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Opinión

  • | 2017/07/24 10:34

    Como la canción de Maluma… “Felices los 4”

    Creemos que el primer encuentro promovido por el sacerdote Francisco de Roux, los jefes de la guerrilla y los comandantes de los paramilitares, nos muestra lo que podría venir si describimos la bondad de volver a vernos a los ojos todos los colombianos.

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Creemos que el primer encuentro promovido por el sacerdote Francisco de Roux, los jefes de la guerrilla y los comandantes de los paramilitares, nos muestra lo que podría venir si describimos la bondad de volver a vernos a los ojos todos los colombianos.

Como la canción de Maluma, “vamos a ser feliz, vamos a ser feliz, felices los 4…”.

Lo que nunca hicieron Bolívar o Santander después de los triunfos en la guerra, porque divididos por las tierras pudo más el egoísmo que la unión nacional; ni los enfrentados en la Guerra de los Mil Días y mucho menos los del bando cachiporro y la godarria.

Desde la jurisprudencia constitucional "la paz es un objetivo de primer orden dentro del modelo de organización política adoptado por la Constitución”, proposición a partir de la cual se determinaron las obligaciones directas del Estado y la sociedad para lograr su estabilidad.

El Estado debe diseñar e implementar las acciones, la normatividad y la política pública para superar el conflicto y sentar hacia futuro una convivencia pacífica en toda su dimensión. La sociedad debe “preferir” la solución pacífica como mecanismo exclusivo y constitucionalmente admisible de resolución de las controversias. Todo esto, soportado sobre la vigencia de los derechos fundamentales.

Cuando la Corte Constitucional le impone la obligación a los miembros de la sociedad de “preferir” una salida racional al conflicto interno, además de elegir o seleccionar los mecanismos capaces para ese fin, deben “anteponer” los intereses colectivos sobre sus comodidades privadas.

De esa reunión celebrada bajo los auspicios del pacificador De Roux, se desprende una tranquilizadora conclusión: Por fin estamos entendiendo el sentido del acuerdo final de La Habana. También se interpreta que lo plasmado en el mismo se está cumpliendo con creces en cuanto significa la concreción del sentido real de un acuerdo que pretende sepultar el enorme sufrimiento que ha causado el conflicto.

Las motivaciones que se plantean en la introducción del acuerdo final parten de las consecuencias funestas que ha arrojado la guerra en Colombia: “Millones de ciudadanos víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles de muertos, decenas de miles los desaparecidos de toda índole, sin olvidar el amplio número de poblaciones que han sido afectadas de una u otra manera a lo largo y ancho del territorio, incluyendo mujeres, niños, niñas y adolescentes, comunidades campesinas, indígenas, afrocolombianas, negras, palenqueras, raizales, y Rom, partidos políticos, movimientos sociales y sindicales, gremios económicos, entre otros”, cerrando con una frase prometedora: “No queremos que haya una víctima más en Colombia.”

Esto es lo que está entendiendo guerrilla y paramilitares, el cumplimiento estricto del artículo 95 constitucional que afirma que el ejercicio de los derechos y libertades reconocidas por la Constitución implica responsabilidades, entre ellas, “propender al logro y mantenimiento de la paz.”

¿Qué nos está haciendo falta para ponerle, como dicen los costeños, “el moñito a la butifarra”?

Que los ex Presidentes se reúnan en torno al propósito de todos, al cumplimiento de una obligación constitucional, a la construcción de una paz estable y duradera.

Ya el Presidente Santos dio un primer paso el 20 de julio pasado cuando instaló la legislatura: “yo los invito hoy –con mi mano abierta, con mi corazón abierto, sin rencores ni recriminaciones de ninguna clase– a que dejemos a un lado, a que superemos, la polarización”.

Esperamos ansiosos la respuesta de la oposición, la que hasta hoy no se ha oído. Dios y Maluma quieran que así sea, una respuesta en pro de la reconciliación para que de aquí en adelante seamos “felices los 4”, o mejor, felices los 46 millones de colombianos disfrutando y gozando la paz y la convivencia social que haga prosperar y fructificar nuestra nación.

(*) Gutiérrez Morad & Calderón España – Abogados Constitucionalistas.

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