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Opinión

  • | 2011/07/13 00:00

    Empresario con piel de oveja y alma de mafioso

    Juan Felipe Sierra Fernández, un "yuppy de familia bien y prestante", como lo calificó un diario en Medellín, y amigo personal del expresidente Uribe, no tuvo más remedio que aceptar su pertenencia a una estructura criminal y acogerse a sentencia anticipada.

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“Los enemigos de los Valencia Cossio son míos, los enemigos de 'don Mario' son míos. Y me los gané gratis”, le dijo el empresario antioqueño Juan Felipe Sierra Fernández a cuatro periodistas del diario El Colombiano de Medellín durante una entrevista publicada el 19 de septiembre del 2010.
 
Pero mentía. No se los ganó gratis. Como lo acaba de admitir él mismo, sí pertenecía a una estructura criminal dedicada al narcotráfico, ratificando que era cierta la sindicación hecha desde agosto de 2008 de tener nexos, junto con Guillermo Valencia Cossio, con la banda de ‘don Mario’, comandada en esa época por Daniel Rendón Herrera, hermano de Fredy, exjefe paramilitar del Bloque Elmer Cárdena de las Auc.
 
Este empresario fue dueño de una empresa de seguridad y vigilancia privada conocida como Control Total Limitada, con sede en Envigado, que contrató con el Gobierno Nacional en 2004 y 2007 servicios de escolta por más de mil millones de pesos para proteger y transportar en Medellín a varios jefes paramilitares desmovilizados.
 
Cuando leí la noticia de su aceptación de cargos por concierto para delinquir, comunicada desde la clandestinidad a través de una carta enviada al Juzgado Primero Especializado de Medellín, recordé la entrevista dada al diario antioqueño. En ella se mostró como víctima, empobrecido por la persecución de la justicia y dependiendo económicamente de su padre, el reconocido empresario y exdirector de una caja de compensación, Ricardo Sierra Caro.
 
Sierra Fernández fue detenido el 3 de agosto de 2008 y enviado a la cárcel de Cómbita, Boyacá. Once meses después fue dejado en libertad, pero la decisión fue apelada y tras ordenarse su captura, huyó de la justicia y permaneció en la clandestinidad hasta que el Tribunal Superior de Bogotá ordenó la preclusión del proceso al encontrar supuestas irregularidades. En ese momento, el empresario fue un hombre libre y lo primero que hizo fue concederle una entrevista a El Colombiano. Una de las primeras pregunta de los periodistas fue qué hizo mientras estuvo prófugo. “El rotulo de prófugo tal vez es más doloroso para uno que toda la vida ha tenido la tranquilidad de movilidad”, respondió.
 
En una clara alusión a la pérdida de su empresa, cuya licencia le fue revocada por la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada tras conocerse sus vínculos con alias ‘don Mario’, dijo: "quedé como muerto en vida. Ahora me levanto, desayuno y quedo desocupado".
 
El 18 de marzo de 2010, los departamentos del Tesoro y de Estado de Estados Unidos lo incluyeron en la Lista Clinton, como miembro de una organización dedicada al tráfico de drogas liderada por Daniel Rendón Herrera. El tema fue tocado en la entrevista y al respecto declaró: “Eso me tiró tres días a la cama". Y al responder si algunos de sus recursos provenían del narcotráfico, precisó: "No tengo sino deudas […] Los únicos recursos eran de la empresa privada, de mi trabajo. Ahora, en cambio, no tengo casa propia. Merco porque mi papá y mis hermanos nos ayudan. Mi esposa iba a visitarme a Cómbita porque mi papá pagaba los pasajes".
 
Argumentó en varias de sus respuestas que el asedio de la justicia era una persecución política detrás de la cual se escondían los “enemigos” de la reelección presidencial y del entonces Ministro del Interior y de Justicia, Fabio Valencia Cossio: “enredándome a mí y a Guillermo Valencia, ellos estaban seguros de que Fabio renunciaba”.
 
