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Opinión

  • | 2011/10/13 00:00

    ¿En Medellín hay paramilitares?

    De los ruidos que hoy rodean a la actual campaña electoral por la Alcaldía de Medellín se desprenden asuntos que en la ciudad se negaron con insistencia y ya se creían superados.

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Las mutuas acusaciones entre uno de los candidatos a la Alcaldía de Medellín y la actual administración de la ciudad causan no sólo inquietud por los señalamientos que se hacen unos a otros en relación con supuestas ayudas de estructuras criminales en las elecciones del 2007 sino por lo que se puede inferir acerca de la actual presencia armada en la ciudad.

En declaraciones entregadas a Caracol Radio en días pasados, el alcalde Alonso Salazar Jaramillo aseveró que “hay indicios muy graves de esa cooperación de los paramilitares en la actual campaña a la Alcaldía de la ciudad”. A la justicia le corresponderá determinar si efectivamente se están dando esos apoyos o no, lo que me interesa observar es el concepto expresado por el mandatario local, pues es un tema que en la ciudad se creía superado y la violencia que se ha vivido en los últimos años era, según las autoridades, un problema de delincuencia ligada al narcotráfico.

Los términos empleados por el Alcalde de Medellín, que me sorprendieron realmente, me hicieron recordar una rueda de prensa celebrada en el salón de gobierno de la Alcaldía de Medellín el 2 de septiembre de 2005 por el alcalde Sergio Fajardo Valderrama, y su secretario de Gobierno, Alonso Salazar Jaramillo. En esa ocasión, convocaron a los periodistas para referirse al informe que había divulgado, desde Londres, Amnistía Internacional titulado Los paramilitares en Medellín: ¿desmovilización o legalización?, a través del cual cuestionó el proceso de reinserción del Bloque Cacique Nutibara y aseveró que el paramilitarismo seguía vivo en la ciudad.

Estuve presente en esa rueda de prensa y aún conservo la transcripción de las declaraciones que ambos funcionarios entregaron a los periodistas. En ella se hizo una férrea defensa del proceso de reinserción de los desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara. En una de sus intervenciones, el entonces Secretario de Gobierno afirmó que si a él le correspondiera titular el informe lo llamaría “burdas evidencias para una generalización mentirosa”.

Cuando escuché la declaración de Salazar Jaramillo a Caracol Radio también me vino a la cabeza la entrevista que, como Alcalde de Medellín, le concedió a la periodista Cecilia Orozco Tascón para el diario El Espectador, que fue publicada en la edición del 5 de septiembre del 2010. En esa ocasión, afirmó: “hablar de resurgimiento del paramilitarismo es una equivocación. Hay una ruptura respecto de ese fenómeno y más bien se ha regresado a las estructuras típicas del narcotráfico que influyen en la vida política, social y económica de la región”.

Seis años después, Salazar Jaramillo admite en sus declaraciones la continuidad del paramilitarismo en la ciudad, una afirmación que sorprende por cuanto esa palabra había sido desterrada del lenguaje institucional desde agosto del 2006, cuando en Unguía, Chocó, se desmovilizó el último reducto del Boque Elmer Cárdenas de las Auc, con lo que para el Gobierno de esa época se ponía fin al paramilitarismo.

No alcanzo a dimensionar la definición conceptual que el Alcalde de Medellín le dio al término “paramilitar” cuando lo usó para referirse a las posibles influencias de estructuras criminales en una de las campañas electorales hoy en contienda, pero si nos atenemos al valor semántico usado en este país para referirse a ese tipo de organizaciones al margen de la ley entonces con tal afirmación reivindicaría a todas aquellas organizaciones no gubernamentales que desde hace varios años han sostenido que el paramilitarismo en la ciudad no ha llegado a su fin y, por el contrario, continúa galopante entre las comunidades.

Sustentadas en testimonios de ciudadanos víctimas de las operaciones criminales de las estructuras armadas que quedaron después de la desmovilización de los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada, esas organizaciones no gubernamentales lanzaban, y aún lanzan, constantes y dramáticas alertas con el fin de evitar la vulneración de los derechos humanos de los pobladores por parte de esas organizaciones armadas, pero constantemente eran desestimadas y desmentidas por las autoridades civiles, entre ellas el actual Alcalde de Medellín, quien en varias ocasiones recomendó a algunas que no “hicieran tanto escándalo”.

Es preocupante que hoy se hable, desde la Alcaldía de Medellín, de paramilitarismo en la ciudad, cuando, como ha quedado demostrado, su existencia se ha negado durante los últimos ocho años. Ahora, creo que la afirmación de Salazar Jaramillo suscita muchas preguntas, entre ellas las siguientes: ¿A qué tipo de estructuras alude el mandatario local cuando se refiere a “cooperación de los paramilitares”? ¿Cuál es la caracterización de esas estructuras referidas que al parecer están involucradas en el actual proceso electoral? ¿Son una continuidad de las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia? ¿Afirmar que en Medellín hay paramilitares es admitir que el proceso de reinserción en la ciudad, a la que en los últimos ocho años se le invirtieron miles de millones de pesos, fue un fracaso?

Finalmente, hay dos preguntas más que también me rondan y creo necesario hacerlas: ¿hay una utilización política del término “paramilitar” para lograr efectos electorales o, simplemente, se trató de un lapsus debido a una momentánea pérdida de riqueza del lenguaje del alcalde Salazar Jaramillo?

Creo, finalmente, que la afirmación del Alcalde de Medellín no puede tomarse a la ligera y reducirla a las “calenturas ideológicas” que genera toda campaña electoral. Los candidatos que hoy se disputan el primer cargo del Municipio deberían definir con claridad si ellos también consideran que en la ciudad continúa el paramilitarismo y, en caso de admitirlo, precisar cuáles serían las soluciones para enfrentarlo.

* Periodista y docente universitario
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