Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2006/04/29 00:00

Elígeme que yo te elegiré

Al nominar la terna, la Corte le está entregando un mandato: oponerse a la revisión de sus fallos por la vía de la tutela.Y la terna es de un solo nombre. Se da por segura la elección del doctor Nilson Pinilla

Elígeme que yo te elegiré

La elección del nuevo magistrado de la Corte Constitucional es un buen retrato de la politiquería que se ha tomado la rama judicial. El elegido llegará con agenda previa, cuando se supone que un juez debe actuar con autonomía y desprevención frente a todos los temas. Se ha ignorado el mandato legal de incluir mujeres en la terna y, como si fuera poco, hay un cruce de favores en la designación de los candidatos.

Lo peor de todo es que el poder judicial va camino a convertirse en un apéndice del ejecutivo. Todo esto, cuando el Presidente -por obra y gracia de la reelección- tendrá más poder que en cualquier otro momento de la historia.

Los ternados por la Corte Suprema de Justicia tienen tres características en común. En primer lugar, son conservadores, como conservadores son 17 de los 23 magistrados del alto tribunal que los nominó. Segundo, son ex magistrados de la Corte Suprema de Justicia, es decir, son antiguos miembros del tribunal cuyos choques con la Corte Constitucional son bien conocidos. Y tercero, todos ellos han sostenido que no puede existir acción de tutela contra sentencias judiciales.

Esto, ni más ni menos, quiere decir que la Corte Suprema de Justicia quiere trasladar su visión conservadora y restrictiva de la acción de tutela a la propia Corte Constitucional.

Al nominarlos, la Corte Suprema les está entregando un mandato: oponerse a la revisión de sus fallos por la vía de tutela. Es decir, acabar con cualquier posibilidad de que los derechos fundamentales puedan ser amparados ante una sentencia judicial que eventualmente los vulnere.

Argumentan los voceros de la Corte Suprema que la tutela contra sentencias judiciales crea inseguridad jurídica. La experiencia ha demostrado lo contrario. La tutela permite reivindicar los derechos de las personas, por encima de las formalidades judiciales.

Recuerdo el caso de Nelson Bonilla Garzón, un hombre sentenciado a 40 años de prisión por el homicidio de un niño en Tuluá. Cuando llevaba más de nueve años en la cárcel, se comprobó que el verdadero autor del crimen era el asesino en serie Luis Alfredo Garavito. Sin embargo, como sobre Bonilla pesaba una condena ejecutoriada, debió pasar dos años más en la cárcel.

Sólo quedó en libertad cuando por una tutela la Corte Constitucional pudo revisar el caso a la luz de los derechos fundamentales, a pesar de que la sentencia en contra del inocente cumplía con todos los requisitos.

Si los colombianos pierden la posibilidad de usar la tutela para revisar sentencias como ésta, la Corte Suprema ganará poder, pero los ciudadanos estarán más desprotegidos frente a estos errores.

Esto de por sí ya sería suficiente, pero hay más. La llamada terna -a la hora de la verdad- es de un solo nombre. Se da por segura la elección del doctor Nilson Pinilla.

Él, cuando era magistrado de la Corte Suprema, impulsó el ingreso a ese tribunal de su actual presidente, Yesid Ramírez, quien ahora encontró la oportunidad de devolverle el favor.

Desde su salida de la Corte Suprema, el doctor Pinilla se ha dedicado a rondar al gobierno esperando que lo nombren o lo elijan para algo.

El año pasado, por ejemplo, puso a sonar su nombre para ser fiscal general de la Nación. Su plan de entrar en la terna iba viento en popa, hasta cuando María Isabel Rueda, en una de sus columnas, recordó:

"Nilson Pinilla, cuota de Ómar Yepes. Lo malo de su hoja de vida es la coincidencia de que pidió licencia en momentos en que le tocaba emitir concepto para la primera extradición de un colombiano y ante su ausencia, lo tuvo que firmar un interino".

Su elección es prácticamente segura, pero sería bueno que el Congreso revisara la decisión que va a tomar, más allá de la simple conveniencia política de corto plazo.

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