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Opinión

  • | 2011/10/07 00:00

    Encuestas, el lado siniestro de la democracia

    El reciente escándalo en el que se ha visto envuelta la firma Datexco debería dar pie para que, por fin, en Colombia se proponga una verdadera legislación sobre la manipulación del voto.

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Es cierto que la razón principal por la que tantas personas juegan a la lotería es porque se la quieren ganar. Pero también es cierto que dejarían de hacerlo, toda vez que llegasen a tener serias sospechas sobre una falta de transparencia en los sorteos. Esa posibilidad es remota, pues dada la vasta cantidad de intereses que hay en juego, contamos con una supervisión oportuna y rigurosa de parte de las autoridades. Además, las loterías no se arriesgarían al más mínimo escándalo que ponga en tela de juicio su confiabilidad. De salir a la luz, quebrarían de inmediato.

En nuestros procedimientos de elección popular los intereses en juego son muy superiores a los de una lotería. Es la suerte de todos, más que la de un afortunado cualquiera. Es lamentable, entonces, que esos procedimientos no sean supervisados ni con la mitad de la rigurosidad con la que se supervisa una lotería. A quién queremos engañar, más confiabilidad tiene un bingo de barrio que nuestras elecciones populares. Nuestra democracia es ciertamente siniestra.

No es que nuestras autoridades actúen de mala fe. Bien sabemos que, con toda la honestidad y rigurosidad, ellas cuidan de la transparencia de las jornadas electorales. Sólo que es justo ahí en donde se equivocan. Porque es de suponer que, hoy, los mecanismos de manipulación del voto surtan efecto mucho antes de que los ciudadanos lleguen a las urnas. Esa manipulación es cada vez menos trasteo de votos, votantes muertos o votos a cambio de un tamal; es cada vez más propaganda negra y encuestas maquilladas. De ahí que ante la incipiente legislación en contra de estas últimas estratagemas, sea de suponer también que nuestras autoridades subestimen o ni siquiera identifiquen el verdadero peligro.

El pasado 30 de septiembre, la Silla Vacía denunció que Datexco –de acuerdo con excolaboradores de la misma firma– habría inventado encuestas para el Opinómetro de El Tiempo y la W. De ser cierta la denuncia, entre enero 14 de 2010 hasta abril de este año, la firma habría hecho menos de 300 encuestas por cada entrega, al tiempo en que en la ficha técnica relacionaría 700, para difundir mayor confiabilidad (Ver link acá). No es la primera vez que Datexco afronta un escándalo que cuestione sus métodos. El año pasado esta revista informó que la firma había decidido repetir el trabajo de campo de una encuesta, dado que el resultado inicial daba a Mockus como ganador, con un punto, por encima de Santos. La segunda encuesta, la finalmente publicada, arrojó como resultado: Santos 29,5 por ciento y Mockus 24,8 por ciento (Ver link acá). En ambos casos, el presidente de Datexco negó rotundamente las denuncias.

“A la gente hay que creerle”, es lo que a este respecto ha respondido Julio Sánchez Cristo en la W. Lo que es cierto. Como no es menos cierto que corremos un alto riesgo al permitir que un tema tan delicado como este quede sujeto a la buena fe de las personas. Mejor haríamos en exigir una investigación oportuna y eficaz de parte de las autoridades; hasta el momento, el CNE no ha hecho nada. Más aún, siendo que después de semejante cuestionamiento Datexco ha publicado dos nuevas encuestas (en las que, en contra de todos los pronósticos de otras firmas con mayor credibilidad, presenta como favorito a Peñalosa, con un amplio margen de favorabilidad), cabría preguntarse si realmente el CNE puede hacer algo.

De nuevo, es de sospechar que nuestras autoridades –el CNE, en particular– no son tan siquiera conscientes de la manera en que una encuesta puede manipular el voto. No es un secreto que el grueso de la población votante opte por elegir entre los candidatos que encabecen las encuestas. Lo que no es producto de la ingenuidad: si son esos mismos candidatos a quienes se les concede mayor difusión en los medios de comunicación, los demás, sencillamente, dejan de existir.

Sin el ánimo de enjuiciar a nadie, el reciente escándalo en el que se ha visto envuelta la firma Datexco debería dar pie para que, por fin, en Colombia se proponga una verdadera legislación sobre la manipulación del voto –sobre las encuestas y la propaganda política, en particular–. Mientras eso no ocurra, nuestra democracia seguirá siendo siniestra, toda vez que sospechemos que sus procedimientos siguen siendo manipulados. Que lo ‘sospechemos’: por un lado, para que en verdad sea algo siniestro; por otro, porque suele ocurrir que dicha manipulación nunca puede ser probada.

P.S.: Toda nuestra solidaridad con la periodista uruguaya (pero nacionalizada colombiana) Laura Gil. Es inaudito que después de trabajar durante dieciséis años en Colombia, como excelente periodista y defensora de los Derechos Humanos, deba aceptar que quienes han querido sacarla del país han ganado.

*Twitter: @Julian_Cubillos

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