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Opinión

  • | 2011/03/28 00:00

    En banquitas con arcos grandes, ¡campeones mundiales!

    Colombia es la mejor selección del mundo en Fútbol de Salón, más cercano a nuestra historia e inmediata a nuestras fuentes que el fútbol de campo. Favor no confundir.

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Capacidad de asociación. Cuando se necesitó, gambeta, un recurso individual que certifica el talento. Movilidad para buscar espacios y agilidad para encontrarlos. Contundencia y cálculo en la definición. Remate potente y picante, si no, miren el gol de John Pinilla, el primero del partido y uno de los ocho que llevó a la selección colombiana de Fútbol de Salón a consagrarse campeona del mundo. Un golazo desde fuera del área de la figura y goleador, de zurda, inatajable. La final terminó 8-2, fue contra Paraguay que defendía el título y se jugó el sábado pasado en el Coliseo El Salitre de Bogotá.
 
El partido fue vibrante. Y el marcador abultado, igual que el de la mayoría de los cotejos que jugó la tricolor antes de la final: 14-0 a Ecuador, 11-0 a Bielorrusia y 8-0 a Nueva Zelanda en la zona de grupos, en cuartos de final 4-2 a Venezuela y en semifinal 3-2 a Argentina. Los dos últimos fueron los más reñidos, aunque el combinado local en todos mostró superioridad en cuerpo, mente y alma. El equipo, dirigido por Jaime Cuervo, terminó con 48 goles a favor y 6 en contra. Una máquina. Fueron 16 equipos los que participaron, en Europa se hizo un clasificatorio que dejó sin tiquete a Italia y Bélgica, entre otros, dos potencias en la materia. Compitieron República Checa, Argentina, Brasil, Rusia, Osetia del Sur (territorio situado en el Cáucaso), Perú, Cataluña (por España), Uruguay, Canadá, Bielorrusia, Ecuador, Nueva Zelanda, Venezuela y México.
 
Colombia es la mejor en Fútbol de Salón, ojo, favor no confundir con fútbol ni tampoco decir que es una rama de ese deporte. Hoy leía en los diarios que quizás este triunfo podría servir de “inspiración y buen presagio” para la selección Sub-20 en el Mundial. En Colombia tiene sus raíces en las “banquitas”, juego barrial que goza de una enorme afluencia de practicantes y una huella de identidad notable. Echemos memoria. El mismo año del primer Campeonato Mundial de Fútbol en Uruguay organizado por la FIFA, mientras se gestaba lo que sería años más tarde un acontecimiento de magnitudes enormes, nacía un nuevo deporte: el Fútbol de Salón. Corría el año 1930, la euforia por el título orbital que los charrúas habían conseguido despertó una pasión en ese pueblo por el fútbol, que uno de los miembros de la Asociación Cristiana de Jóvenes de Montevideo, Uruguay, Juan Carlos Ceriani, al advertir que miles de compatriotas jugaban y jugaban en las calles, decidió adaptar aquel juego a recintos más pequeños, a salones para que nadie quedara sin jugar. Y reglamentó la anónima disciplina callejera. Era parecido al fútbol, se jugaba con los pies, una pelota y dos arcos, aunque éstos últimos difieren en tamaño del juego originario. Lo jugaban cinco personas por equipo, sobre piso duro y preferiblemente en cancha cubierta.
 
A partir de los años 30 se extendió a lo largo del continente, y Brasil fue el lugar donde se asentó. En Sao Paulo se perfeccionaron las reglas, la técnica y la táctica, además de que surgieron grandes jugadores que dispararon su popularidad. La Asociación Mundial de Futsal (AMF), actualmente con sede en Asunción, Paraguay, y 48 países afiliados, fue la que organizó este Campeonato del Mundo que acaba de ganar Colombia. No la FIFA, creada en 1904. La AMF es la casa madre que regula el Futsal en el mundo, considerada la única heredera y sucesora de la Federación Internacional de Fútbol de Salón (FIFUSA), organismo fundado en 1971 en Brasil y presidido en aquel entonces por João Havelange. En 1982 en Sao Paulo, Brasil, se organiza el primer campeonato mundial. Años más tarde Havelange dirigiría la FIFA.
 
