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Opinión

  • | 2011/05/31 00:00

    El valor de octavos de final

    Llegar a la segunda semana de un Grand Slam es el objetivo de muchos jugadores de tenis. Eso significa buenos resultados, y Falla lo logró.

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Llegar a la segunda semana de un Grand Slam es el objetivo de muchos jugadores de tenis. Eso significa buenos resultados, significa emprender una racha positiva que te lleva a ser parte de los mejores y jugar contra los mejores. Y Falla lo logró, a pesar de que fue eliminado por el argentino Juan Ignacio Chela de los octavos de final el Roland Garros en París, Francia, uno de los cuatro torneos más prestigiosos del planeta, el único Grand Slam sobre polvo de ladrillo. Un torneo que apodera recuerdos bellísimos, por ejemplo, para el tenis nacional juvenil: allí, en el 2011, Falla fue semifinalista del torneo de individuales junior y, junto a Carlos Salamanca, campeón del torneo de dobles junior; allí Mariana Duque fue subcampeona del torneo junior de individuales del 2007.

Entre la balanza y el balance, seguramente lo positivo para Falla tendrá muchísimo peso. Aunque se le escapó por un pelo: perdió 6-4, 2-6, 6-1, 6-7 (5), 2-6. Sin embargo, su actuación lo convierte en el primer colombiano en alcanzar la cuarta ronda de un torneo masculino de Roland Garros y el segundo en alcanzar la cuarta ronda en un torneo de Grand Slam, después de que Jairo Velasco lo logró en 1976 en el US Open. En hombres, quien más lejos había llegado (tercera ronda) en este tipo de competencias era Mauricio Hadad, en el US Open en 1995 y en el Australian Open en 1996. En mujeres, Fabiola Zuluaga ha sido la única en llegar a la cuarta ronda de Roland Garros, allá en el 2004, y, además, es la que más lejos ha llegado en un Grand Slam. Semifinal en el Australian Open en el 2004.

Falla venía de jugar seis partidos, tres más que Chela, ubicado en la casilla 34 del ranking ATP, quien entró directamente al cuadro principal. Falla despachó en la fase clasificatoria (qualy) al francés 237 del mundo, Jhonathan Eysseric; al alemán 208 del mundo, Sebastián Rieschick, y al italiano 151 del mundo, Alessio Di Mauro. Y en el cuadro le ganó al italiano Potito Starace, 46 del mundo; al alemán Florian Mayer, 19 del mundo, y al polaco Lukasz Kubot, 122 del mundo. Gracias a como le fue abriendo el cuadro, la suerte también fue su aliado.

“Fue un partido de puntos largos, muy exigente, y me equivoqué al final en un par de jugadas. Lástima porque estuve muy cerca de haberlo ganado, muy cerca”, declaró Falla tras el partido. El argentino jugó muy bien, fue más sólido, además es un tipo experimentado y campeón de seis títulos como profesional. Y sí, el caleño sucumbió en el quinto y definitivo set después de haber tenido en el cuarto parcial una oportunidad de oro que desaprovechó. Falla quebró el servicio de su rival en nueve de las 20 oportunidades que tuvo, mientras el argentino lo hizo en 10 de las 20 que generó. Además, dicen los que saben de tenis que cerrar los partidos es lo más difícil a lo que un jugador se enfrenta, lo que le demanda mayor exigencia en el alto rendimiento, cuando las presiones y las tensiones sobrepasan sus límites normales, que influyen en el proceso vital de pensar -decidir- ejecutar. Acaso esa sea otra explicación para descifrar lo que le pasó a Falla, que igual demostró que tiene tenis para pelear sus últimos años de carrera, siempre y cuando se lo proponga. Tiene 27 años. Es un tipo sacrificado, trabajador, técnicamente dotado, dueño de un gran revés a dos manos y una devolución con ese mismo golpe fantástica, rendidora; además, aprovecha la velocidad ajena para imprimirle potencia a la propia y ostenta un swing de derecha corto y efectivo. Y aun así, no le alcanzó. Porque para ganar a ese nivel hace falta algo más que buenos golpes.

“El cuarto set fue decisivo, y ya al fina él (Chela) fue más fuerte mentalmente que yo”, dijo el caleño, quien tuvo como ídolos a Pete Sampras y Boris Becker. Algunos, con la derrota de Alejandro Falla, piensan que se confirma la tradición deportiva nacional, la que narra, a veces sin misericordia, que nuestros deportistas en el momento de la verdad, puro titlín titlín y nada de paletas. Sin embargo, para Christián Muñoz, médico siquiatra especialista en deporte y parte del cuerpo médico de Colsánitas, Falla jugó en un alto nivel y físicamente estuvo excelente. “Tiene a un gran preparado como Javier Bennet, así que el problema no estuvo allí. Estuvo en los puntos clave, quizá por desconcentración, porque emocionalmente a veces el jugador se queda conectado a un error pasado, juegan tantas cosas... controlar los miedos y las presiones no es fácil”, dice Muñoz.

Su actuación es tremendamente meritoria, venía de un bajón tenístico y anímico, y mire. “Alejo no venía haciendo una buena temporada, y arrancó Roland Garros jugando la qualy, y fue avanzando, empezó a sentirse bien físicamente, fuerte de cabeza, va fortaleciendo habilidades mentales como confianza, seguridad, autoestima, va garantizando mayor eficacia cognitiva a la hora de resolver situaciones adversas”, dice Muñoz. Falla, quien en abril del 2010 llegó a ser 58 del mundo, entró en una crisis de confianza, amén de los malos resultados que arrancaron en el US Open del 2010, en agosto. Pasó una serie de Copa Davis, los torneos de Kuala Lumpur, Tokio, Shangai, Viena y Valencia, casi tres meses, y no ganó un partido. Hasta que en el 2011, en la siguiente temporada, le ganó al portugués Rui Machado en Chennai.

Aunque ganar siempre habría sido mejor, tremendo el coraje del caleño, las ganas; pese a que careció en algunos momentos de movilidad, aferrado a su raqueta y a su confianza batalló casi cuatro horas pegándole a la pelota sin miedo, animándose a buscar los puntos y a ganarlos. Sabiéndose mejor. Sus mejores resultados en Grand Slam habían sido segunda ronda tercera ronda de Australia en el 2010 y segunda en Roland Garros, Wimbledos y US Open. En este caso, no es que siempre los colombianos pierdan en las instancias finales, sino al revés: ésta vez el valor es haber llegado.
 
Y por si fuera poco, el tenista vallecaucano Juan Sebastián Cabal es el nuevo semifinalista del torneo de dobles en Roland Garros, el primer colombiano en llegar a esa instancia en la historia. Junto a su compañero, el argentino Eduardo Schwank, superó con parciales 4-6, 6-4 y 6-2 a los italianos Daniele Bracciali y Potito Starace y pelearán por llegar a la final. El último antecedente había sido protagonizado por Iván Molina y Jairo Velasco, quienes en 1971 llegaron a tercera ronda de Roland Garros. Ahora tendrán que enfrentar a los estadounidenses Bob Bryan y Mike Bryan, la pareja número 1 del planeta.


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