Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2009/05/30 00:00

El watergate criollo

El afán de borrar lo que había en esos discos probablemente era borrar los nombres de quienes ordenaron las interceptaciones.

El watergate criollo

Las mentiras oficiales ya están empezando a salir a flote en el escándalo de las interceptaciones ilegales del DAS, nuestro Watergate criollo. Esta semana, la Fiscalía, en una primera investigación, echó por tierra la versión oficial inicialmente comprada por varios medios y columnistas según la cual no era cierto que el DAS estuviera inmerso en tan antidemocráticas prácticas y concluyó todo lo contrario al decir que sí hubo interceptaciones ilegales desde el DAS y seguimientos a opositores, periodistas, y magistrados de la Corte Suprema.

Desde luego, esa no es la única mentira que nos han tratado de vender como verdad en este escándalo. Ya se empieza a destapar otra, por aquello de que una mentira se cubre con otra: la operación de encubrimiento. De las averiguaciones hechas por la Fiscalía se concluye que hubo una operación de destrucción de documentos que incluyó borrada de discos duros de los computadores, desde el 19 al 23 de enero desde la oficina de Lagos, el jefe de Contrainteligencia del DAS. Aunque Lagos insiste en que se trató de un traslado de documentos personales en los que participó su familia, las pesquisas de la Fiscalía demuestran que quienes ayudaron a sacar esos documentos y CPU eran agentes del DAS, y no su suegra. Él mismo acepta que sacó todos estos documentos sin autorización y sin que nadie se lo impidiera, a pesar de que existía un protocolo para estos casos. (El protocolo estaba a cargo de su oficina, sobra decir). Lo cierto es que luego de este 'trasteo familiar', entró el CTI al DAS y encontró, como bien lo dice en uno de sus informes, alteraciones en varios discos, muchos de los cuales encontraron borrados.

¿Cuál era el afán de destruir evidencias y de borrar lo que había en esos discos? Probablemente el de impedir que el país sepa los nombres de quiénes fueron los que ordenaron las interceptaciones y los hostigamientos a opositores, periodistas y magistrados. Al respecto, las versiones de Lagos y Tabares, el jefe de Inteligencia, se contradicen. En la primera versión, este último acepta que tuvo al menos cuatro reuniones en Palacio. Una en 2007 y las otras en 2008. Dice que se reunió con José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno para hablar sobre 'Job', 'Tasmania' y las filtraciones sobre Petro. Sin embargo, en su segunda versión ante la Fiscalía, Tabares no las recuerda. De todas maneras y aunque la Fiscalía no vinculó a ningún funcionario de la Casa de Nariño, nadie a estas alturas puede creer que las interceptaciones ilegales, las carpetas pedidas a la Uiaf ni los hostigamientos a los magistrados fueron hechas por agentes del DAS de quinto nivel por motu proprio.

Otra mentira que también se cae con lo encontrado por la Fiscalía es la de que el gobierno emprendió la investigación a un magistrado de la Corte Suprema, motivado por la preocupación de que el narcotráfico estuviera infiltrando esa corporación a través de Ascencio Reyes. La prueba de que lo anterior no es cierto es que la Fiscalía encontró carpetas con información de 25 magistrados de esa corporación, la mayoría de los cuales nunca tuvo que ver con Ascencio Reyes, por no hablar de los magistrados de la Corte Constitucional que también aparecen monitoreados y seguidos, sobre todo en la época en que estaban revisando la primera reelección.

Es evidente que el gobierno, cuando llama a palacio a María del Pilar Hurtado para que inicie la investigación a Ascencio Reyes, no busca descubrir los tentáculos del narcotráfico en el Estado, sino tratar de enlodar a la Corte Suprema de Justicia, que por esas épocas abría investigación a Mario Uribe y a otros congresistas uribistas por para-política. Si su interés hubiera sido develar la penetración del narcotráfico en las altas esferas, no habría permitido la entrada a Palacio a alias 'Job', quien por esos días era un asiduo visitante.

La otra pata que le sale al gato en este episodio tan sórdido es la forma como se está utilizando la información que recaba la Uiaf, creada para detectar los tentáculos de la mafia y no para investigar magistrados; la Uiaf recolecta información de todos los colombianos que tengan transacciones importantes en los bancos. Se suponía que esta era una información confidencial que no podía ser utilizada sino con fines de interés nacional. La evidencia de que parte de esta información ha terminado en algunos medios no solamente ha encendido las alarmas sobre el estado policivo que se estaría gestando en este país, sino que ha puesto los ojos sobre el papel que la Uiaf ha desempeñado en todo este escándalo.

Lo que más sorprende es que esa información pueda ser entregada, como de hecho lo fue, por el director de Contrainteligencia al asesor de prensa de Palacio, como lo afirma Lagos en su declaración ante la Fiscalía, y que José Obdulio, un particular que ni siquiera tenía contrato como funcionario, posiblemente se hubiera quedado con una copia de ese informe.

Si ese es el DAS que reformó Uribe yo soy Natalia París

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