Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/12/08 00:00

El totalitarismo, un paso atrás

La derrota de la propuesta de Chávez, por cierto, debió ser mucho más amplia que lo que las cifras muestran

El totalitarismo, un paso atrás

EL domingo pasado se ganó una batalla, una batalla vital, es verdad, pero no la guerra.
La derrota de la propuesta de reforma constitucional que le permitía a Hugo Chávez perpetuarse en el gobierno es, por varias razones, crucial para la democracia en el continente. Para empezar, que Chávez se haya visto obligado a reconocer el triunfo del 'No' desestimula procesos de radicalización de la izquierda en países como Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Es previsible que los procesos constituyentes de Bolivia y Ecuador, por ejemplo, eviten transitar por el mismo sendero de desinstitucionalizaciòn, vulneración de derechos humanos, concentración y personalización del poder que llevó a la debacle chavista. Si en Venezuela, después de un par de lustros en la búsqueda de la consolidación de su revolución y con los bolsillos repletos de petrodólares Chávez no pudo alcanzar su objetivo, menos podrán en otros países con gobiernos más frágiles y muchos menos recursos. En Cuba tendrán aliento los sectores más moderados y aquellos a quienes, con razón, les indignaba el proyecto de la federación cubano venezolana que estaba insinuado en la reforma de Teniente Coronel. Incluso en Colombia, el golpe lo acusarán las Farc y los extremistas que aún habitan en el Polo, puestas como han tenido sus esperanzas en la prolongación al infinito del gobierno de Chávez. Es previsible que los afanes expansionistas del socialismo chavista queden pospuestos o al menos sean morigerados por un tiempo. Don Hugo deberá abocarse a consolidar el frente interno que creía asegurado y tendrá menos espacio político para seguir metiendo la mano en el vecindario.

Pero no es menos cierto que Chávez está lejos de dejar el poder y que le quedan aún seis años de período presidencial. Aunque su derrota es importantísima porque destruye el mito de que era invencible y porque alienta a la unidad y a la organización seria de la oposición venezolana, lo que viene será definitivo. Ya el Teniente Coronel anunció que "por ahora" su propuesta de cambio constitucional queda congelada. Ese "por ahora" no es un reconocimiento de que la mayoría del pueblo venezolano ha rechazado su propuesta, sino una advertencia que corresponde de manera consciente a la misma expresión que usara en la famosa intervención televisiva que ingenuamente se le permitiera cuando se frustró su intentona golpista. "Por ahora" significa que cuando la correlación de poder cambie y Chávez crea que puede asegurar el éxito, volverá a intentarlo.

Es ahí, en la correlación de fuerzas y no en el respeto de la democracia, donde estará la liza de las batallas futuras. Chávez no aceptó la derrota porque crea en el sistema electoral y en el juego democrático de las mayorías cambiantes. Lo hizo porque las Fuerzas Armadas lo obligaron. Sólo cuando el alto mando militar le advirtió del riesgo de una guerra civil si desconocía el triunfo del 'No' y le comunicó que no podía garantizar la subordinación de las tropas si las enviaban a reprimir a la muchedumbre, Chávez aceptó la victoria del 'No'.

El hecho es que las Fuerzas Armadas están fracturadas y hay un sector de peso que rechaza la intención chavista de crear una milicia popular armada, dependiente del Presidente de la República. Sin esa propuesta, quizás hoy habría aquí quien estuviera aplaudiendo el "glorioso triunfo" del socialismo del siglo XXI.

La derrota de la propuesta de Chávez, por cierto, debió ser mucho más amplia que lo que las cifras muestran. No de otra manera se explica que apenas cerradas las urnas, el vicepresidente Jorge Rodríguez se trasladara a la sede del CNE, controlado por el chavismo, para postergar, como ocurrió, la expedición de los comunicados con los resultados iniciales, que Chávez fuera a reunirse con los militares pasadas las 7 de la noche, y que sólo en la madrugada reconociera la derrota. Si en verdad la diferencia hubiera sido mínima, se la habría pasado por la faja.

Puntilla: que el presidente Uribe haya vuelto a plantear la posibilidad de una zona de encuentro es esperanzador. Tras la derrota de Chávez y la imposibilidad de que vuelva a fungir como facilitador del intercambio, se abre una luz para que, ahora sí, las Farc acepten la propuesta, aunque en lo sustantivo sea la misma que rechazaran después de que fuera sugerida por los países amigos. Cerrada la opción de Caracas, sería una insensatez que desecharan la nueva oportunidad que se les abre.

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