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Opinión

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Asesinaron a otro más: el humorista crítico Jaime Garzón, sin duda el mejor humorista, y el
más crítico, que había en Colombia. Y tampoco esta vez se sabe quién lo mandó asesinar, ni por qué. Como la
investigación exhaustiva prometida una vez más por el gobierno tampoco hallará culpable esta vez, se hacen
cábalas en el aire. También yo haré las mías.Digo que la investigación anunciada no hallará ningún culpable
porque no los ha hallado nunca ninguna investigación de esas. ¿Quién mató al mariscal Sucre? ¿Quién mató
al general Uribe Uribe? ¿Quién mató a Gaitán? ¿ Quién mató a Galán? No se sabe. "Fuerzas oscuras", fue la
conclusión luminosa a que llegó una vez un presidente que tuvimos hace unos años, bajo cuyo gobierno se
cometieron unos 3.000 asesinatos por el estilo sin que de ninguno se encontrara al culpable. Y no se
encuentran nunca, entre otras razones, porque ningún gobierno ha querido o se ha atrevido a adelantar las
investigaciones prometidas; o, más frecuentemente aún, se las ha encargado precisamente a los principales
sospechosos del crimen investigado. Tal vez los lectores más memoriosos recuerden todavía el caso de
Galán, asesinado en los tiempos de ese presidente tan perspicaz que tuvimos. Los encargados de la
investigación exhaustiva _los directores del DAS y de la Policía_ no dedicaron sus esfuerzos a buscar
al culpable, sino a intentar demostrar que un inocente era culpable. En fin de cuentas no lo lograron; pero
consiguieron al menos que el culpable verdadero no fuera encontrado, puesto que ni siquiera había sido
buscado. Y nadie, por supuesto, se ocupó nunca de investigar tan peculiar proceder de los investigadores,
cuyos atropellos fueron denunciados por el ex ministro Jorge Obando, el cual, como consecuencia, se ganó
un tiro en la cabeza. Y nadie, por supuesto, investigó jamás el atentado contra Obando.El inocente falsamente
acusado, un químico barranquillero de apellido Hazbum, fue finalmente dejado en libertad, después de años
de cárcel. Murió pronto. Nadie lo indemnizó. Nadie le pidió disculpas. No creo que nadie lo recuerde.De modo
que, como las investigaciones exhaustivas suelen ser así, se hacen cábalas también en el caso de Jaime
Garzón. Y unos sostienen que quien lo mandó matar fue el jefe de las autodefensas, Carlos Castaño. No
entra en mis propias cábalas. No porque no sea un asesino _no en balde es el jefe de los
paramilitares, que cometen a diario tantos asesinatos_, sino porque no basta con que alguien sea un asesino
para que se le puedan achacar con acierto todos los asesinatos. Lo mismo le ocurría en su momento al
narcotraficante _y también asesino_ Pablo Escobar: le achacaron, entre otros, el asesinato de Galán, que él,
que reconoció tantos, negó siempre. También mis cábalas, en ese entonces, iban por otro lado: basadas en
el qui prodest? del derecho romano ("¿a quién le aprovecha el crimen?") yo apuntaba a la DEA
norteamericana, interesada a su vez en que se creyera que el narco Escobar era el culpable. Y a través de la
DEA, a los servicios secretos colombianos, que suelen hacerle sus mandados.Otra tanto ocurre ahora.
Comparto la opinión de Francisco Santos en su columna de El Tiempo: "A Jaime Garzón lo mató la extrema
derecha militar", corroborada por Rafael Pardo (nada menos que un ex ministro de Defensa) en su columna
de El Espectador: "¿Los mandos del Ejército no sabían que Garzón era hostilizado por altos militares?". Creo
que esta vez la recompensa prometida por el gobierno para quien dé indicios sobre los posibles autores del
crimen la merece Santos. Pero no creo que se la paguen. Tampoco me pagaron a mí, hace cinco años,
la que ofrecieron por los asesinos del senador de la UP Manuel Cepeda, aunque la reclamé señalando
_también entonces_ a los servicios secretos de la inteligencia militar. De los que creo que también entonces,
como ahora, o como con Galán, se limitaban a hacer mandados. Pero no los investigó nadie.Tampoco los
investigarán esta vez: los investigadores son ellos mismos.Y es justamente por eso que mataron a Jaime
Garzón: porque en Colombia se sabe de antemano que nunca aparecerán los culpables, incapaces de
encontrarse a sí mismos. El motivo inmediato da lo mismo, pues puede ser cualquiera: que Garzón los
molestaba por cualquier cosa, grave o trivial, a ellos o a sus mandantes. El motivo profundo no es lo que
Garzón hacía, sino lo que era: un humorista crítico. El único que puede describir un país en el cual las
investigaciones se les confían a los investigados mismos.
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