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Opinión

  • | 2012/01/26 00:00

    El verdadero día sin carro

    La intención original del día sin carro se ha perdido y es visto como un castigo para quienes utilizan el carro particular. Con la pronta reacción de la ciudadanía, se logrará recuperar el aporte pedagógico de esta jornada.

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La situación actual de movilidad que afronta Bogotá no tiene reversa y se agravará día a día porque el incremento de vehículos particulares siempre estará por encima del aumento de kilómetros y carriles de vías, es decir, la demanda jamás estará satisfecha.
 
Cualquier político que prometa lo contrario estará engañando al pueblo. Parte de la solución al problema está en el comportamiento de los ciudadanos y eso es en parte lo que propone el día sin carro.

El día sin carro fue concebido hace años cuando Bogotá no tenía los problemas de transporte que tiene hoy, pero que sabía que los iba a tener. La jornada se implementó como un mecanismo para repensar el modelo de ciudad, porque busca hacer caer en cuenta a los ciudadanos que si no cambiamos los hábitos de la movilidad, la ciudad colapsa. Sin embargo, los últimos años esta intención se ha perdido, y por eso la tarea es retomar el sentido original de la jornada.

Cuando Bogotá arrancó con el día sin carro, la ciudad pasaba por una transformación interesante. Era cuando se construían ciclorrutas, se diseñaban andenes agradables para caminar, se instalaban puentes peatonales que evitaban accidentes y comenzaban a levantarse troncales de Transmilenio que integraban la ciudad.

Al mismo tiempo se creaba el pico y placa, se pintaban cebras y se hacía campaña para darle seguridad a actores vulnerables como el peatón, el ciclista, la persona que usa la silla de ruedas o la madre que lleva a su hijo al parque en un carro.

Las medidas estaban dirigidas a la utilización de modos de transporte diferentes al carro: el transporte público, la bicicleta o los recorridos peatonales y atacar la mala maña de depender del carro para todo. Era la única manera para proyectarnos como una ciudad viable.

Uno de los actores protagónicos en las primeras jornadas fue la bicicleta. A los bogotanos se les proponía conocer sus bondades a través de la experiencia de un día, como la contribución en la descongestión (en muchos casos, un carro menos), la reducción de polución, la casi nula contaminación auditiva y los beneficios en la salud de quienes se transportan utilizando este noble medio de transporte.

También se buscaba sensibilizar a los conductores de los carros poniéndolos a montar en bicicleta para ponerse en los zapatos de un ciclista y comprender por qué el ciclista es un actor vulnerable al que se le debe educar, promover, pero sobre todo, otorgar una protección especial.
 
Desde entonces Bogotá ha construido más de 345 kilómetros de carriles que debían ser exclusivos para ciclistas, se promulgaron normas que obligaban al Distrito a promover este medio de transporte y se reglamentó que debía haber ciclo parqueaderos. Todo iba por buen camino.

Pero la bicicleta se politizó y varios gobiernos dejaron de hacer políticas públicas a favor de este medio de transporte, lo cual se tradujo en no construir más ciclorrutas, a las existentes, no realizarles mantenimiento, no se volvió a hacer promoción y las normas en relación a los parqueaderos no se volvieron a cumplir. En ese sentido, la inseguridad no da tregua y muchos conductores actúan con hostilidad hacia el ciclista, y cuando se hace la jornada del día sin carro, la bicicleta pasa desapercibida para las autoridades de tránsito.

Sin embargo, la comunidad de ciclistas ha crecido, así como los colectivos, empresas y proyectos que promocionan su uso. Su rol en la ciudad ha sido fundamental y han mantenido vigente y visible (bicible sonaría mejor) este medio de transporte.

Con mucha creatividad y con muy buenas ideas han logrado que a diario muchos ciudadanos voluntariamente dejen a un lado el carro y usen la bici, el transporte público o caminen para hacer sus viajes.

La invitación es que le volvamos a dar el sentido pedagógico a la jornada. Por eso, invitamos que el jueves 2 de febrero saquemos la bicicleta, volvamos a descubrir sus bondades, demos ejemplo de movilidad, cultura ciudadana y practicidad a otros ciudadanos.

Desempolve la bicicleta, arme un combo de amigos, planee la mejor ruta y disfrute un día sin carro en bicicleta. Seguramente le quedará gustando viajar en ella por la ciudad.

Y por supuesto, que sea el momento para instigar al Distrito para que invierta en la promoción del uso de la bicicleta, (y de los viajes a pié), pinte de nueve cebras, mejore las intersecciones y comprenda que construir ciclorrutas y andenes no es un tema de embellecimiento de la ciudad sino de seguridad vial, planeación y estímulo a soluciones inteligentes a los problemas de movilidad.

*Fundador de los Ciclopaseos de los Miércoles, miembro de la Mesa de la Bicicleta e integrante de Mejor en Bici.
Twitter @andresvergarab
Correo electrónica: bogota@mejorenbici.com, ciclopaseodelosmiercoles@gmail.com
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