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Opinión

  • | 1990/02/19 00:00

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El optimismo que el comunicado de rendición de los extraditables le ha dejado a los colombianos, basado en la creencia de que los narcos se rindieron, y ya, es peligroso. Porque ni el comunicado de los extraditables significa, aunque lo digan que termino la guerra, ni el gobierno puede tampoco darla por terminada, así como así.

Para graduar, entonces, que tanto optimismo puede contagiarnos la situación que estamos viviendo, es bueno ubicarnos en el antes, en el durante y en el despues del comunicado.

El antes. La situación de no diálogo con los narcotraficantes se habia vuelto insostenible. Principalmente porque la tenue linea que separa los delitos políticos de los delitos comunes, y que hasta ahora se había esgrimido como justificación para poder negociar con la guerrilla pero no con los narcos, fue debilitandose hasta que se esfumó de la realidad nacional.

Un día descubrimos que mientras mas comenzaban a parecerse los secuestros de las Farc a los cometidos por la delincuencia comun, más se asemejaban cada día los crimenes de los narcotraficantes para tumbar la extradición a las caracteristicas de un delito político. Y no solo eso. Luego se iniciaron los casi mil asesinatos del narcoterrorismo contra los miembros de la UP.
Pero en medio de esta guerra demencial, tampoco encontraba explicación que mientras el Estado pudiera negociar con la guerrllla, porque esta es enemiga del capitalismo, no pudiera hacerlo con los narcotraficantes, porque son enemigos del comunismo. Convertidos tan habilmente en contrapartes de la guerrilla en su lucha ideológica, los narcotraficantes adquirieron, sin que nos dieramos cuenta, la categoria de delincuentes politicos, y sus fechorias rango de problema institucional, lo que tarde o temprano conduciria, inevitablemente, a un acercamiento como el producido por el Presidente Lopez con la absoluta aquiescencia del alto gobierno. Pero quizás la mejor prueba de que el narcotráfico en Colombia dejo de ser un problema de policia para convertirse en uno politico la constituye la negativa de los militares para emitir opiniones con respecto al comunicado. Sostienen que ello implicaria un pronunciamiento politico que solo le corresponde hacer al Presidente.

El durante. Admitida la inevitabilidad del diálogo, examinemos ahora la situación en la que nos ha colocado el comunicado. Lo mas probable es que Pablo Escobar no va a aparecerse mañana, con el cepillo de dientes bajo el brazo, a pedir Posada en el Palacio de Nariño mientras lo extraditan. En el comunicado, los extraditables piden claramente dos cosas: "Garantías constitucionales y legales", y "derechos de nacionalidad y patria". Lo que quiere decir lo primero es que estan dispuestos a entregarse si no los matan. Y lo segundo, que se entregan si tampoco los extraditan.

Es obvio que la primera parte si puede concedersela el gobierno, porque lo unico que se necesita para no matar a un detenido es precisamente cumplir con la Constitucion y la ley. En cuanto a lo segundo, el Presidente Barco ha dicho textualmente que el gobierno "no tiene posiciones inflexibles", que "amanecerá y veremos" y que frente a los delitos del narcotrafico el gobierno esta dispuesto a estudiar las "alternativas que ofrece el orden juridico vigente ".

Pero, irónicamente, importa menos lo que diga Barco, a quien al fin y al cabo le quedan seis meses de gobierno, que lo que diga César Gaviria, quien es por lo pronto su más seguro sucesor. Y Gaviria ya admitio en un comunicado la posibilidad de que a los extraditables se les juzgue de acuerdo con las penas y procedimientos previstos en el Codigo Penal, sin la extensión de penas previstas en la legislacion de Estado de Sitio, (leáse la extradicion). El unico problema consiste en saber que piensa el incomodo socio de Colombia en el asunto de la extradición: Estados Unidos. Independientemente de la voluntad política del actual o del proximo Presidente, los EE.UU. entran necesariamente en la decisión de Colombia de mantener o de suprimir la extradición.

El después. Ignoramos que nos depara el futuro cercano, cuando termine la voragine de liberación de rehenes y los narcos quieran cobrar lo que han denominado sus gestos de buena fe . A no ser que el gobierno tenga muy claro que sigue, es previsible que se reanude la ola violenta en el momento en que los extraditables comiencen a pedir gestos concretos por parte del gobierno, y no simplemente comunicados con frases claves, dirigidas a Bolivar para que las entienda Santander.

A riesgo de opacar el completo optimismo que embarga actualmente a los colombianos, podríamos afirmar que existe una sola diferencia entre la situación del país antes de la rendición de los extraditables y la de después.
Que mientras antes, cuando librabamos la guerra total, sabiamos en que estabamos, ahora no.-
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