Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 1998/04/27 00:00

EN EL NOMBRE DE TOMMY

EN EL NOMBRE DE TOMMY

AndrEs Pastrana es muy simpático. Lo cual no es necesariamente una virtud: también Ernesto Samper es, o era, muy simpático. Pero no pretendo en este artículo hablar de las virtudes de Pastrana simpático etcétera: aunque ¿cuál etcétera?_ sino de su levedad, de su insignificancia.O, más bien, del significado profundo que tiene la levedad de su insignificancia. Eso de la simpatía, sin ir más lejos. La sabia doña María Moliner nos dice en su diccionario que la simpatía "es espontánea, motivada por cualidades que pueden ser superficiales, hasta por el simple aspecto exterior". Y parece como si al redactar su definición hubiera estado pensando en el puramente exterior, en el que solamente tiene aspecto, en el únicamente superficial Andrés Pastrana: una cáscara de nuez que no tiene nuez por dentro. Todo en Andrés Pastrana es exterior. Cáscara. Imagen.
Desde siempre. Desde que, siendo apenas muchacho volantón, organizaba con los edecanes y los choferes de su padre el Presidente caminatas juveniles que no tenían ningún objeto ni ser-vían para nada, pero producían fotos suyas _muy simpáticas_ en la prensa. Desde que, ya con bigote, presentaba él mismo en la televisión, con simpática sencillez, el noticiero que los gobiernos le habían adjudicado graciosamente a su familia. Desde que, con simpático desenfado, tapaba de destructora ineptitud de su alcaldía de Bogotá con conciertos de rock pagados por los contribuyentes. Desde que, con simpáticos globos de júbilo, con simpáticas lágrimas de derrota, jugó y perdió las elecciones presidenciales de hace cuatro años. Desde que, con simpáticos jingles, fue proclamado nuevamente candidato para las elecciones de esta vez. Desde siempre, Andrés Pastrana ha sabido hacerse, no una presencia, pero sí una imagen. Plana, de superficie, sin profundidad de campo: sólo una imagen. Andrés Pastrana no es más que lo que parece que es. Y no quiere ser otra cosa. Tanto, que encima contrata para mejorar su imagen asesores de imagen, cuando ese es el único terreno en el que no necesita asesoría. (Tal vez no sabe que existen otros terrenos distintos)
Quiero comentar la simpática imagen de Andrés Pastrana que vimos el otro día, cuando recibió la adhesión _que por razones de estatura pareció arrodillada_ del ex fiscal Alfonso Valdivieso. El ex fiscal iba tal como es, sin imagen de ninguna índole: mera grisalla sobre fondo gris. Andrés Pastrana lo recibió como si posara para los fotógrafos de la revista Hola: con un atuendo de estudiada informalidad. Camisa abierta sobre el pecho con cuidadoso descuido, pantalones oscuros de paño, y una chompa amarilla, azul y roja. En la manga, un letrero en inglés.Desde el punto de vista de la imagen _y hemos visto que en Andrés Pastrana no existe ningún otro_ el simbolismo de la bandera tricolor está claro: el candidato no es ni azul ni rojo, sino suprapartidista y patriótico. El de la camisa abierta está claro también: es joven. Y el de los pantalones de paño lo complementa: es serio Pero ¿y el letrero?
"Tommy Hilfiger", dice el letrero de la manga. Pero el candidato no se llama así: no es como si dijera "Andrés Presidente". ¿Le prestó la chompa para el frío, y no para la foto, alguien _un asesor de imagen_ que sí lleva ese nombre? No es verosímil. ¿Es la marca de la chompa? Tampoco parece creíble que en un momento tan trascendental como es el de recibir el homenaje del galanismo liberal Andrés Pastrana haya resuelto disfrazarse de hombre-anuncio, como esos payasos que pescan transeúntes para las hamburgueserías del centro de Bogotá. ¿Quién es entonces Tommy Hilfiger? ¿Es el dueño del hierro que marca a Andrés Pastrana en el brazuelo, como a los becerros de las ganaderías?
No sé, no sé qué sea, ni quién sea, el tal Tommy Hilfiger. Pero me cuesta creer que la imagen _¡la imagen!_ de Andrés Pastrana embutido en su chompa tricolor no forme parte fundamental de su imagen global de candidato. Si él y sus asesores de imagen deciden que hay que recibir ante las cámaras el rendido homenaje del fiscal favorito del gobierno norteamericano vestido casualmente (pronúnciese en inglés: cáshuali) con una chompa (pronúnciese a la colombiana: jumper) marcada ostensiblemente con un nombre que podría ser perfectamente el del próximo embajador de Estados Unidos en Colombia, es porque quieren que se sepa que su candidatura es tan norteamericana como esos mismos asesores de imagen.
Pero ya lo sabíamos.

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