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Opinión

  • | 2014/06/13 00:00

    Elecciones y futuro

    En caso de firmar los acuerdos, de que estos se refrenden y de que se empiece a vivir y a trabajar por el posconflicto, debemos entender que nada podrá seguir igual.

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Creo firmemente que la paz no ha debido convertirse en el tema central de la campaña presidencial. Y no porque no sea lo más importante que está aconteciendo en este momento en el país, sino porque este asunto debería per sé, si fuéramos sensatos, congregar a todos los colombianos a su favor. Esto sería lo que se esperaría de un país que ha vivido 50 años ininterrumpidos de violencia. 

Probablemente en otro país, donde no existiera una polarización tan extrema como la que hay en Colombia, la noticia de que Zuluaga, si ganara las elecciones, mantendría los diálogos de paz, sería una buena noticia para todos. Lamentablemente sabemos que lo que está diciendo no es cierto. Lo dice ahora porque sabe que esto le da votos, pero conocemos de sobra su talante y la verdad detrás de sus palabras, porque ya antes lo ha proclamado a los cuatro vientos. Todos sabemos que Zuluaga suspendería el proceso y que esto significaría un retroceso de décadas. Ojalá no haya muchos incautos que caigan en la trampa.

Caballero Argáez en una reciente columna en El Tiempo (leer aquí), pone el dedo en la llaga y nos explica el por qué les asusta tanto la paz. Los acuerdos necesariamente implicarán cambios y esos cambios, deberán mejorar la vida de todos; sobre todo la de los menos favorecidos. Muchos anhelamos que por lo menos se minimice la aberrante injusticia e inequidad social en la que estamos inmersos. Está visto que TODOS tendremos que aportar y esa perspectiva asusta a quienes tan solo desean mantener el statu quo y no alterar su vida diaria. 

Muchos hablan de querer cambios pero algunos no se dan cuenta de que es imposible lograrlos sin cambiar sus hábitos. Está visto que, como dijo Einstein, no se pueden esperar resultados distintos si se continúa haciendo lo mismo. 

En caso de firmar los acuerdos, de que se refrenden y de que se empiece a vivir y a trabajar por el posconflicto, debemos entender que nada podrá seguir igual.  Si le apostamos a una mejora en las condiciones de vida de todos los colombianos y a la reinserción de las guerrillas a la sociedad  debemos aceptar que habrá cambios. De no hacerse de esa manera, tarde o temprano surgirán otros grupos armados que querrán hacer valer lo que no se cumplió y repetiríamos la historia.

Sabemos que la paz, la equidad y la justicia social no se hacen con papelitos ni tan sólo  firmando un acuerdo. La verdadera paz tendrá que construirse con el concurso de todos. Sobre todo tendrá que llegar de la mano de un Estado generoso y serio que arribe a los lugares donde ha estado enquistada la guerra con algo más que un puesto de policía. Deberá llegar a esos lugares con toda la batería de servicios completa: Salud, educación, vivienda, servicios, carreteras, etc., etc.

Muchos de quienes aspiramos a una paz con justicia social, votaremos por Santos aunque tengamos muchos reparos. Mi forma de vivir, mi pensamiento abierto, mi talante humanista y los anhelos que tengo para mis hijos y nietos, no me permiten, en esta lamentable coyuntura, otra opción que votar por Santos con todo y sus defectos. Nunca podría votar por alguien que tiene detrás lo peor que ha tenido este país como son el paramilitarismo, las chuzadas, los falsos positivos, el cambio del articulito, el inquisidor Ordóñez, José O. Gaviria, Londoño H. y otra  gran cantidad de razones...

Santos  debe saber que estaremos atentos a exigirle que cumpla los compromisos y los acuerdos. Nuestro voto no será una patente de corso. Es un voto cargado de esperanzas. Esperamos que en su próximo gobierno el país logre aclimatar una paz que nos depare un mejor mañana para nosotros y nuestra descendencia. Muchos estamos dispuestos a aportar lo que nos corresponda y así contribuir a vivir en un país más justo y equitativo para todos.

iliana.restrepo@gmail.com
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