Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/04/17 00:00

En contra del carro

Juan Camilo Macías, director de la Fundación Pedalea Tu Ciudad, explica por qué la solución para bajar los niveles de contaminación es crear una manera distinta de vivir, que reivindique medios de transporte diferentes al carro.

En contra del carro

El mes pasado entró en vigencia el Protocolo de Kyoto, suscrito por 141 países que pretenden reducir en 15% las emisiones de gases venenosos, en particular de dióxido de carbono (CO2).

Wangari Maathai, viceministra de Medio Ambiente de Kenia y premio Nobel de la Paz, afirmaba en una reciente entrevista que este acuerdo no sólo requerirá el esfuerzo de gobiernos y empresas, sino también un cambio en la forma de vida de la gente común.

Durante los últimos 50 años el número de vehículos particulares en el mundo pasó de 50 a 450 millones. Hoy en día los viajes en carro son responsables de la mitad del total de emisiones de CO2. Según un estudio realizado por la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 2020 el sector del transporte será el primer consumidor de energía por encima de la industria.

Esto comprueba que la única forma de garantizar una política de movilidad sostenible, es restringiendo severamente el uso del vehículo particular, promoviendo sistemas de transporte público de excelente calidad e incentivando el uso de medios alternativos de transporte como la bicicleta y los desplazamientos a pie.

En la década de los 90 las emisiones de CO2 en Europa disminuyeron en todos los sectores, excepto en el de transportes, donde aumentaron 9% debido principalmente a la utilización del vehículo particular. Datos del Millennium Cities Database for Sustainable Transport comprueban que en Estados Unidos, donde el automóvil es el modo predominante de transporte, los viajes urbanos consumen tres veces más energía que en Europa. Si uno de cada 10 norteamericanos utilizara el transporte público con regularidad, las emisiones de CO2 del país se verían reducidas en más del 25% de los límites establecidos en el Protocolo de Kyoto.

El año pasado el presupuesto de transporte en los Estados Unidos destinó 174.000 millones de dólares para el desarrollo de autopistas y tan solo 1,5 billones para las bicicletas y los peatones. A pesar de esta enorme inversión en infraestructura vial, el tiempo perdido en los trancones aumenta todos los días. Una encuesta publicada hace unos meses por la revista The Economist, afirmaba que el 56% de los norteamericanos estaría dispuesto a pagar más impuestos si el dinero recaudado se destinara a aliviar la congestión vehicular. La misma encuesta concluye que para el 46% de los ciudadanos la prioridad del gobierno frente a este tema debe ser la construcción de más vías.

Tratar de aliviar la congestión vehicular con más vías es como apagar fuego con gasolina. Cada nueva autopista que se construya traerá consigo su propio tráfico. Además, la inversión en infraestructura vial genera crecimientos urbanos de baja densidad en los que es imposible prestar un servicio de transporte público de bajo costo y alta frecuencia debido a las enormes distancias y a la baja concentración de población alrededor de cualquier parada de bus.

Las ciudades con una densidad alta en las que la mayor parte de los desplazamientos se realizan a pie, en bicicleta o en transporte público destinan menos recursos para garantizar la movilidad de los ciudadanos. Mientras que una ciudad como Houston debe invertir miles de millones de dólares en construcción y mantenimiento de vías, ciudades como Copenhague o Ámsterdam destinan esos mismos recursos a construir colegios, museos, parques y bibliotecas.

La solución no es entonces construir más vías sino crear una manera distinta de vivir. Experimentos como el pico y placa, la ciclovía y el Día sin Carro han convertido a Bogotá en un ejemplo mundial de desarrollo sostenible. TransMilenio y las ciclorrutas han demostrado que si es posible soñar con una ciudad en la que la prioridad sea el ser humano. Hoy en día el 75% de los colombianos viven en zonas urbanas, ojalá las ciudades que les dejen a sus hijos sean más parecidas a Bogotá que a Houston o Miami.

*Director Fundación Pedalea Tu Ciudad

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