Sábado, 25 de octubre de 2014

| 2012/10/04 00:00

El triunfo de Chávez es (casi) seguro

El abuso del poder presidencial con fines electorales es virtualmente imposible de superar.

Si Henrique Capriles gana las elecciones presidenciales del próximo domingo en Venezuela rompería un patrón electoral de 20 años en una muestra que abarca 18 países. La muestra la conforman los estados que tradicionalmente se consideran en ciencia política para el análisis del conjunto denominado “Latinoamérica”, que se caracterizan por tener todos un modelo de régimen “presidencialista”: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.
 
El patrón electoral por su parte consiste en que dentro del conjunto de 18 países analizado, en los siete países que autorizan la reelección presidencial inmediata (en adelante “RPI”), a saber: Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela; durante el período comprendido entre 1993 y 2013, si excluimos las elecciones del próximo domingo cuyo resultado aún es incierto, todos los presidentes que aspiraron a la reelección consecutiva la obtuvieron cómodamente: Cardoso, Chávez, Correa, Fernández, Fujimori, Kirchner, Lula, Menem, Morales, Ortega y Uribe. El orden es alfabético, no cronológico, e incluye solo los lapsos durante los cuales estuvo constitucionalmente autorizada la RPI: en Perú, por ejemplo, luego de que Fujimori hizo cambiar la Constitución en 1993 para reelegirse consecutivamente en 1995, esta fue reformada en 2000 para prohibir la RPI y solo por esta razón ni Alejandro Toledo ni Alán García pudieron repetir período inmediatamente.
 
Una teoría es un conjunto de ideas idóneas para explicar un fenómeno. Cualquier teoría es buena cuando sus afirmaciones pueden verificarse y, con base en ellas, formularse predicciones respecto de situaciones futuras similares a las que explica. La teoría que propongo aquí es simple: tiene en cuenta apenas una variable “independiente” (el hecho de que la Constitución de un país de Latinoamérica autorice la RPI) para explicar la variable “dependiente” (el resultado de las presidenciales cuando compite el titular del cargo). En este contexto, formular una predicción para los comicios del domingo es relativamente fácil: con un 100% de efectividad del presidente-candidato durante las dos últimas décadas en los siete países en que puede aspirar a la reelección inmediata, es muy poco probable que Capriles gane.
 
Sin embargo, estas anomalías electorales a veces pasan. En Estados Unidos, por ejemplo, solo tres de los presidentes que intentaron reelegirse consecutivamente durante el siglo XX fracasaron en el intento: Herbert Hoover perdió en 1932 contra Franklin Roosevelt, Jimmy Carter frente a Ronald Reagan en 1980 y George Bush en favor de Bill Clinton en 1992. Aun allí sigue siendo excepcional que el presidente aspirante a la reelección inmediata no la consiga. Esto porque los incentivos del sistema político hacen que solo bajo ciertas circunstancias -en esencia el bajo desempeño económico- la competencia electoral pueda representar una amenaza real para las aspiraciones del presidente-candidato.
 
En el escenario latinoamericano, la explicación del triunfo sistemático del jefe de Estado que busca la reelección inmediata es obvia: los poderes exorbitantes del presidente utilizados con fines electorales son virtualmente imposibles de superar. La cantidad de recursos económicos (nada menos que el Presupuesto General de la Nación), burocráticos (la mayor nómina del país), políticos (el máximo potencial del clientelismo), asistencialistas (programas de “ayuda” a los más pobres que tecnifican la compra del voto) y mediáticos (el jefe de Estado es noticia aun cuando no lo quisiera) de que dispone el presidente son invencibles para cualquier otro candidato. Por esta razón, cuando se autoriza la RPI las elecciones se convierten en una parodia electorera que disimula la extensión de facto del mandato presidencial.
 
No obstante lo anterior, hay mucho optimismo en Venezuela entre las filas opositoras. A pesar de los miedos a un fraude electoral o una reacción violenta del chavismo en caso de perder los comicios, se dice que por primera vez existe una posibilidad real de que la oposición conquiste la presidencia. Todas las encuestas registran un remonte de Capriles e incluso una realizada por Top Data entre el 21 y el 26 de septiembre le dio una ventaja de 7 puntos. Existe además una variable atípica que podría afectar sustancialmente el resultado: Venezuela es el único país del subcontinente que autoriza la reelección presidencial, además de inmediata, ilimitada en número de veces. Es lo que le permitirá a Chávez completar 14 años de gobierno al final de su tercer período en enero de 2013, un récord imbatible para cualquier presidente en la historia reciente del resto de Latinoamérica.
 
Según la teoría de Ray Fair sobre las presidenciales estadounidenses, el tiempo que ha permanecido en el poder el mandatario en ejercicio es un factor negativo para su reelección: cuanto más ha gobernado un jefe de Estado tanto más difícil -o mejor, menos fácil- será su reelección en virtud del deterioro de su imagen. El desgaste en términos de popularidad de Chávez a lo largo de ya casi tres lustros de gobierno es un hecho incontestable, agravado por pésimos indicadores de gestión en cuantos campos es posible medir. Sin embargo, es enorme la capacidad de manipulación de una chequera presidencial petrolera inflada junto con unos medios estatalizados o bajo censura.
 
La influencia de estos dos parámetros definirá los resultados del domingo cuando veremos si la teoría aquí propuesta, tristemente para Venezuela, acertó.
 
*En Twitter: @florezjose

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