Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/06/11 00:00

¿En qué quedó el sistema de partidos?

Apesar de los resultados de las elecciones, los dos partidos tradicionales continuarán dominando la política colombiana. Una transformación permanente del sistema de partidos deberá venir desde la izquierda.

¿En qué quedó el sistema de partidos?

En el último tiempo se han escuchado voces que hablan del final del dominio liberal-conservador sobre la política colombiana, de la desaparición de los dos partidos tradicionales y del triunfo de la izquierda en 2010. Luego de las elecciones parlamentarias y presidenciales parece conveniente precisar en qué quedó el sistema de partidos colombiano.

Los que creen en la extinción de los dos partidos tradicionales consideran que una buena prueba de ello es la pobre votación del Partido Liberal en las elecciones parlamentarias y presidenciales, aunada al arrollador triunfo del presidente Uribe y a los buenos resultados de los movimientos uribistas.

Desde que tengo uso de razón he oído sobre la inminente desaparición de los Partidos Liberal y Conservador, pero hasta ahora los dos partidos han seguido dirigiendo la vida política del país.

Lo anterior no significa que la política colombiana no haya cambiado. Evidentemente, Colombia ya no se ajusta al modelo bipartidista puro liberal-conservador que la distinguió tanto del resto de los países de la región. Además, desde hace décadas, el Partido Conservador ha ido reduciendo cada vez más su votación hasta convertirse en un partido minoritario. También es cierto que cada vez menos ciudadanos pueden ser encuadrados como liberales o conservadores y que incluso muchos de los que lo son han ganado independencia con respecto a sus partidos. Pero de allí a decir que los dos partidos tradicionales están condenados a perder su influencia en el Estado hay todavía mucho camino.

Ciertamente, no es ésta la primera vez que un partido tradicional sufre una seria división. El Unir de Gaitán, el Movimiento Revolucionario Liberal, el Nuevo Liberalismo, el Movimiento de Salvación Nacional y la Nueva Fuerza Democrática, entre otros, son ejemplos de disidencias importantes que pudieron ser superadas por los partidos tradicionales con el paso del tiempo. Muy probablemente, éste será también el resultado de la división que representan los partidos uribistas.

En realidad, las agrupaciones uribistas provenientes del Partido Liberal sólo están cohesionadas alrededor de Uribe –como el partido de la U– o en torno de líderes afectos a él –como Cambio Radical o Colombia Democrática–. Por eso es previsible que, ante la certeza del retiro de Uribe del poder –que, según acaba de decir él mismo, será en 2010, porque no promoverá otra reelección– estas agrupaciones tenderán a buscar acuerdos con su partido de origen. El reencuentro con el Partido se facilitará por la circunstancia de que ni Uribe ni estos líderes uribistas han renegado de su condición de liberales y de su amplia tradición de militancia en el partido.

Pero, además, el mismo Partido Liberal tendría que impulsar la reunificación, con el objeto de superar los descalabros sufridos y de recuperar los líderes y los votos perdidos. Pienso que en el futuro veremos un proceso de acercamiento y negociación entre los partidos uribistas de ascendencia liberal y el Partido Liberal, con miras a la reconstitución del partido.

De otra parte, tampoco se puede decir que el Partido Conservador esté en vía de extinción. Si bien todo indica que ha seguido perdiendo terreno en el campo electoral y, además, todavía debe analizarse si fue acertada su táctica de no presentar un candidato propio para dos elecciones presidenciales, lo cierto es que este Partido sigue acaparando una porción importante de los votos ciudadanos.

Así, pues, no creo en el planteamiento acerca de que los partidos tradicionales están siendo reemplazados por otros partidos de derecha o de centro en el manejo del poder político. Y si bien es claro que la reforma política de 2003 introdujo normas que dificultan los reacomodamientos políticos, pienso que ello no impedirá la reunificación del Partido Liberal.

En realidad, lo que sí puede generar una transformación profunda y permanente en el sistema de partidos colombiano es el surgimiento de una organización de izquierda, como el Polo Democrático Alternativo. Y en ese sentido es sorprendente la votación obtenida por Carlos Gaviria. Pero de allí a pensar que la izquierda se encuentra cerca de acceder a la Presidencia, como ha ocurrido en otros países suramericanos, hay nuevamente un amplio trecho.

En primer lugar, cabe reiterar que muchos de los votos de Gaviria no son votos del Polo. Precisamente, la virtud de la candidatura de Gaviria es que su talante liberal y su compromiso con lo social lo hacen muy atractivo para muchos ciudadanos que no necesariamente votarían por la izquierda. De otra parte, el Polo tiene que cumplir aún distintas tareas para convertirse en una opción real de poder. Tendrá que demostrar que es capaz de mantener la unidad. También deberá desarrollar propuestas y actitudes que le permitan competir por los votantes que se ubican en el centro del espectro político. Ello le exigirá, entre otras cosas, hacer evidente que tiene una posición unánime de rechazo a la lucha armada y al accionar de los grupos guerrilleros. Y, finalmente, habrá de mostrar que tiene capacidad para gobernar. Por esto último es que es tan importante que Lucho Garzón, en Bogotá, y Angelino Garzón, en el Valle, realicen un buen gobierno –y por eso extraña que, en el caso de Bogotá, el partido de Garzón le haga la oposición–.

En conclusión, la política colombiana sí ha venido cambiando, pero ello no significa que los partidos tradicionales estén a punto de desaparecer. La opción más clara de transformación permanente del sistema de partidos parece que puede generarse desde la izquierda, pero para que ella llegue a ser una opción verdadera de poder deberá transformarse en distintos sentidos.


(1) Profesor de la Universidad Nacional y miembro del Centro de Estudios Derecho, Justicia y Sociedad – DeJuSticia. El centro fue creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el fin de contribuir a debates sobre el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos.

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