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Opinión

  • | 2007/12/01 00:00

    El valor de la prudencia

    Rodrigo Uprimny, director de DeJusticia, argumenta que frente a la crisis con Venezuela tiene más valor la prudencia que el machismo verbal.

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Alguna vez, Bertrand Russell dijo que apelar a la razón “era de una importancia suprema no sólo en las épocas en que ésta fácilmente prevalecía, sino también, y sobre todo, en aquellos tiempos en que ésta era despreciada y rechazada como el sueño vano de aquellos hombres que carecían de la virilidad suficiente para matar cuando no lograban ponerse de acuerdo”.

Esa reflexión de Russell es pertinente para valorar la creciente polarización verbal y de actitudes entre los presidentes Chávez y Uribe. Al escribir estas notas, la escalada de ataques mutuos es cada vez más intensa, como si cada uno de los mandatarios quisiera mostrar a sus audiencias nacionales que es más fuerte y corajudo que el otro.

Acto 1: La llamada de Chávez al comandante del Ejército colombiano, sin prevenir previamente a Uribe, fue obviamente impropia, sobre todo si Uribe le había solicitado no hablar directamente con los altos mandos colombianos.

Acto 2: Pero Uribe, en vez de intentar una discreta solución diplomática al incidente, decide dar por terminada la labor facilitadora de Chávez, y emite un comunicado que desconoció a su vez elementales reglas de cortesía diplomática y puso en riesgo el acuerdo humanitario y la vida y la libertad de muchos colombianos.

Acto 3: Después de una calma inicial, Chávez incrementa la polarización y se enciende contra Uribe, a quien acusa de haberle escupido en la cara y de ser un mentiroso y un indigno.

Acto 4: Uribe entonces no se queda corto y acusa a Chávez de legitimar el terrorismo y de tener un proyecto expansionista en la región.

Acto 5. Chávez anuncia entonces que no tendrá relaciones con el gobierno de Colombia mientras Uribe sea presidente.

Es muy posible que en el tiempo que va entre la redacción de esta nota y su publicación, haya habido más actos en esta tragicomedia y la escalada verbal y de decisiones entre los dos mandatarios se haya tornado aun más intensa. Ojalá me equivoque y no haya sido así y mi columna sea, como la clásica canción de Héctor Lavoe, un periódico de ayer, que nadie procura ya leer, por ser materia olvidada.

Pero independiente de lo que pase, lo que es claro es que hasta ahora ambos mandatarios han demostrado en este incidente una gran facilidad para agredir verbalmente al otro. Y en ambos países muchas personas se congraciarán y dirán: es que realmente mi Presidente es muy macho; que suerte que tenemos un mandatario tan valiente.

Pero ¿realmente es un signo de valor que unos presidentes se dejen llevar por la intemperancia verbal en una situación como ésta?

Realmente no lo creo: ambos presidentes han sucumbido a un fenómeno muy conocido en la teoría de los conflictos, que es la dinámica de la escalada.

La idea es simple: muchos conflictos pueden partir de problemas menores, pero si existe un mal manejo de los mismos, pueden desencadenar comportamientos particularmente destructores. ¿No recuerdan ustedes la guerra entre El Salvador y Honduras en 1969 debido a disputas por los resultados de un partido de fútbol?

El escalamiento de un conflicto es usual porque los rivales tratan de demostrar que tienen la razón y asumen determinadas posiciones. Y luego sienten que no pueden “echarse para atrás”, porque su actitud sería entendida como una derrota y un signo de debilidad. Deciden endurecer sus actitudes.

De esa manera, el conflicto se autonomiza de su origen y comienza a alimentarse de sí mismo. Los motivos para continuar el enfrentamiento no son ya los que desencadenaron inicialmente la controversia. Estos pueden pasar a un segundo plano, o incluso ser olvidados. Ahora la historia misma de la confrontación y el recuerdo de las agresiones mutuas son los factores que conducen a los actores a perpetuar e intensificar el enfrentamiento.

Estas escaladas son entonces graves. Pero no son una fatalidad. Precisamente las estrategias más fecundas de manejo de los conflictos buscan prevenir esos escalamientos destructivos. Y en casi todas ellas, una conclusión es común: en situaciones de tensión entre grupos sociales o naciones, los líderes de las colectividades enfrentadas tienen un deber de prudencia a fin de evitar el escalamiento destructivo de los conflictos. Todo lo contrario de lo que han hecho hasta ahora Chávez y Uribe, que se han dejado llevar por su intemperancia verbal, lo cual ya es grave. O, lo que sería peor aun, que esos desafueros no fueran excesos emotivos sino un intento de ambos presidentes de incrementar su popularidad interna, atizando los sentimientos nacionalistas.

En situaciones como los que viven Colombia y Venezuela, la prudencia, en especial la prudencia de sus líderes, tiene entonces un enorme valor. Y por ello lo que requiere realmente valor es ser prudente y no responder a las eventuales agresiones del otro con una insolencia mayor.

No podemos olvidar lo que está en juego: la vida y libertad de decenas de secuestrados, un comercio internacional de varios miles de millones dólares y el riesgo de una confrontación armada entre naciones hermanas.

*Director de DeJusticia. El Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad –DeJusticia– (www.dejusticia.org) fue creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el fin de contribuir a debates sobre el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos.
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