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Opinión

  • | 2012/02/18 00:00

    El utilero

    Restrepo no quería reparar en el resplandeciente estado de uniformes y utensilios de los guerrilleros que, según la versión oficial, venían de atravesar las agrestes montañas tolimenses. como si fuera lógico estrenar para entregarse.

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No creo que Luis Carlos Restrepo sea responsable del delito de porte y fabricación de armas. Ese endeble cargo en la acusación de la fiscalía contra el ex comisionado de paz, le resta credibilidad al caso. Lo que si es cierto es que desde el día de la desmovilización de la llamada ‘Compañía Cacica La Gaitana’ fueron claros los indicios del montaje.
 
En la misma ceremonia de entrega de la comparsa, empezaron a surgir contradicciones entre los actores.
 
Mientras ‘Olivo Saldaña’ -el guerrillero de utilería- sostenía que la ‘Compañía Cacica La Gaitana’ había sido fundada seis o siete años antes; alias ‘Biófilo’, un joven de cola de caballo y uñas cuidadas que  hacía el papel de comandante de la risible escuadra, reveló cándidamente que su grupo estaba recién conformado y tenía apenas tres meses operando (ver video Biófilo vs Olivo).
 
Un atento reportero olió inmediatamente la historia y allí frente a las cámaras le trasladó al Alto Comisionado (le gustaba que le dijeran Alto y no solamente comisionado), la afirmación del elegante comandante: “Biófilo dijo que hace dos o tres meses se armó la compañía”. Restrepo con gesto arrogante descalificó al periodista como si hubiera dicho la mayor tontería y respondió “hombre, destaquemos lo positivo”.
 
El Comisionado no quería que nadie pusiera en duda aquella primera entrega de guerrilleros de las FARC, tan conveniente para adornar el cuestionado proceso con los paramilitares que él operaba.
 
Por eso tampoco consideró fallida la desmovilización cuando se arruinó el plato fuerte del día. De acuerdo con la versión de la alta oficina, los guerrilleros arrepentidos iban a entregar un avión que las FARC habían comprado durante la época del despeje.
 
El anuncio resultaba muy llamativo pero tristemente para los propagandistas de la falsa desmovilización, el Aerocomander de las FARC derivó en otro enorme fiasco.
 
Los registros de la aeronave –matriculada en Estados Unidos- mostraban que había llegado a Colombia en el año 2003, mucho después del final de la llamada zona de distensión. Había sido abandonado en Sucre, en una zona controlada por el paramilitar ‘Cadena’, y la Armada lo había incautado en hangares porque nadie lo reclamaba.
 
El avión que supuestamente estaban entregando los guerrilleros de ‘Olivo Saldaña’, llevaba ya casi tres años en poder del Estado y estaba asignado al SENA que no lo estaba usando porque le faltaban piezas para que volara.
 
Aún así, el altísimo comisionado defendía a capa y espada la desmovilización y no quería que nadie llamara la atención sobre sus llamativas inconsistencias.
 
Tampoco quería reparar en el resplandeciente estado de uniformes y utensilios de los guerrilleros que, de acuerdo con la versión oficial, venían de atravesar las agrestes montañas tolimenses. Como si fuera lógico que estrenaran uniforme y equipo para entregarse (ver video uniformes nuevos).
 
Las imágenes muestran que todo era nuevo ese día y también que algunas de las armas tenían un aspecto poco creíble. Años después los investigadores del CTI establecieron que una parte de esas armas eran realmente remedos de fusil tallados en madera (ver documento imitaciones de fusil).
 
Los engaños quedaron documentados en las grabaciones de video. La más completa de esas grabaciones la efectuó la propia oficina del Alto Comisionado Restrepo. Curiosamente cuando Frank Pearl se hizo cargo de ese despacho encontró que los videos originales de las desmovilizaciones habían desaparecido y sólo quedaban copias editadas.
 
De acuerdo con una versión -citada por Pearl en un cruce de correos electrónicos con Luis Carlos Restrepo- un contratista aseguraba que los originales se los había llevado el antiguo alto comisionado y una funcionaria decía, en cambio, que todo estaba en orden.
 
Como sea esas imágenes que servirían para establecer, por ejemplo, si las mismas armas fueron entregadas en varias desmovilizaciones; no han aparecido.
 
Reitero que no creo que Restrepo sea culpable de tráfico y fabricación de armas, pero tampoco pienso que un sainete de estas proporciones pudiera armarse sin su conocimiento.
 


 

 
 
 
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