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Opinión

  • | 2017/09/22 07:09

    Eliminatoria de candidatos

    La eliminatoria pactada entre Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo es un estímulo a esa mayoría sociológica y política de Colombia, pero no es suficiente.

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“No estamos aquí para contar historias. Estamos aquí para contar la verdad”. No recuerdo si esta frase la leí en un texto de Slavoj Zizek (Bienvenidos al desierto de lo real) o la escuché en un episodio de la tercera temporada de Fargo. Quizá fue el inquietante Zizek o el repugnante V.M. Varga de la serie Fargo el que platica sobre las dos versiones de la palabra “Verdad” que guarda la lengua rusa: una que designa la verdad de los hombres y otra que tiene que ver con la verdad absoluta. ¿De qué “Verdad” estamos hablando?

En la actual mercapolítica está de moda retocar la mentira hasta volverla una verdad absoluta. No sé de dónde diablos sacaron el cuento de que Colombia, mejor el pueblo colombiano, es de derecha. La historia política del siglo XX dice lo contrario: La Revolución en Marcha de López Pumarejo, la Izquierda Revolucionaria de Gaitán, el Liberalismo Revolucionario del joven López Michelsen, la Anapo de Rojas Pinilla, el Nuevo Liberalismo de Galán, la utopía asesinada de Carlos Pizarro, Jaramillo Ossa y Pardo Leal. Las ideas de estos hombres fueron seguidas con entusiasmo y convicción por la mayoría de colombianos y colombianas. La historia no miente.

Las ideas conservadoras, en cambio, alcanzaron el sillón presidencial de Colombia por razones esporádicas: por la división del liberalismo (Ospina Pérez), por el ejercicio de la violencia (Laureano Gómez), por fuerza de ley (Guillermo León Valencia), por medio de un fraude (Pastrana Borrero) y/o prometiendo un acuerdo de paz con las guerrillas (Belisario Betancur y Andrés Pastrana). Álvaro Uribe, más conservador que todos los anteriores, fue elegido como liberal en tiempos en los que ya daba igual ser lo uno o lo otro, porque luego del fracaso de las negociaciones del Caguán el país quería en la Presidencia a cualquiera que supiera hablar duro y dar garrote.

El conservadurismo colombiano, rebautizado como “nueva derecha”, es hoy una suerte de Frankenstein criollo hecho con los residuos de los partidos tradicionales, que sigue gobernando mediante una telaraña clientelar y corrupta. Lo sucedido en el municipio de Jesús María, provincia de Vélez, el pasado domingo es un caso paradigmático que puede ayudarnos a entender la diferencia entre la realidad sociológica y la realidad clientelar. La mayoría sociológica de la comarca (97, 5 %) decidió con el voto blindar su territorio del irracional extractivismo minero. En Jesús María la retórica económica de la nueva derecha fue derrotada, sin embargo esto no garantiza que la realidad clientelar se haga con las mayorías en las elecciones legislativas y presidenciales de 2018.

La minoritaria realidad clientelar de la nueva derecha seguirá imponiéndose sobre la mayoría sociológica de Colombia, si los líderes y las organizaciones que hablan por esta última, no logran descifrar la realidad electoral de 2018 y 2019. La debilidad de esa mayoría política y social de Colombia radica en su dispersión e inestabilidad. La mayoría sociológica del país sólo precisa de un buen estímulo para transformarse en la fuerza consiente y abrumadora que supere al discurso del odio, pase página, abra el país al mundo, modernice sus instituciones y cuide lo raizal.

La eliminatoria pactada entre Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo es un estímulo a esa mayoría sociológica de Colombia, pero no es suficiente. Los nombres de Gustavo Petro, Clara López, Humberto de la Calle, Piedad Córdoba y otros que se me escapan, son igual de relevantes, si con ellos se juntaran los indigenistas, pacifistas, empresarios sanos, ecologistas, feministas, afrodescendientes, ex guerrilleros y un largo etcétera de movimientos y líderes locales que, no cabe duda, son la mayoría sociológica y política de Colombia. Las cuentas dan. Una potente y creíble bancada en el Congreso y quizá la presidencia en primera vuelta.

El deseo miente, pero la historia no. El 7 de agosto de 2018 la minoría clientelar, la nueva derecha, podrá gobernar contra la mayoría política y sociológica de Colombia. ¿Por qué no evitar cuatro años de rabia? ¿Por qué no gastar alegremente la energía que nos queda?

* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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