La FIFUSA se mantuvo como un organismo independiente hasta 2002, año en el cual la AFM lo suplanta. A mediados de los años 80 el Fútbol de Salón despierta el interés de la FIFA que intenta absorber a la FIFUSA. Pero la operación no prospera. El microfútbol resiste los embates. La FIFA prohíbe el uso de la palabra “fútbol” en un acto monopólico y arrogante. Por eso la FIFUSA adapta la palabra “futsal” en el congreso que organiza en 1985. El autoritarismo de la FIFA se evidenció en el año 2000, cuando firma junto a la FIFUSA una carta de intención, la “Convenio de Guatemala”, buscando una asociación estratégica. Pero fracasa. Así que en enero de 1989 la FIFA organiza en Holanda el primer Campeonato Mundial de Fútbol 5 o Fútbol Sala, modalidad del fútbol tradicional. El campeón fue Brasil. Ambas modalidades son muy parecidas. “Esa lucha persiste. La FIFA ha querido manejar al fútbol de salón porque, entre otras cosas, lleva la palabra fútbol. ¿Y por qué no van por el fútbol americano o el australiano?”, dice Jaime Arroyabe, pionero del desarrollo del Futsal en Colombia y actual presidente de la Federación Colombiana de fútbol de Salón.
 
Huella de identidad
 
El Futsal es un deporte autónomo y auténtico, dos propiedades que están legitimadas por un estudio científico. No es una ramificación del fútbol de campo y convencional que conocemos; al contrario, tienen más diferencias que coincidencias. Su esencia está constituida por cuatro deportes, fútbol, baloncesto, waterpolo y hándbol. Suena increíble pero tiene más semejanzas el Fútbol de salón con el Baloncesto o el Hándbol que con el Fútbol. Y no sólo pasa con esa disciplina, que siendo similar a otra, mantiene su independencia. El Tenis de mesa, el Bádminton y el padel son independientes del tenis, aunque todos se juegan con red y raquetas; el Duatlón y el Triatlón son independientes del Atletismo, del Ciclismo y de la Natación; las Artes Marciales son independientes entre sí; la Pelota al Cesto es independiente del Baloncesto. Y así hay varios más.

Las actuaciones de la selección colombiana en el escenario internacional han sido para aplaudir: dos primeros lugares en los años 1990 y 1993 en los III y IV Juegos Panamericanos, el segundo lugar en el V Juegos Panamericano celebrado en Bogotá en 1996, segundo puesto en 1998 en el XXI Suramericano de interclubes; primer lugar en el Campeonato Sudamericano Juvenil en 1998 en Argentina, primer lugar en 1993 en el primer semiprofesional Copa Doria Promasa, en Bogotá, subcampeonato en el V Mundial de 1994 en Argentina, campeones del mundo del VII Campeonato Mundial del año 2000, en Bolivia, ya bajo la tutela de la AMF; y dos subcampeonatos del mundo, uno en 2003 y otro en 2007, en los que cayó contra Paraguay. Y el título de ahorita, nuevamente contra los paraguayos alzando la Copa Jaime Arroyabe, quien apadrino la disciplina y en 1996 la llevó a Colombia después de un viaje a Brasil. Además en 1974 fundó la Federación Colombiana de Fútbol de Salón que, a lo largo de la historia, ha tenido el apoyo del Comité Olímpico colombiano (COC), salvo en 1976 cuando fueron desafiliados habida cuenta de la presión en el intento de injerencia de la FIFA. Actualmente en nuestro país la reglamentación dice que un jugador no puede pertenecer a equipos de ambas modalidades, mientras que en otros países a veces hay otra flexibilidad. Y desde hace dos años hay liga profesional masculina y femenina.

Dedicación y capacidad, esos fueron los motivos de la victoria para el DT Jaime Cuervo. Dos conceptos vitales para llegar alto. Colombia es la mejor en una disciplina más cercana a nuestra historia e inmediata a nuestras fuentes que el fútbol, de origen británico. Dinámico, en donde un puntazo es más eficaz que colocarla con comba, y no importa; practicado por un grupo de jugadores, campeones, que siendo un grupo llegaron a conformar el mejor equipo de la historia de micro en el país. Un paso tan meritorio como complejo. Felicitaciones. ¡Un grito más de independencia!
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