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Opinión

  • | 2014/03/07 00:00

    Por quiénes no debemos votar

    Por los aspirantes a Senado y Cámara que se encuentren incursos en los diferentes casos de inhabilidad y por legisladores 'mermelados'.

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El domingo 9 de marzo tenemos una cita con la democracia pero es bueno que conozcamos por quiénes no debemos votar.

Por los aspirantes a Senado y Cámara que tengan cuentas pendientes con la justicia o procesos con los organismos de control. Estos candidatos no son garantía para el elector y sus regiones, puesto que de un momento a otro fallan los procesos en su contra y tienen que abandonar la curul, dejando colgados de la brocha a sus electores y a las regiones por las cuales se eligieron.

Por los senadores y representantes que desertaron de sus partidos para afiliarse a otro, incurriendo en el delito de doble militancia y transfuguismo, el cual está tipificado como causal de pérdida de investidura. 

Por los aspirantes a Senado y Cámara que se encuentren incursos en los diferentes casos de inhabilidad por no haber renunciado a tiempo para inscribirse como candidato o tener impedimentos de consanguinidad o afinidad con uno de sus familiares que ocupan cargos en la administración pública.  

Por los legisladores ‘mermelados’ que desertaron de la Convención Conservadora alegando que no tenían garantías para ejercer sus derechos, cuando la verdad monda y lironda estaban violando los estatutos del partido. 

Por los aspirantes a Senado y Cámara que conformaban el tribunal de garantía de la convención conservadora del 26 de enero y se retiraron de ella, dejando abandonado su cargo, mostrando su total parcialidad con los ‘mermelados’ en favorecimiento de la reelección del presidente Santos, cuando su función de acuerdo con la ley era la de ser imparciales sin cargarse a ningún grupo o movimiento político, es decir, que tenían la calidad de Jueces.    

Por los aspirantes a Senado y Cámara que no son de las regiones y que simplemente van a captar votos, sin ninguna corresponsabilidad para los electores incautos que caen en sus redes a través de sus secuaces. 

También debemos evitar elegir un Congreso con dineros calientes de la guerrilla, narcotráfico o simplemente para lavar activos, y luego cobrar al Estado a través de su testaferro, senador o representante que los eligieron atizando la hoguera de la desigualdad social y continuar impulsando delincuentes de cuello blanco, que luego van a parar a las cárceles sin el menor asomo de vergüenza, con sus electores y las regiones que se comprometieron representar.  

El país está hastiado de asistir a semejante circo, disfrazado de democracia y muchos de los que así actúan se están haciendo elegir en cuerpo ajeno a través de sus esposas, hijos, hermanos y demás allegados, que para no perder vigencia política convierten sus lugares de reclusión en cuarteles de campaña. 

Es lamentable tener que decir pero no falta período legislativo donde no imperen los escándalos de diferente índole. Por eso, el ciudadano ha perdido el entusiasmo para participar en las gestas democráticas, donde se eligen legisladores y demás funcionarios como alcaldes y gobernadores. 

La poca concurrencia a las urnas es tema preocupante desde hace mucho tiempo en nuestro país. De allí que se diga con justificada razón que los órganos legislativos que actualmente cumplen sus funciones, lo mismo que los funcionarios de elección popular son ilegítimos, puesto que fueron elegidos por unas minorías y gran parte de ellas votaron por complacencias burocráticas y votos amarrados.  

Para el próximo domingo 9 de marzo, los colombianos tenemos diferentes opciones para llevar al Congreso de la República a quienes a través de sus campañas políticas nos han convencido con sus proyectos legislativos. Desde hace varios años se han ganado la admiración y el respeto de sus comunidades a las cuales van a representar en la máxima corporación legislativa de Senado y Cámara de Representantes. Lamentablemente son tan pocos este tipo de candidatos que si los contamos nos sobran dedos de la mano. 

Que el Congreso de la República sea la verdadera expresión de democracia depende única y exclusivamente de sus electores, que sea un voto programático y limpio, es decir, que corresponda a un ejercicio de participación ciudadana donde el aspirante con suficiente antelación hizo el diagnóstico social correspondiente para tramitarlo en forma de ley de la República una vez sea elegido. 

No obstante todas estas precisiones, es preocupante lo que pueda ocurrir con el voto en blanco el próximo domingo que aparece punteando las encuetas. Nunca se había visto tamaño entusiasmo en las redes sociales promoviéndolo.

Pero más preocupante aún que las autoridades electorales y los partidos y movimientos políticos no estén preparados para esta eventualidad que, de acuerdo a como están las cosas, es muy posible que ocurra. 

urielos@telmex.net.co
urielos@hotmail.es
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