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Opinión

  • | 2000/01/17 00:00

    ELOGIO DE LA ARROGANCIA

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Muchas listas _demasiadas, quizá_ han circulado últimamente en los medios impresos. Por
eso, y con el riesgo de aburrir a los lectores, advierto que también tengo un personaje del año en
Colombia. Que en realidad no es un personaje de carne y hueso sino una actitud ante la vida pública. Mi
candidato del año es la arrogancia. Personificada, claro está, en tres polémicos personajes que están hoy en
el olimpo del poder: Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá; Fanny Kertzman, directora de Impuestos y
Aduanas; y el Chiqui Valenzuela, ministro de Minas y Energía (pese a su desliz del 0,1 por ciento). Es una
actitud que los trasciende como hombres públicos y les deja una lección a las nuevas generaciones de
dirigentes: en Colombia, si se quiere gobernar, hay que hacerlo con arrogancia. Resulta, sin embargo, que
los colombianos hemos tenido la mala costumbre de confundir la arrogancia de la vanidad, la de la
pedantería, tan pueril y extendida, con la arrogancia de la voluntad, la del carácter, tan necesaria y
escasa.Porque si arrogancia es llamar a las cosas por su nombre, sin arandelas ni eufemismos_Si
arrogancia es hacer cumplir las reglas sin contemplaciones en un país acostumbrado a hacer lo que se le
da la gana_Si arrogancia es pensar en el bien común por encima de los intereses particulares_Si
arrogancia es tener el coraje de denunciar a los corruptos en un país donde la vida ya no tiene ni precio_.Si
arrogancia es tener los cojones para defender con vehemencia sus ideas y la fuerza interior de sus
convicciones_Si arrogancia es atreverse a pensar en grande en un país con mentalidad mezquina y con
complejo de inferioridad_Si arrogancia es tener una visión de futuro, así sea inflexible o equivocada, para
defenderla con la espada de la virtud_ Si arrogancia es combatir la cultura mafiosa que nos está
carcomiendo por dentro el embrionario sentido de comunidad_Si arrogancia es, en fin, estar comprometido a
forjar un país distinto para nuestros hijos_ pues cómo han faltado de arrogantes en el poder. La arrogancia es
hija de la soberbia y el orgullo. Y qué más necesario para una nación acomplejada, sin autoestima y sin
confianza. Porque si en lo personal la humildad lleva a la sabiduría, en lo político la arrogancia conduce a
la grandeza. Ese fue el sendero que siguieron Alejandro Magno, Julio César, Napoleón y Churchill a pesar de
haber sido tan criticados en su tiempo. Y su carácter y perseverancia los llevó al altar de la historia.La
arrogancia, por tanto, va en contravía de la politiquería, de los conciliábulos, y del mundo virtual y
light de la imagen. La arrogancia de Peñalosa, Fanny y el Chiqui no es un problema de falta de
comunicación o de empoderamiento de la opinión como nos lo quieren vender los asesores de imagen,
siempre efectistas y frívolos. Al contrario, es su mejor arma en un país que lo único que ha tenido son
políticos con grandes dotes histriónicas y comunicativas: ¿más Santofimios y Gerleins? O qué mayor sintonía y
magnetismo con las masas que el populismo, la demagogia y la mentira. ¿Decir lo que la gente quiere oír? ¿O
hacer lo que la gente nunca creyó al oír? Nuestra sociedad no puede seguir teniendo una sintonía artificial
y mesiánica con su clase política. Necesitamos que dejen de comunicarse con sus vibratos altisonantes
que hacen exaltar hipócritamente a las masas y empiecen a comunicarse para lo cual fueron elegidos y
nunca han cumplido: resultados. Es preferible un arrogante _ obstinado, preparado y honesto_ a 100
sonrisas inútiles y falaciosas que vemos a diario en los medios.La historia de este país ha sido la historia de
los políticos mediocres que mediante toda suerte de artilugios han sabido 'conectarse' con sus electores.
Ahora le dicen a Peñalosa, desde todos los frentes, que aprenda a comunicar, que persuada a la opinión, que
sea lo que no es, que suba en las encuestas, que no pise tanto callo, que no tome tantos riesgos.En un país
con semejantes problemas los políticos y altos funcionarios sólo tienen dos opciones: o se dedican a
trabajar o se dedican a administrar su imagen. Ellos (Peñalosa, Fanny y el Chiqui) optaron por trabajar.
Ese fue su primer acto de arrogancia.Y por eso, por arrogantes, la historia los absolverá.
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