Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2010/06/21 00:00

En otro país

Hace ya dos años Medvédev asumió la Presidencia de Rusia, pero para muchos el hombre fuerte sigue siendo Putin.

En otro país

Un célebre chiste moscovita narra la llegada a un restaurante del ex presidente ruso Vladímir Putin y de su sucesor Dmitri Medvédev. Putin ordena una carne asada. El mesero pregunta: "¿Y el vegetal?". A lo cual Putin responde: "El vegetal también quiere carne asada".

Hace ya dos años Medvédev asumió la Presidencia de Rusia, pero para muchos el hombre fuerte sigue siendo Putin.

Nunca se resignó a convertirse en otro anciano de la tribu. Al terminar sus dos periodos de gobierno con una popularidad cercana al 80 por ciento, Putin asumió la dirección del partido mayoritario llamado Rusia Unida, desde donde maneja las bancadas oficialistas del Congreso.

Además, el presidente Medvédev, antiguo miembro de su gabinete y ungido suyo, lo nombró como Primer Ministro, lo cual le da la primera opción de sucesión en caso de muerte o renuncia del mandatario.

Putin siempre ha reclamado como prueba de su talante democrático el hecho de no haber intentado cambiar la Constitución para aspirar a un tercer periodo consecutivo, a pesar de su inmensa popularidad que indicaba que el 60 por ciento de los rusos apoyaba una nueva reelección para él.

Esa popularidad se mantiene hoy por encima del 70 por ciento, mientras que la de su sucesor ya va en el 50. Semejante apoyo arrancó en los albores de su mandato y gracias a su mano dura.

Siendo aún primer ministro de Boris Yeltsin y ante los repetidos ataques del terrorismo checheno, Putin ordenó la reanudación de las hostilidades en la independizada República de Chechenia. Esto lo convirtió en el político más admirado del país y en el hombre que evitó la desintegración de la Federación Rusa.

La primera vez que aspiró a la Presidencia en marzo de 2000 ganó en primera vuelta con el 53 por ciento de los votos. Las acusaciones de sus opositores sobre un posible fraude jamás se comprobaron.

Putin estrenó su primer gobierno emitiendo un decreto para proteger la espalda de su antecesor Yeltsin, y de paso la suya en el futuro.

Se trata de una norma titulada 'Sobre las garantías para el ex presidente de la Federación Rusa y su familia'. Donde establece que los antiguos mandatarios y sus parientes gozarán de especial protección y serán investigados bajo un régimen diferencial que en la práctica crea un escudo de inmunidad para ellos. El decreto se convirtió posteriormente en ley, justo cuando Yeltsin afrontaba una investigación por presunto lavado de dinero en Rusia y Suiza.

En el año 2002, separatistas chechenos se tomaron el Teatro de Moscú. En la violenta recuperación -ordenada por Putin- murieron 39 secuestradores y alrededor de 130 rehenes, la mayoría de ellos por inhalación de un gas tóxico desconocido por la ciencia médica. En contra de todos los pronósticos internacionales, la operación consolidó aún más la aceptación del Presidente.

Dos años después, en 2004, rompió la marca de su primera elección. El 71 por ciento de los votantes respaldó su continuidad en el cargo.

Putin, que empezó su carrera como miembro de la vieja policía secreta soviética KGB, terminó su segundo periodo en medio de cuestionamientos internacionales sobre participación de organismos de inteligencia en diversos crímenes. Entre ellos los asesinatos de la periodista Anna Politkóvskaya, dura crítica de Putin, y del ex espía Aleksandr Litvinenko, que investigaba la muerte de la reportera y había denunciado irregularidades en los servicios secretos.

Putin ha negado cualquier participación suya o de su círculo de inmediatos en esos delitos.

El fiscal, elegido en Rusia por una de las Cámaras -de mayoría oficialista- entre candidatos propuestos por el Presidente, concluyó que todo fue un plan extranjero para desestabilizar a Rusia y desacreditar al entonces mandatario Vladimir Putin.

Él goza de plena inocencia y de enorme poder. Su sucesor ha dedicado buena parte de su administración a fortalecerlo y a proteger su legado.

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