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Opinión

  • | 2011/09/21 00:00

    El Uribismo, dividido por la Alcaldía de Medellín

    Mientras que el expresidente Álvaro Uribe Vélez apoya públicamente a Federico Gutiérrez, sus hombres más cercanos se la juegan por Luis Pérez. ¿Estrategia política, independencia, rebelión o desgaste?

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Mientras el expresidente Álvaro Uribe Vélez sale muy sonriente en las vallas de Federico Gutiérrez, candidato a la Alcaldía de Medellín por el partido de la U, algunos de quienes lo apoyaron incondicionalmente en su gobierno le acaban de anunciar oficialmente su respaldo al aspirante Luis Pérez.

El grupo que llegó a las toldas de Pérez está liderado por José Obdulio Gaviria, el exasesor presidencial, y Jaime Jaramillo Panesso, quien estuvo por varios años en la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Según lo han dicho, tomaron esa decisión argumentando, entre otras cosas, que con Pérez tienen más coincidencias en relación con el pensamiento y la manera de actuar del Uribismo que el expresado por Federico Gutiérrez.

¿Esa decisión es una estrategia política del Uribismo para jugar a dos bandas? ¿Es un acto de independencia de sus más allegados como signo de tolerancia política? ¿Es una rebelión del llamado “sector intelectual” más cercano al expresidente Uribe? ¿O es una evidencia del desgaste en el que ha caído la relación entre Uribe Vélez, su exasesor y sus amigos?

Algunos podrán responder que, efectivamente, es una estrategia política que se expresa en ese dicho “con cara gano yo y con sello pierde usted”; otros dirán que es un signo de independencia y de tolerancia, propio, según éstos, del Uribismo; algunos asegurarán que se trata de un acto de rebelión; y otros concluirán que hay un desgaste en la relación entre un exmandatario que trata a todo momento de defender su administración y aquellos que están siendo cuestionados por sus actitudes cuando estuvieron en la Casa de Nariño.

Cada quien, desde su perspectiva política, podrá ofrecer una respuesta a esas preguntas. En lo que a mí concierne, creo que me la juego por las dos últimas respuestas: una mezcla de rebelión y desgaste.

A mi juicio se han rebelado y esa actitud se refleja en lo que se ha dicho al respecto: con Luis Pérez tienen más afinidades que con Federico Gutiérrez. Y el desgaste proviene de la relación del expresidente Uribe con aquellos que vienen siendo cuestionados por sus comportamientos cuando fueron contratistas del Estado, y en ello reproduzco lo conversado con algunas personas cercanas al exmandatario: “No le hace mucha fuerza a esta gente, en cierta forma, porque siente un desgaste en lo personal por muchas cosas que hicieron alrededor de él”.

Pero más allá de las explicaciones de por qué anda este sector político en las tiendas de campaña de Luis Pérez, considero oportuno hacer algunas preguntas en relación con las implicaciones que tendría el triunfo de este candidato teniendo entre bastidores a este grupo de personas, que se reclaman intelectuales, y que a mi juicio no ponen un número significativo de votos, pero sí podrían determinar la línea ideológica de su hipotética administración.

Los apoyos políticos se dan si detrás de ellos hay acuerdos burocráticos, aunque algunos despojen esos términos y los disfracen con términos como “acuerdos programáticos” o “coincidencias de ideas”. En la práctica, esa ecuación es fácil: apoyo es igual a puestos. Por ello es interesante preguntarles a estos uribistas qué han acordado recibir a cambio del respaldo si Luis Pérez gana las elecciones.

¿Este grupo, liderado por José Obdulio Gaviria, tendrá intereses en Telemedellin para expandir su propuesta ideológica de ultraderecha? ¿Estarán interesados en colocar al Gerente de Empresas Públicas de Medellín y manejar a sus anchas su presupuesto? ¿Habrá algún interés en tener la dirección del proyecto en ejecución del llamado Museo Casa de la Memoria para reinterpretar desde allí hechos del pasado que comprometieron en su momento la institucionalidad de la ciudad, pública y privada, permitiendo el reposicionamiento del paramilitarismo en la ciudad? ¿Tendrán interés en manejar el Programa de Atención a Víctimas de la Violencia para introducir conceptos como el de la reconciliación, dejando de lado la verdad y la justicia? ¿Buscarán cargos desde donde direccionen las políticas de seguridad ciudadana?

Espero que el ciudadano considere las consecuencias de respaldar con su voto a un candidato que está apoyado por alguien que, como Gaviria, negó el desplazamiento forzado derivado del conflicto armado y afirmó que son “migrantes”, en un intento de despojar de su condición jurídica y política a todos aquellos que por razones de la guerra se vieron obligados a abandonar sus tierras y refugiarse en las ciudades, entre ellas Medellín.

Si ese tipo de reconceptualizaciones se imponen con el triunfo de Pérez, habría que preguntarse entonces qué tipo de consideración tendrían dentro de su gobierno aquellas familias que han tenido que abandonar de forma forzada sus barrios e irse a vivir a otros por culpa de estructuras criminales. ¿Será capaz de mantener el concepto de desplazamiento forzado intraurbano, que tanto ha costado posicionar, con el fin no solo de continuar ofreciendo la atención de emergencia de los afectados, sino de construir sólidas políticas públicas para enfrentar la crisis humanitaria que genera ese fenómeno en la ciudad?

Rebelión, desgaste y afinidades políticas, tres conceptos que, a mi juicio, giran alrededor de la división del Uribismo por la Alcaldía de Medellín y que retan al electorado cercano a ese discurso político a decidirse en las urnas por aquel que sale sonriente en la valla con Álvaro Uribe Vélez, quien busca renovar su proyecto político con gente joven, o por aquel que ha recibido el apoyo del exasesor presidencial y sus amigos, viejos zorros de la política que, como dicen las abuelas, no dan puntada sin dedal. Vaya dilema.

* Periodista y docente universitario
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