Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/07/21 12:57

Lo políticamente incorrecto

Trump no hace caso a sus asesores; y aunque en Colombia nos parezca frondio, ha calado. Como diría Humberto Eco, en El Péndulo de Foucault, lo inverosímil es lo que más se parece al milagro.

Nancy Patricia Gutiérrez.

Al parecer, el desprecio de las mayorías por las reglas de juego de la política tradicional, han sacudido los resultados electorales de diversos países, en los diferentes continentes.

En Perú ganó la presidencia PPK,  quien aparecía como políticamente incorrecto por su edad, porque representaba a una élite económica e intelectual,  no contaba  con estructura propia, además en pleno furor de campaña se dio el lujo de viajar por varios días a EEUU al grado de su hija.  El fondo del debate fue lo económico y la garantía de seguridad.

El resultado del referendo en Gran Bretaña, en donde la propuesta de separarse de la Unión Europea parecía descabellada y políticamente incorrecta,  al final terminó imponiéndose; sus efectos  se hicieron sentir inmediatamente: se fue el experimentado  David Cámeron y  ante la renuencia de los triunfadores a dirigir el Gobierno Británico, debió asumir el liderazgo una mujer, Theresa May quien no estaba en la baraja y a quien le queda el chicharrón de salirse sin salirse de la Unión Europea.  Se cambió de primer ministro, pero existe la necesidad de garantizar seguridad y estabilidad en la economía.

Ahora en Estados Unidos, el rey de lo políticamente incorrecto, el candidato Trump, con acciones y posiciones que  aparentan ser traídas de los cabellos, logró quedarse con la nominación del partido Republicano, gracias a su personalidad excéntrica y desabrochada; a su tesis nacionalista según la cual hay que cerrar las fronteras, defender la superioridad de los americanos y  la productividad del país a toda costa y a que usa un lenguaje corriente para llamar la atención del ciudadano, que aspira a recuperar un mejor nivel de vida; en síntesis,  ha logrado sincronizarse de manera primaria con lo que le importa al americano común: la seguridad y la economía; su hijo lo expresó en el discurso de la convención Republicana, Trump no hace caso a lo que aconsejan los asesores;  dice y hace lo que quiere y aunque en Colombia nos parezca frondio, ha calado, porque como diría Humberto Eco en El Péndulo de Foucault: lo inverosímil es lo que más se parece al milagro.

Estos casos que parecen aislados, obedecen al repudio a la corrupción, al rechazo de la gente a la tiranía de las causas justas, al bullying mediático por el disenso, a la masificación del uso de las redes sociales, pero por sobre todo a los discursos que interpretan la desconfianza y el miedo que se ha apoderado del mundo entero.  

Un país tan abierto y liberal como Francia, padece una tortura por el terrorismo y su presidente Hollande  atraviesa enormes dificultades de conexión con la gente, pues no ha logrado calmar la angustia, que es real,  que quedó representada en el último atentado, en el que no hubo necesidad de armas sofisticadas, sino un camión y un loco que lo acelerara en medio de una multitud.

Mientras que lo políticamente correcto, es decir lo que emana de las mesas de trabajo de coaching, generalmente muy en sintonía con los oligopolios de los medios y redes, no se conecte con los anhelos populares, el péndulo oscilará como el del Panteón de París, instalado por  Foucault.

Creo que Colombia no escapará en su próximo debate electoral,  a la necesidad de estabilidad en la economía y la seguridad.

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