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Opinión

  • | 2010/03/27 00:00

    En el nombre del padre

    Abadía fue pionero de la política manejada desde los penales y ejercida en cuerpo ajeno.

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Desde Guacarí (Valle), Carlos Herney Abadía está empezando a manejar muchos hilos de la política nacional. Él ha logrado mutar de cacique a convicto y de convicto a titiritero, cuando algunos imaginaban que su fecha de expiración había pasado hace tiempo.

No se trata únicamente de la prominente ubicación de su hijo Juan Carlos como gobernador del Valle. Ni del asombroso poder de su antiguo subalterno el senador Juan Carlos Martínez quien -a punta de BlackBerry- regenta puestos y listas desde la cárcel La Picota de Bogotá. No es siquiera el auge de sus cuotas burocráticas locales y regionales.

Lo que sucede en realidad es que Carlos Herney Abadía -detrás de bambalinas- es el hombre fuerte del Partido de Integración Nacional (PIN), llamado a convertirse en un actor determinante en el futuro de Colombia. Sin importar quién sea el Presidente de la República, el próximo gobierno tendrá que vérselas con esa fuerza que controlará cerca del 10 por ciento del Senado y el 7 por ciento de la Cámara. En sus listas resultaron elegidos desde el hijo de 'la Gata' hasta los ahijados de Abadía.

De este influyente político y de su comportamiento habla su propia vida.

En 1997, cuando la Fiscalía ordenó su captura por la narcopolítica, el entonces recién renunciado senador Carlos Herney Abadía estuvo a punto de evadir la detención. Los agentes que tenían la orden de arrestarlo se sorprendieron al encontrarlo a bordo de un taxi. Cuando le pidieron los papeles, se identificó con una cédula falsa. El documento estaba a nombre de Carlos de Jesús Cifuentes Marín.

Unos meses después fue condenado por enriquecimiento ilícito y enviado a cumplir su pena en una pretendida cárcel, en el norte de Bogotá, llamada La María. Cuando muchos imaginaban que Abadía resignadamente pagaba su deuda con la sociedad, dio una nueva sorpresa.

Los agentes que perseguían al presunto paramilitar Ángel Gaitán Mahecha tenían una información según la cual un viernes, en diciembre de 1998, el buscado Gaitán acudiría a una fiesta que ofrecía la esposa del narcotraficante Jairo Correa Alzate. Las autoridades cercaron la casa porque no sabían quiénes eran, ni cómo podrían reaccionar los invitados al distinguido ágape.

Cuando las autoridades interrumpieron la parranda, encontraron a dos presos participando de ella. Habían salido de su jaula de oro, sin permiso y sin problema. Una evasión, consentida por guardianes, permitió que los ex congresistas Carlos Herney Abadía y Jaime Lara Arjona fueran danzarines de la polémica rumba. Terminaron pasando la resaca en La Modelo.

Desde su dura reclusión, Abadía fue pionero de la política manejada desde los penales y ejercida en cuerpo ajeno. Estando detrás de las rejas organizó la llegada al Senado de su entonces esposa, Esperanza Muñoz, quien ocupó la curul de 1998 a 2002.

Terminada esa relación político-sentimental, Abadía llevó al Senado a un trabajador suyo llamado Juan Carlos Martínez, hoy preso, y a la Cámara a Élber Gustavo Navarro, el mismo secretario de Educación del Valle, cuya grabación en la que participa ilícitamente en política fue difundida hace unos días por La W, sin que hasta el momento le haya sucedido algo al funcionario.

Ahora, Abadía lleva al Senado a Juan Carlos Rizzetto, ex contratista de la gobernación que orienta su hijo, y a la Cámara de Representantes a Heriberto Escobar y Juan Carlos Salazar.

Además, tiene 4 de los 21 diputados a la Asamblea del Valle. Su sobrina Claudia Cardona y un ahijado político suyo, Fabio Navarro -quien es, por cierto, hermano del Secretario de Educación de la grabación-, ocupan cargos estratégicos en la próspera CVC. Otro sobrino, Diego Cardona, hermano de Claudia, es secretario de Deportes de Cali.

El arrollador grupo que orienta y del cual hacen parte su hijo el gobernador, su ahijado el senador preso y sus nuevos congresistas, ya domina -de hecho- la política del Valle del Cauca, uno de los departamentos más ricos del país.

Ahora el nombre de Carlos Herney Abadía salta otra vez a la escena nacional. Con seguridad no será la última vez que oigamos hablar de él.
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