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Opinión

  • | 2008/04/14 00:00

    Encuentre las semejanzas

    Es pernicioso el continuo uso de falacias políticas para atender las crisis, pero eso fue lo que hizo el gobierno en los casos del ataque contra Reyes en Ecuador y de la escasez de harina de trigo para el pan.

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“La sofistería es una hidra cuya fuerza quedaría destruida si se hicieran visibles todas sus cabezas”  J. Bentham

Imagine el lector las siguientes dos situaciones hipotéticas: (i) A usted le tumban la puerta de su apartamento y se le meten al mismo unos vecinos que están persiguiendo un delincuente a quien linchan en plena cocina; luego recibe una llamada de la portería desde donde los propios vecinos le cuentan lo ocurrido. Como el delincuente resultó ser pariente suyo, los reclamos por la violación del domicilio y los daños causados son contestados con un manto de sospecha sobre usted, que lo obliga a demostrar que nada tiene que ver con la conducta realizada por su pariente. Y luego, pasado el tiempo, usted se pregunta: ¿Y donde quedó mi reclamo?

(ii) Usted resuelve vender su apartamento –el de la historia anterior-, porque no resiste la presión que ejercen los vecinos, con ocasión del incidente ya narrado. Como no logra vender el apartamento, sus amigos le aconsejan vender el carro. ¿Cree que este es un buen consejo para solucionar el problema?

Ahora, recuerde las siguientes dos noticias recientemente registradas en los medios de comunicación:

(i) Raúl Reyes fue abatido por la fuerza pública colombiana en territorio ecuatoriano, luego de lo cual el presidente colombiano llamó a su homólogo vecino a contarle lo sucedido. Los reclamos por violación de la soberanía son contestados con la indicación de la sospecha existente sobre las relaciones del gobierno ecuatoriano con las Farc. Y uno se pregunta: ¿Y lo del reclamo?

(ii) A la pregunta de qué hacer ante la escasez de harina para el pan, el Ministro de Agricultura colombiano responde que entonces comamos arepas. Este se parece al consejo de la venta del carro de nuestra situación hipotética. Solo que ahora habría que vender el carro de los perros calientes que necesitan pan.

Las diferencias de los casos expuestos parecen claras, sólo que los dos primeros causan risa y los dos últimos preocupación, porque no son hipotéticos. Hay también varias semejanzas pero me quedo con la más relevante: los cuatro casos pueden ser buenos ejemplos de falacias, esto es, argumentos malos que parecen buenos. Solo me detendré un momento en las falacias que aparecen en los casos que causan preocupación.

Todos padecen de la falacia consistente en eludir la cuestión, de modo que se pregunta una cosa y se responde otra que nada tiene que ver con lo indagado y se mantiene dicha posición no como un mero error discursivo propio del momento en que se afirma, sino como una práctica política e institucional perniciosa.

El filósofo inglés Jeremy Bentham dedicó un libro –Falacias Políticas- a llamar la atención sobre perlas de la vida política como las descritas, cuyo objetivo principal es desviar la atención de lo que realmente constituye el centro de la discusión. La división propuesta por el padre del utilitarismo, viene como “anillo al codo” –para no perder el toque falaz- para explicar lo ocurrido en los mencionados casos preocupantes. Dije explicar, no justificar.

En cuatro grupos agrupa Bentham las falacias: de autoridad, de peligro, de dilación y de confusión. Algunas de ellas se ajustan de uno u otro modo a las situaciones descritas, como fácilmente se constata con la identificación sucinta de sus objetivos. Así, las falacias de autoridad tienen por objetivo “reprimir todo ejercicio de la facultad de raciocinio”, las de dilación “postergar la discusión con vistas a eludirla” y las de confusión “causar perplejidad cuando la discusión no puede ya eludirse”. Un ejercicio de adecuación de estas falacias a los casos que nos preocupan, podría ser el siguiente:

Falacias de autoridad: El gobierno colombiano se esfuerza cada vez más en hacer con Ecuador algo parecido a lo que en su momento hizo la Iglesia frente al Holocausto nazi: pedir perdón y a continuación auto eximirse de responsabilidad, como si una cosa llevara la otra. No. Se trata de dos cosas diferentes y aceptar una no tiene como consecuencia la ocurrencia de la otra.

Falacias de dilación y perplejidad: Al Ministro de Agricultura parece irle bien con tales falacias en casos como el descrito y otros como el de Carimagua, pues desde que se nombró una comisión dilatoria para verificar si es mejor invertir con los empresarios que con los desplazados, ni más.

Estas falacias me recuerdan dos cuentos malos y conocidos, uno de ellos atribuido por la sabiduría popular un difunto ex presidente de la República: el cuento de los dos gallos, en donde uno era colorado y el otro…salió corriendo; y el que resuelve dejar la reunión para el lunes ante la duda de saber si jueves es con v o con b.


Danilo Rojas es profesor de la Universidad Nacional e investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad -DeJuSticia fue creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el fin de contribuir a debates sobre el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos.

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