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Opinión

  • | 2017/03/22 11:35

    La responsabilidad política

    Aquellos que piden la cabeza del presidente, simplemente están tratando de pasar de agache en un escándalo en el que ellos y muchos de sus colegas están untados hasta el cuello.

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Por más acostumbrado que uno esté a la incoherencia de nuestros dirigentes políticos, a veces es difícil dejar de sorprenderse con cada nueva situación. Siempre que hay un escándalo o cuando se avecinan las elecciones, ya es normal que en la clase política se disparen el oportunismo, la mentira y el alzhéimer.

Para nadie es un secreto que el gobierno de Juan Manuel Santos no está en su mejor momento. El escándalo de Odebrecht ha logrado debilitar políticamente al presidente y se ha convertido en la perfecta munición para el uribismo. Hoy, dirigentes del Centro Democrático y de otros sectores han salido enérgicos a exigir la renuncia de Santos, alegando que el suyo es un gobierno ilegítimo. Sin embargo, aquellos que piden la cabeza del presidente, simplemente están tratando de pasar de agache en un escándalo en el que ellos, y muchos de sus colegas, están untados hasta el cuello.

El panorama es tan trágico como cómico, y el escándalo de Odebrecht se ha vuelto el centro del debate electoral de cara a las elecciones del 2018.

Una de las fallas de nuestra democracia radica en que en Colombia los poderosos nunca han sido capaces de asumir la responsabilidad política de sus acciones. Eso sí, cuando es el otro el que está en el ojo del huracán, son los primeros en salir a condenarlo. No tiene presentación que los distintos partidos estén tratando de obtener réditos políticos por cuenta de esta lamentable situación, pues son pocos los que pueden decir que nada tienen que ver. Vale la pena hacer el ejercicio de imaginarse qué podrían pensar algunos de los protagonistas de la vida nacional si fueran responsables de sus acciones y omisiones del pasado.

Empecemos por Álvaro Uribe. Él podría pensar: “Hombre, qué vaina lo de Odebrecht, pero la verdad es que yo tengo poca autoridad moral para hablar del tema. La campaña de Santos, a la que entró plata en el 2010, era la que yo apoyaba. En el 2014, mi candidato, Óscar Iván, también recibió plata de Odebrecht, y todos mis candidatos para el 2018 tienen qué ver ahí. Eso para no hablar de los sobornos que hubo en mi gobierno. Yo mejor no digo nada”.

Alejandro Ordóñez podría decir: “Yo he sido un crítico muy duro del Gobierno y del proceso de paz. Sin embargo, yo fui procurador gracias a Santos, lo invité al matrimonio de mi hija, les repartí puestos a los congresistas para que votaran por mí, cuando estaba en la Procuraduría archivé la investigación de Odebrecht dizque por falta de pruebas, y me destituyeron de mi cargo por corrupción”.

Óscar Iván Zuluaga podría sincerarse: “Pido perdón a los colombianos por haber recibido esa contribución. No estoy en posición para ser presidente ni para criticar a nadie porque cuando yo fui a reunirme con Duda Mendoça ¡claro que hablamos de plata!”

El Congreso podría sacar un comunicado que diría más o menos: “Lamentamos profundamente que esto se esté presentando, pero no decimos nada por que si alguien recibe sobornos y coimas somos nosotros. Este nivel de corrupción en Colombia sería muy difícil de lograr sin nuestra ayuda”.

El Partido Liberal podría decir: “Nosotros acá sí que no tenemos nada qué comentar. Asumimos que hemos apoyado en todo al presidente Santos, nuestro director natural fue su jefe de campaña y su hijo fue nombrado director de Planeación Nacional. Eso para no hablar de nuestro pasado con Samper”.

Los conservadores pensarían: “Hemos sido parte del Gobierno desde un principio y apoyamos al presidente Santos. No tenemos nada qué decir.”

Cambio Radical diría: “Nuestro fundador y candidato presidencial era el vicepresidente en esa campaña. Preferimos no decir nada porque además de eso dimos avales a delincuentes y no nos dimos cuenta”.

El Polo diría: “Nosotros apoyamos al presidente Santos en la segunda vuelta porque creemos en la paz. Y, además, nuestra jefa es de ministra del Trabajo. Eso para no hablar de nuestro alcalde Samuel Moreno, que junto con su hermano se robó media Bogotá. Así que mejor nos quedamos callados”.

El Partido Verde diría: “Nosotros hasta sacamos propagandas de televisión invitando a votar por Santos. Entonces tampoco nos queda bien salir a exigir su renuncia y a lavarnos las manos”.

Y así sucesivamente… Si este país fuera un poco más serio, tomaríamos este escándalo como una oportunidad para mirarnos adentro, para entender que el sistema está dañado, que los políticos siempre han llegado al poder como se les de la gana, sin asumir consecuencias, y que de esto no se salva nadie.

Sin embargo, lo que hoy tenemos es a Álvaro Uribe y a Alejandro Ordóñez promoviendo marchas contra la corrupción. ¡Qué inconsecuencia!

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