Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

El TLC y la "destrucción creativa"

A partir de los postulados filosóficos de Schumpeter, Andrés Mejía reflexiona sobre las ventajas de aprobar el TLC.

El TLC y la "destrucción creativa"

En el año 1942 se publicó uno de los libros más penetrantes e inteligentes que se hayan escrito sobre la sociedad moderna. Se trata de Capitalismo, Socialismo y Democracia, de Joseph Schumpeter, aquel excéntrico y genial pensador austríaco, tan famoso por sus ideas como por sus ocasionales travesuras de aristócrata. ¿Hay en este libro algún mensaje relevante para nuestro momento histórico, en especial en lo relativo a nuestra negociación del TLC? Definitivamente lo hay, y vale la pena que lo revisemos.

En el citado libro, Schumpeter introdujo un concepto revolucionario y a la vez atrevido, pues cuestionaba la perspectiva dominante del análisis económico. De acuerdo con Schumpeter, el capitalismo es, en su esencia, un proceso de "destrucción creativa". No es un sistema ni una estructura: es un proceso evolutivo, en el cual constantemente lo nuevo está reemplazando las estructuras y los métodos del pasado. Como decía el propio Schumpeter, el capitalismo de mercado libre va "destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando elementos nuevos".(*)

A medida que el cierre de las negociaciones del TLC se hace más cercano, la noción de que algunos productores no podrán triunfar en el nuevo entorno económico se nos hace más evidente. Y, a pesar de que no es posible establecer, con plena certeza, qué productos o qué empresas se verán perjudicados por las nuevas realidades del mercado, sí sabemos con seguridad que ocurrirán cambios drásticos, y que en estos cambios algunas personas verán desaparecer sus negocios.

Ahora bien, hay muchas razones para pensar que, aun considerando esta dura realidad, el camino del TLC es preferible al de una economía cerrada. En primer lugar, incluso en la más cerrada de las economías hay perdedores: no todos los negocios pueden existir y ser exitosos por siempre y para siempre; además, el comercio no es el único factor que conduce al fracaso de proyectos empresariales o productivos. En segundo lugar, sabemos que la competencia y la mayor oferta de productos redundarán en beneficio de los consumidores, que son, dicho sea de paso, el único sector que no tiene voz en estas negociaciones, tal vez por el hecho de que todos, sin excepción, somos miembros de dicho grupo. Y en tercer lugar, la "destrucción creativa" que vendrá con la apertura comercial nos llevará a ser más productivos y a concentrarnos en la innovación.

¿Qué pasa, entonces, con aquellos que en primera instancia se verán perjudicados? ¿Acaso la promesa de una economía más innovadora y productiva hará que seamos indiferentes a su tragedia? Claro que no. Pero, como bien insinúa el segundo vocablo del famoso término de Schumpeter, la destrucción provocada por estos procesos es a su vez creadora: es decir, pese a que algunos productores no podrán continuar haciendo lo mismo, el dinamismo creativo de este nuevo entorno generará oportunidades que pueden ser aprovechadas por ellos.

Ahora bien, en un ambiente institucional como el nuestro, este mecanismo no funcionará por sí sólo. El gran reto de este gobierno y de los siguientes será asegurar que, tras la firma del TLC, el país tenga un entorno empresarial y económico lo suficientemente flexible como para que funcione la "destrucción creativa". La Agenda Interna debe ir mucho más allá de la infraestructura, la educación y los demás temas que para ella se han señalado, los cuales son ciertamente importantes. El punto central de la Agenda Interna debe ser la creación de condiciones que permitan que, tras la entrada en vigencia del tratado, los recursos y el potencial humano que resulten desplazados por las nuevas condiciones puedan, de manera rápida, encontrar empleo productivo en otras actividades.

¿Qué tipo de medidas podrían hacer parte de esta agenda de flexibilidad? En general, cualquier medida destinada a reducir las dificultades administrativas y regulatorias que existen hoy día para el ejercicio de las actividades económicas. Debemos aprender, por ejemplo, de los nuevos tigres de Europa oriental, que han simplificado sus sistemas tributarios, haciéndolos fáciles de comprender, fáciles de aplicar, y por lo tanto gratos de cumplir.

Nuestro sistema tributario, que impone pesadas tasas, conlleva además enormes dificultades en su aplicación práctica. Por otro lado, propuestas como la de ANIF de eliminar los pagos parafiscales no deben ser descartadas. Y debemos avanzar todavía mucho más en la lucha contra la tramitomanía; en este frente hemos hecho avances, es cierto, pero estos han sido enfocados a la eliminación de trámites concretos. Esto es positivo, pero debemos dar un paso más allá, y crear un marco jurídico y cultural por naturaleza opuesto y adverso al trámite. En resumen, si logramos eliminar las barreras y cadenas que aún persisten en el desarrollo de la actividad empresarial, podremos asumir con fuerza y dinamismo el reto de la destrucción creativa.

Algunos dirán que estas propuestas favorecerían sólo a los ricos. Esto es totalmente falso: es el sistema actual el que beneficia a los ricos. Estos tienen a su disposición legiones de expertos que les ayudan a sortear las dificultades, los trámites y los enredos tributarios. Esto para no hablar de los beneficios que pueden obtener a través de sus influencias políticas. Es el pequeño empresario, por el contrario, el que sufre indefenso el peso de toda esta asfixiante estructura.

Para terminar, hay una última idea que la obra de Schumpeter nos puede aportar para comprender lo que vendrá con el TLC. En una economía libre y abierta, el descubrimiento de las ventajas se da por incesantes y múltiples procesos de ensayo y error, cuyo resultado no se puede conocer de manera previa, pues depende de condiciones que cambian de manera muy rápida. Por tanto, buena parte de los pronósticos sobre las tragedias que ocurrirán con el TLC, con respecto a sectores determinados, se erige sobre el error de ignorar este aspecto dinámico e impredecible, este "vendaval perenne", en palabras de Schumpeter. Es el error que, en su tiempo, él veía en los economistas que "aceptan los datos de una situación momentánea como si no estuviese ligada al pasado ni al futuro".

* Director Ejecutivo Instituto Libertad y Progreso. www.ilyp.net

(*) Citas de "Capitalismo, Socialismo y Democracia", de Joseph Schumpeter (Folio, Barcelona, 1996).

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.