Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/09/12 00:00

En defensa de la izquierda democrática

El Polo es mucho más que la facción pro Farc que procura controlarlo.

En defensa de la izquierda democrática

El peor enemigo de la izquierda democrática en Colombia no es la extrema derecha, el narcotráfico o las llamadas bandas emergentes, tampoco el fantasma del “imperialismo”. Son las Farc. Y no porque se hayan convertido, como piensan algunos, entre ellos Hugo Chávez, en una “excusa” para mantener el modelo económico o dar continuidad a la Política de Seguridad Democrática, sino debido a que la estrategia insurgente se basa en la “combinación de todas las formas de lucha” y en desplegar e infiltrar guerrilleros en las instituciones y en los partidos políticos, especialmente en aquellos que enfrentan al establecimiento.

Recientemente, Iván Márquez se lamentaba de que a finales de los años noventa las Farc tenían fortaleza militar, pero se carecía de los elementos subjetivos que se requieren para la insurrección popular.
 
Tales condiciones no se construyen en el monte, ni con emboscadas, ni minas quiebra-patas. Es el trabajo político con las masas en las ciudades, la captura de instancias estatales, la propaganda, las operaciones psicológicas y el uso hábil del camuflaje en la legalidad las que permitirán que el ambiente insurreccional se crezca. Ninguna novedad. Es la vieja fórmula leninista al estilo de Jacobo Arenas.

En esa lógica se entiende que los farianos actúen en sindicatos, ongs, medios de comunicación y, obviamente, al interior de organizaciones políticas en las que su discurso tenga acogida. El mejor ejemplo es lo que está ocurriendo con el Polo Democrático Alternativo. Hoy es un campo de batalla en que se enfrentan sectores demócratas de izquierda con una facción de las Farc y que, seguramente, tiene asiento en el Comité Ejecutivo y en otros órganos de dirección. En este punto de la lectura no faltará quien me haya acusado de fascista. Pero no. ¡Tranquilos camaradas! La fuente de lo que estoy diciendo es Gustavo Petro.

Hace exactamente un año el senador señaló que no iba “a pedir permiso para condenar la combinación de todas las formas de lucha de las Farc”, en respuesta a la censura recibida de Carlos Gaviria por cuestionar la endeble reacción del Polo respecto al asesinato de los 11 diputados y por haberse atrevido a pedir una condena contundente a la guerrilla.

Pero la denuncia del martes pasado, que pasó inadvertida, va mucho más allá: “hay una campaña soterrada de las Farc por sacar a Petro y a Lucho del Partido. Sería conveniente que todos los militantes del Polo no cayeran en esa trampa”. Petro confirma que al interior del Polo están las Farc. ¡Casi nada! Señala que están persiguiendo a quienes se oponen a sus intereses o las critican abiertamente. ¡Y eso no es de poca monta! Luis Eduardo Garzón, Petro y otros se convirtieron en una piedra en el zapato en los planes farianos de copamiento del Polo. Es muy delicado. Para quienes están al margen de la Constitución, los obstáculos se superan o se eliminan. Cuando la conspiración política no funciona sobreviene la violencia.

Por su parte, Garzón, sin querer queriendo, le colocó nombre a la cosa. Dijo el domingo que Carlos Gaviria “terminó dirigiendo al sector más radical de la izquierda” y que la actual dirección del Polo “lo quiere sacar”. En realidad, más que Gaviria el problema es el viejo Partido Comunista (PCC) y los miembros del Partido Comunista Clandestino. No hay que olvidar que los dos congresistas elegidos por el PCC, utilizando al Polo, fueron denunciados por el Fiscal General de la Nación ante la Corte Suprema de Justicia por supuestos vínculos con las Farc, al igual que al “humanitario” director del Periódico Voz. El propio Gaviria fue elegido senador en 2002 en representación del Frente Social y Político, fachada en ese momento del Partido Comunista.

En todo caso, a quien le corresponde aclarar quiénes son los miembros de las Farc que están en el Polo es al senador Petro. Él tiene que saber, como víctima que es de tal persecución, y está obligado a denunciarlo ante la justicia, dada su calidad de servidor público. El Fiscal General debe actuar y comenzar las investigaciones. Además de tratarse de una conducta abiertamente delictiva hay que proteger los derechos de los líderes de izquierda democrática que están siendo vapuleados por esa organización criminal.

El Polo es mucho más que la facción fariana que procura controlarlo. Los dirigentes de la auténtica izquierda democrática deben expulsar a ese sector. Aceptarlo o tolerarlo es hacer el juego a la combinación de las formas de lucha de las que habló Petro. No se puede tener un pie en la legalidad y otro en la ilegalidad. Una cosa que explica (no justifica) el execrable asesinato de líderes de la UP fue precisamente esa.

Generalizar sería equivocado. El grupo de farcpolíticos que está ubicado en puestos estratégicos de la estructura del Polo y con la capacidad de orquestar una campaña para excluir a dos de sus más importantes dirigentes, no puede ocultarnos que los electores de ese partido y la mayoría de sus líderes son ciudadanos con ansias de cambio y legítimas aspiraciones políticas. Lo que no se puede permitir es que terminen manipulados por una organización al margen de la ley y que se empleen los mecanismos de participación política y las garantías ciudadanas para destruir el sistema democrático. En defensa de la izquierda democrática ante las Farc debemos estar todos, comenzando por los uribistas.

Senador Petro, usted tiene la palabra.

Nota al margen:

No es de extrañar que el adoctrinamiento fariano en la Universidad Distrital le parezca inofensivo al rector Carlos Ossa, candidato fracasado al Senado por el Polo. Cuando era Contralor dijo que convergía “con las Farc en la necesidad de construir una nueva sociedad, un nuevo país. No creo en la paz por adhesión (…)”. Y al parecer no había consumido su dosis personal.

Sobre el tema ver mi columna de semana.com “Universidades o santuarios farianos".
 
www.rafaelguarin.blogspot.com



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