcelarse. 
 
La investigación a los militares y sus juicios y condenas, van bien. Pero la del Belisario Betancur presidente clama su urgencia y es forzosa máxime cuando el Tribunal Administrativo de Cundinamarca en fallo alentador determinó que su actitud en los hechos fue "altamente omisiva", mientras la Comisión de la Verdad, creada por la Corte Suprema de Justicia en noviembre del 2005, subrayó que "parte de la responsabilidad la tuvo el presidente", tras determinar que "actuó como un espectador más de los hechos" y que se evidenció la "ausencia de poder".
 
Por ello ahora, luego de escucharlo en su confesión de culpabilidad, ¿cómo no volver a él trayendo a colación el proverbio aquel de que cuanto más poder se tiene, más responsabilidad se asume? Aparentemente, por fin lo entendió.
 
guribe3@gmail.com 
PUBLICIDAD

Otras columnas de este autor

Horóscopo
Semana en Facebook
Publicidad