Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/02/25 00:00

El terror modulado de las Farc

Estas guerrillas han dado muestras de un marcado autismo social realizando acciones de depredación social sobre los grupos humanos más débiles.

Wieldler Guerra

La sintonía entre las Farc y la mayoría de los colombianos nunca dura más de veinticuatro horas. Cuando empezaba a percibirse una tenue esperanza en el gesto unilateral de liberación de algunos de los ciudadanos secuestrados y la posibilidad de un acuerdo humanitario se conoció la indignante noticia del asesinato de los indígenas Awa en el sur del país. Lo sucedido no solo fue un acto repudiable de agresión contra una comunidad amerindia sino que puede ser percibido como un mensaje de intimidación dirigido a todos los pueblos indígenas del país.

No de otra manera puede interpretarse la información difundida a través de Anncol en la que el Bloque Antonio José de Sucre, para justificar la muerte de los ocho miembros de la comunidad Awa, les quita primero su condición de indígenas y los reduce a la condición abyecta de informantes del Ejército. Este recurso cínico y banal podría ser utilizado cada vez que se sientan tentados a realizar actos genocidas en contra de los pueblos originarios. Como afirmó ante los medios el presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia Luis Evelis Andrade ''Las Farc siempre tienen un pretexto para matar a la gente''.

El comunicado refleja un inmenso desprecio por la vida humana y le sobran detalles escalofriantes cuando alude a la confesión obtenida de las víctimas sometidas a tormentos con las armas blancas que fueron empleadas en su muerte. Se replican así las peores prácticas de la Inquisición. ¿Quién ante el terror inminente de la muerte o el dolor de la tortura no confiesa lo que el victimario quiere?. En un país asolado por la inequidad y el desconocimiento de los derechos fundamentales de amplios sectores de su población, solo faltaba que esta organización armada diera muestras de un marcado autismo social realizando acciones de depredación social sobre los grupos humanos más débiles.

Este acto injustificable muestra el carácter desideologizado del conflicto armado en Colombia. Es evidente que la violencia sistemática contra los Awa se fundamenta en intereses materiales concretos en una geografía en donde confluyen diferentes actores armados que, involucrados en el narcotráfico, buscan mediante masacres y asesinatos mantener el control de territorios y de poblaciones. Como admirablemente lo explican Salazar y Castillo en su libro La Hora de los dinosaurios (2001) a diferencia de las masacres ocurridas en África contra grupos étnicos o políticos, en las que mueren decenas o centenares de miles de personas, las ejecutadas en Colombia tienden a ser más calculadas. Buscan modular el terror para lograr el máximo efecto intimidatorio con el menor costo para la organización armada que pretende obtener así el apoyo y la lealtad de una población determinada percibida como dudosa o desafecta.

Por ello no se debe minimizar la gravedad de lo ocurrido contra esta agrupación humana. Debe darse una amplia sanción social contra los autores de tales hechos. Si estos, basadas en la soberbia de su capacidad militar, no manifiestan expresamente su voluntad de no continuar la agresión contra las poblaciones indígenas de Colombia habrán dado un paso adelante sobre sus rivales en la carrera universal de la infamia.
 
wilderguerra@gmail.com



*Weildler Guerra Curvelo es miembro de la Academia de Historia de Colombia.





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