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Opinión

  • | 1998/05/04 00:00

    EN ENTREDICHO

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Cada vez hay menos dudas acerca de que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tiene intenciones serias de entrar en un proceso de paz, pero cada vez hay más dudas acerca del realismo político con el que esa organización está enfrentando el tema. El comunicado mediante el cual los elenos pusieron las negociaciones con el gobierno en la nevera demuestra ambas cosas. Por una parte, ese documento es la ratificación por escrito de que ha habido una serie de intentos que parecen serios por llegar a acuerdos de paz con el gobierno. Manifiestan los guerrilleros que, en efecto, firmaron un documento de trabajo con el gobierno ante testigos internacionales y de la Comisión Nacional de Conciliación. Esto se suma a los intentos fallidos por lograr un acuerdo en Alemania hace un par de años, con la intermediación de los alemanes y el Vaticano. Esta gestión se frustró cuando fue detenido en Colombia el espía Werner Mauss, quien estaba jugando un papel importante en la aproximación entre el gobierno colombiano, el alemán y el ELN. Pero el mismo comunicado de la semana pasada muestra ciertas incongruencias y un buen grado de ingenuidad por parte de los veteranos activistas de la guerrilla. Para empezar, hablan del manejo equivocado que se viene dando a la gestión de aproximación que se realizó en España, como si en estas materias hubiera unas normas de manejo correctas, cuya corrección (como dice en su portada el Almanaque Bristol) pudiera garantizar sólo la dirigencia del ELN. La queja inicial de los guerrilleros es la de que se violó la confidencialidad del acuerdo, que estaba siendo sometido a la aprobación del comando central de la organización. La ingenuidad es casi conmovedora. Nadie duda de la conveniencia de un manejo prudente de la información sobre un tema tan delicado, pero hasta el momento en que el periódico ABC de Madrid publicó la noticia el acuerdo era un secreto a voces en España y en Colombia. Entre otras cosas porque ese tipo de protagonistas, por muy clandestinos que sean, viven de la palabra, que es enemiga del silencio. Y ni qué hablar si el tema es un acuerdo de paz.Pero lo que resulta increíble es que los guerrilleros se sorprendan de que "la bandera de la paz tiene muchos enamorados en los tiempos electorales", que se estuvieran cuidando de que el asunto "no se prestara para el reencauche de Samper" y que además aspiraran a que "ninguno de los candidatos presidenciales sacara ventaja de él". Insólito. De lo que se trata es de que la bandera de la paz tenga muchos enamorados en los tiempos electorales. Una de las cosas más importantes del principio de acuerdo es que ocurre en época electoral y obliga a los candidatos a fijar posiciones concretas sobre un acuerdo específico de paz, lo cual es un paso adelante frente a las tradicionales divagaciones genéricas sobre la paz de las palomas. Entiendo, además, que la fecha escogida para avanzar en el acuerdo, entre la primera y la segunda vuelta de elecciones, fue una exigencia de los guerrilleros, asumo yo que con criterios electorales. De lo que se trata es de que Samper se reencauche con el acuerdo de paz. Samper o el presidente a quien le corresponda llegar a un acuerdo de esa magnitud tiene que reencaucharse si el pacto conduce de una manera visible a la paz. Y ni hablar de lo que se reencaucharían los dirigentes de la guerrilla si lo logran. De lo que se trata es de que todos los candidatos presidenciales saquen ventaja del tema del acuerdo. La idea es que si el asunto va en serio los candidatos tienen no sólo la opción sino la obligación de medírsele, buscando por supuesto sacar dividendos. La fecha fijada por los guerrilleros para la continuación obliga de hecho a los dos candidatos que ganen en la primera vuelta a sacar ventaja con el tema, por la vía del compromiso, que es la más seria de todas. Dicen los guerrilleros que el acuerdo queda en entredicho. Supongo que utilizan esta expresión en el sentido de la duda que pesa sobre la seriedad del acuerdo, porque también tiene el significado de la prohibición del uso de los divinos oficios, que precede a la excomunión, lo cual no sería del todo extraño si se tiene en cuenta que Manuel Pérez fue cura y Francisco Galán monaguillo. Y tras anunciar que van a hacer los ajustes necesarios para darle credibilidad a ese proceso, anuncian que la paz que quieren hacer no va a tener intermediarios. No lo creo. La única manera de hacer un acto de esa magnitud sin intermediarios es tomándose el poder. Mientras tanto, siempre habrá un presidente, un ministro, un cura, un militar o cualquier otro intermediario, firmando el documento al otro lado de la mesa.
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