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Opinión

  • | 2015/03/26 16:28

    Elecciones y trampas

    Ningún escenario tan propicio para las artimañas, las manipulaciones y componendas, la defraudación y una gran variedad de audaces actos delictivos como el de las elecciones en Colombia.

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No es tanto que se avecinen las elecciones puesto que apenas se vislumbran para el mes de octubre y, sin embargo, 7 meses antes, la ansiedad de los candidatos nos hace verlas como si fueran a realizarse la semana entrante. La puja ha comenzado y está en todo su furor. Y con la puja y el afán por alcanzar curules, partidos y partiditos, personajes y personajillos, dan rienda suelta a la imaginación en materia de artimañas y trampas. Porque es que ante semejante negocio en que poco a poco ha venido convirtiéndose la “conquista” y toma de curules tanto municipales como departamentales, ¿cómo no jugársela toda y como sea? Y jugársela toda no significa para muchos de ellos nada distinto a alcanzar su cometido a como dé lugar: constreñimiento a empleados públicos bajo advertencia de perder su puesto, compra de votos, burla a los topes de financiación, amenazas a electores, alianzas diabólicas, inscripción anómala de cédulas y trashumancia electoral, adulteración de actas electorales, publicidad a destiempo o financiaciones de dudosa procedencia… y cuántas maniobras más que ofrece la inventiva a las desenfrenadas ambiciones.  

Y la primera pregunta que el colombiano común podría hacerse, como elector ajeno a esta avalancha de anomalías electorales que no hacen otra cosa que pervertir la democracia, es, ¿de qué sirve y cuál es la eficacia de la Comisión Nacional de Seguimiento Electoral? ¿Puede ésta corregir o evitar, por ejemplo, que quien “no resida, no trabaje o no ejerza actividades de tipo comercial en el respectivo municipio, entre a decidir y en consecuencia distorsione la voluntad popular de quienes en realidad son residentes”.? Ojalá que el anunciado decreto que busca darle facultades a la Registraduría para que al cotejar una cédula con los registros de salud municipales, de llegarse a comprobar que no coinciden, pueda de inmediato anular ese voto.  

De nada vale que el ministro del Interior Juan Fernando Cristo, como le oí decir hace poco, llame bandidos y señale como mafias organizadas a aquellos que se dedican a violar las normas, amenazándolos con la Fiscalía y la Procuraduría, si ya sabemos que dichas amenazas no le hacen mella ni en este ni en ningún otro asunto de corrupción a las “manzanas podridas” de la política, el gobierno, el Congreso, las Fuerzas Militares o la Justicia.  

Ahora bien, respecto al anunciado Plan Nacional de Garantías Electorales y la Unidad de Recepción Inmediata para la Transparencia Electoral -URIEL- habría igualmente que tomársele con cierta cautela debido a que, receptor de las “inquietudes y sugerencias de los partidos políticos”, por eso mismo podría llevar inoculado el embrión de la misma descomposición que quiere combatirse.

Y también surge otra preocupación. Según el registrador Nacional, Carlos Ariel Sánchez, a la fecha todavía se está a la espera de que el ministerio de Hacienda efectúe el desembolso de 474 mil millones de pesos aprobados para la financiación a fondo del proceso electoral.

De todos es conocido el avance que a través de las máquinas biométricas se ha conseguido en numeroso países para la trasparencia en cualquier tipo de elecciones. Colombia está en pañales frente a este mecanismo que impide que una misma persona se dé el lujo de votar dos veces en distintos puestos, certificando a plenitud y sin duda alguna que quien está votando es la misma persona que manifiesta ser. No obstante, todo parece indicar que los escasos 20.000 aparatos anunciados para estas elecciones de octubre no podrán ser adquiridos por falta de presupuesto.

Son muchas y tan variadas como ingeniosas -y desvergonzadas- las formas de hacerle fraude a la democracia en todas y cada una de la elecciones. Seguramente en octubre tendremos novedades o repeticiones que, por recurrentes, ya no nos causarán asombro.

El sistema electoral colombiano está por depurarse. No es diáfano, ni posee una estructura de amplia y equitativa cobertura democrática.  Y, ciertamente, falta mucho para llegar a ello.   

guribe3@gmail.com
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