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Opinión

  • | 2016/11/04 15:31

    El asesinato de Guillermo Cano, un llamado a la solidaridad

    La muerte del exdirector de El Espectador sigue impune después de 30 años. Su caso no es el único. La gente debe unirse para exigir que no haya más impunidad.

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El pasado miércoles, 2 de noviembre, se conmemoró el Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas. Este debería ser un día muy importante para Colombia, pues es uno de los países que históricamente ha tenido las peores condiciones para ejercer el periodismo. Son muchas las personas que han muerto por querer aportar con su voz a la democracia. Una de esas es Guillermo Cano, que cumple 30 años de haber sido asesinado. Hoy en día, su caso, como el de muchos otros, sigue impune.

Esta fecha fue establecida por las Naciones Unidas en el 2014 como una forma de actuar frente a los diferentes ataques que han sufrido los periodistas en el mundo durante los últimos tiempos. Según las cifras de esa organización, más de 800 periodistas han sido asesinados alrededor del mundo en el último decenio.

En el caso Colombiano, son 153 periodistas que han sido asesinados entre 1977 y 2015 por haber hecho su trabajo. Es decir, por investigar, preguntar y denunciar. Tal y como lo hizo Guillermo Cano. La situación es aún más desalentadora si se tiene en cuenta que el 97 % de esos casos se encuentran en la impunidad y 73 de ellos están prescritos. Es decir, el Estado dejó pasar el tiempo que tenía para investigar y sancionar, por lo que ya no puede hacerse nada para obtener justicia.

En el caso de Guillermo Cano, la actuación más significativa por parte de la justicia fue que el crimen fue declarado de lesa humanidad en 2010. Esto quiere decir que ya no hay un término de vencimiento para que la justicia haga su trabajo. Esto debería ser un incentivo, pero parece más un saludo a la bandera. Según lo contó El Tiempo, no ha habido avances oficiales en la investigación desde que se dio esa declaración.

Hace 20 años, cuando se estaba viviendo una de las épocas más violentas para la prensa, fue creada la Fundación para la Libertad de Prensa-FLIP. En ese entonces ya se veía la impunidad como un problema para la prensa. En el acta de la reunión en la que se decidió crear a esa fundación se recuerda que, si se permite que haya impunidad, va a ser más fácil que sigan matando periodistas y no pase nada. También se planteó que “cuando la policía no investiga, las cortes no fallan y el gobierno no se preocupa, los periodistas deben reemplazarlos”. Todo esto se basaba en la necesidad de que entre periodistas existiera solidaridad.

Un ejemplo de esa solidaridad se vio en 2002, con el Proyecto Manizales. Pocos días después que el subdirector de la Patria, Orlando Sierra, fuera asesinado, un grupo de periodistas de varios medios de comunicación decidieron investigar y escribir sobre cuáles podían ser las causas detrás de esa muerte. Esa tarea llevó a la conclusión de que el hecho estaría relacionada con las publicaciones que hacía Sierra, especialmente aquellas que se referían al exdirigente liberal, Ferney Tapasco. Trece años después, la justicia llegó a la misma conclusión.

Este tipo de peleas, basadas en la solidaridad, son un mecanismo importante para luchar contra la impunidad. Cuando Cano murió, también había gente que era consciente de la necesidad de presionar a la justicia, de hacer seguimiento y seguir denunciando. El mayor ejemplo de esto era Héctor Giraldo, quien representaba a los Cano en el proceso penal para encontrar a los culpables del crimen. Este abogado y periodista, según cuenta su viuda, Nora Bergsneider, sentía una gran lealtad por Guillermo Cano, por lo que decidió apoyar a su familia en ese momento tan difícil.

Giraldo también fue asesinado. En marzo de 1989, algo menos de 3 años después de la muerte de Cano, el periodista y abogado murió en un atentado sicarial en Bogotá. Ese día, Giraldo se dirigía a una diligencia judicial por el caso de su colega.

Hoy en día, Giraldo es conocido como el periodista que aclaró el crimen de Cano. Tal vez los resultados en la justicia serían más alentadores si este abogado y periodista siguiera vivo. Su legado, al igual que el de Cano, debe ser recordado por todos.

El paso del tiempo ha traído otra gente con niveles parecidos de solidaridad. Un ejemplo de esto es la red de corresponsales de la FLIP, creada en el 2000. Se trata de un grupo de voluntarios que ayudan a monitorear las violaciones a la libertad de prensa en las regiones y a promover ese derecho en el país. El aporte que hacen ellos es fundamental para acabar con la impunidad y lograr que los periodistas puedan hacer su trabajo libremente.

Hay otras personas que también aportan a esta lucha. Pero todavía es necesario que muchos más se unan. En gran parte, el hecho de que se conmemore este día el 2 de noviembre es un llamado a todos en la sociedad para que se unan a la pelea. El 19 de diciembre de 1986, los medios de comunicación enmudecieron en protesta al crimen de Cano.

También hubo un grupo de aproximadamente diez mil personas que salió a manifestarse. Hoy en día, en un país donde los ataques a la prensa y la impunidad siguen siendo comunes, es importante que todos exijamos que dejen de silenciar al periodismo y que existan garantías para que estas personas puedan entregarnos información. Como gritó El Espectador hace dos días en su portada, todos debemos decir: ¡Ni uno más!.

* Asesor de la Fundación para la Libertad de Prensa - En Twitter: @EmmanuelVP.

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