Pero este empresario, que se sentía inmolado injustamente ante la pira de la ley, entregó datos en esa entrevista que hoy me generan algunas dudas. La primera de ellas, que asistiera a la desmovilización del Bloque Elmer Cárdenas, en Unguía, Chocó, el 15 de agosto del 2006, por invitación de una mujer de nombre María Inés Restrepo. ¿Pero realmente asistió en calidad de invitado o ya estaba en la estructura criminal cuando acudió a ese evento?
 
Una segunda duda tiene que ver con lo ocurrido en Unguía. Sierra Fernández explicó que allí conoció a John Fredy Manco Torres, alias ‘El Indio’, por quien se desató el escándalo que derivó en una condena de 15 años de cárcel contra Valencia Cossio, y la persecución contra el empresario, pues entre ambos lograron sacarlo del organigrama del grupo armado de alias ‘don Mario’. ¿Realmente lo conoció ese día? ¿Tanto lo impactó que meses después intercedió por él y lo calificó de “una persona comprometida con la paz” y lo describió como “un papá de más de 500 desmovilizados”?
 
Una tercera duda. Según se infiere, tenía facilidades para hablar con comandantes de brigadas militares, particularmente con la XVII, con sede en Carepa, Urabá antioqueño, con altos oficiales de la Policía Nacional y, por supuesto, con la Fiscalía. ¿Esas facilidades las había adquirido en calidad de empresario de la seguridad privada o el entramado de la red criminal a la que estaba articulado es mucho más amplia y aún faltan más integrantes por identificar y capturar?
 
Una cuarta duda. La entrevista permite ver una relación cercana con el entonces Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, con quien dijo se reunió “varias veces”, una de ellas para presentarle una carpeta que le había entregado el abogado de alias ‘El Alemán’ con nombres de supuestos comandantes del Bloque Elmer Cárdenas para que fueran incluidos en el proceso de Justicia y Paz. ¿De dónde viene esa cercanía? ¿De la prominencia de su papá? ¿Y por qué se dedicó a labores de mediador con los paramilitares de Urabá antioqueño: buen corazón o ese era su papel político en la estructura criminal de alias ‘don Mario’?
 
Una quinta y última duda. En la entrevista dijo que había sido condecorado en Sogamoso, Boyacá, durante el acto de fundición de 18.051 armas de las Auc en la Siderúrgica Nacional: “este bandido, como me quisieron poner, fue condecorado el 14 de diciembre de 2007 por el Presidente de la República, por el Ministro de Defensa, por los altos mandos militares, el Secretario General de la OEA, y yo no sé cuántos embajadores de la Comunidad Económica Europea, en el acto de fundición de armas". ¿Pero, a razón de qué fue condecorado? ¿Qué hizo para merecerlo? ¿Acaso por la mediación realizada a favor de excomandantes del Urabá antioqueño?
 
El 10 de noviembre de 2010, dos meses después de conceder la entrevista, la Corte Suprema de Justicia tumbó la decisión de precluir la investigación dada por el Tribunal Superior de Bogotá, reabrió el caso y expidió una nueva orden de captura contra Sierra Fernández. Desde ese momento, regresó a la clandestinidad y desde algún lugar envió la carta de aceptación de cargos y prometió entregarse a la justicia.
 
Así como Sierra Fernández se mostró como un cordero inocente ante la opinión pública y luego aceptó su pertenencia a estructuras criminales, otros empresarios en Antioquia han pasado por lo mismo: Alirio de Jesús Rendón Hurtado, alias ‘el Cebollero’, quien siempre negó su pertenencia a la llamada ‘Oficina de Envigado’ y luego aceptó cargos; Hugo Albeiro Quintero Restrepo, el empresario del transporte en Bello negó sus vínculos con la criminalidad, pero fue a juicio y salió condenado. Todos ellos se han mostrado como mansas ovejas, pero la justicia ha revelado su alma de mafiosos. ¿Habrá más empresarios y políticos antioqueños en esta doble condición? La justicia tiene la palabra. 
 
* Periodista y docente universitario.
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