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Opinión

  • | 2014/05/14 00:00

    ¿Hay que rogarles?

    Ni los candidatos presidenciales ni los vicepresidenciales quisieron ir a Caucasia (Antioquia). Después no digan que les importan las regiones.

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Durante las últimas semanas los candidatos a la Presidencia han demostrado que están interesados en mostrar quién tiene el mejor comercial y quién es el más hampón. Pero por otro lado, no se ve la más mínima voluntad por demostrar que se tienen las mejores ideas.

Esto se puede evidenciar claramente en la falta de interés en ir a debates. A veces, a duras penas, acuden solos con sus escoltas para ser entrevistados y en el mejor de los casos nos encontraremos a dos de los candidatos juntos. Mientras tanto, las noticias se plagan de escándalos en los que cada quien busca demostrar que su contrincante tiene la campaña más cochina.

A pesar de esto, la Fundación para la Libertad de Prensa-FLIP se puso el reto de organizar un debate presidencial en Caucasia, Antioquia, el pasado 10 de mayo. La idea no sonaba mal: se trata de una región fuertemente afectada por el micro-tráfico, por la presencia de todos los viejos y nuevos actores del conflicto y por varios problemas sociales y de derechos humanos. Si yo fuera candidato, aprovechaba la oportunidad para mostrar mis propuestas en estos temas y sobre regiones con características similares. O por lo menos, siguiendo la onda que se tiene por estos días, mostrar que mis contrincantes no proponen nada relacionado con tales problemáticas.

Pero no. No fue suficiente. Los candidatos demostraron que están más interesados en hacer mini carnavales por todo el país, ir a entrevistas-debate y recolectar fondos para sacar más y mejores campañas publicitarias. Antes de esto, la FLIP consiguió el contacto de la persona encargada de este tipo de eventos en cada campaña. Se hizo envío de una invitación por correo electrónico y por teléfono. Además, se envió una carta física a cada candidato presidencial.

No obstante, la respuesta fue que los candidatos no podían asistir por falta de tiempo en sus agendas. Entonces, el 28 de abril se procedió a invitar a los candidatos vicepresidenciales y/o delegados de las campañas como los jefes de debate o directores de las colectividades. Desde ese momento se llamó a las personas de contacto de dos a tres veces al día hasta el 6 de mayo a las 5 p.m. La mayoría de las veces la respuesta era: “todavía no te puedo decir”, “dame más tiempo”, “dame un respiro”.

Al final, este fue el resultado: en la campaña de Juan Manuel Santos no se obtuvo respuesta después de varios intentos; en la de Zuluaga informaron el 2 de mayo que no podían aceptar la invitación; en la de Enrique Peñalosa dijeron el 6 de mayo que no podían ir porque el delegado, que habían pensado que podría asistir, había salido del país; ese mismo día, los asesores de Martha Lucía Ramírez dijeron que todavía no tenían una respuesta porque hasta el momento no habían podido reservar un espacio en las agendas de la candidata o de los delegados. Finalmente, en la campaña de Clara López, se había indicado en un momento que la candidata vicepresidencial, Aida Avella, podía asistir. Sin embargo, el 6 de mayo, respondieron que la presencia de cualquier delegado era difícil por agenda y por gestiones que habría que hacer.

Esta situación es más decepcionante si se tiene en cuenta que algunos candidatos incluso estuvieron cerca de Caucasia por los días en los que se tenía planeado hacer el debate. Algunos estuvieron en Medellín y otros en Córdoba. Teniendo eso en cuenta, el desplazamiento a ese municipio no les habría tomado más de tres horas en el peor de los casos.

Lamentablemente no hay ninguna ley que obligue específicamente a los candidatos presidenciales a asistir a debates. Pero debería. Todos los principios de libertad de expresión y de acceso a la información que han salido de sentencias de la Corte Constitucional y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo indican: Los funcionarios públicos de alto nivel y los candidatos a ocupar dichos puestos tienen un deber de someterse al escrutinio público. Ser cuestionados y confrontados es algo mínimo a lo que tienen que acceder. La posibilidad de que la ciudadanía vea esas discusiones forma parte de la construcción de una democracia sana como la que algún día aspiramos ser.

Después no digan que les importan las regiones. Esa falta de carácter debería ser argumento suficiente para perder el voto de todos nosotros.

En Twitter: @emmanuelvp
*Abogado con especialización en periodismo.
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