Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2006/02/19 00:00

El tiro por la culata

Tomando el ejemplo de Burundi, Hernando Cáceres señala los peligros de hacer un intercambio humanitario sin reconciliación.

El tiro por la culata

La noción de liberar mutuamente a aquellas personas retenidas durante un conflicto, ya sea mediante acuerdos humanitarios, intercambio de prisioneros o con la definición jurídica que se le dé, es tan vieja como la guerra misma. Ahora bien, si en Colombia se pudieran superar todos los inconvenientes técnicos, políticos, y jurídicos del denominado “intercambio humanitario”, y este se decidiera llevar a cabo, podrían surgir algunos efectos colaterales que deteriorarían altamente la futura reconciliación del país y en sí, esta medida pasaría a ser contraproducente para la reconciliación y para el trabajo que debe realizar la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR).

Para entender más claro esto, se puede tomar Burundi, país de África de los grandes lagos, donde después de un conflicto entre las etnias hutu y tutsi que dejó un saldo de más de 300.000 personas muertas, se firman los acuerdos de paz de Arusha en 2002 y se llevaron a cabo en 2005 las primeras elecciones democráticas en 30 años.

Mostrando un acto de reconciliación, el nuevo gobierno burundés decidió liberar a comienzos de enero de este año a casi 700 “prisioneros políticos” acusados de haber participado en el golpe de Estado de 1993 o por haber cometido masacres, asesinatos, torturas, crímenes sexuales y robos, entre otros. Varios de estos prisioneros políticos habían sido condenados a muerte y muchos otros a cadena perpetua. La gran mayoría llevaban más de 12 años en las cárceles.

Para las instituciones públicas burundesas, entre ellas los ministerios y los centros de detención esta liberación, o “amnistía” es “un paso más hacia la paz durable, pues es el fin de rencores y el comienzo de una nueva era para Burundi”. Sin embargo, para algunos burundeses la decisión del gobierno no encamina a la reconciliación, puesto que esto significa para ellos tener de regreso en sus pueblos y veredas a los presuntos responsables de masacres y asesinatos de los cuales ellos mismos fueron víctimas, situación que ha generado malestares, temores y deseos de venganza.

El gran error cometido en Burundi no es la liberación de los prisioneros políticos. El error fue la forma como fue aplicada esta decisión. Es decir que el gobierno no preparó ni capacitó previamente ni a los “prisioneros políticos” ni a la sociedad civil para dicha liberación. En pocas palabras, a los ciudadanos no se les habló ni se les preparó para aceptar sin rencores a los liberados, omitiéndose así temas tan trascendentales como la reconciliación, el perdón, y la cohabitación.

De forma paralela, a los prisioneros liberados no se les preparó para el potencial rechazo que podían sufrir en sus comunidades, ni sobre la importancia que tiene la reconciliación, pues ellos pueden llegar a ser las primeras víctimas de venganzas. Y de arreglo de cuentas. Tampoco se les capacitó para adaptarse a la vida civil, ni se les dio ayuda básica para enfrentar el nuevo estilo de vida fuera de sus lugares de reclusión.

Como resultado de esta decisión, una mala coexistencia comienza a propagarse entre las víctimas y los liberados. En algunas comunidades, ya se les acusa a los liberados de ser los autores de los delitos y robos que han ocurrido, creando así un gran rechazo, lo cual trae como consecuencia fisuras para el futuro proceso de reconciliación.

Ahora bien, aunque esta iniciativa en Burundi puede reflejar las buenas intenciones del gobierno en materia de reconciliación, las fallas y errores cometidos por la improvisación y la rapidez de la liberación, han causado efectos contraproducentes a la paz y estabilidad del país, los cuales van en contravía de las intenciones originales del gobierno.

Por esto, si en Colombia ha de llevarse a cabo el intercambio, el cual incluye una liberación de condenados, la población civil, las Fuerzas Armadas, la Policía, las comunidades, las ONG, los grupos armados, las iglesias, los secuestrados, las víctimas , sus familias y hasta la comunidad internacional deben ser previamente preparados, capacitados y motivados para que acepten esta decisión y la entiendan desde una perspectiva de reconciliación, para evitar que se repita el caso burundés, en el cual una iniciativa de reconciliación atentó contra sí misma.

* Jurista Internacional
Fundación Dignidad y Desarrollo
www.digdes.org
hernando.caceres@digdes.org






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