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Opinión

  • | 2010/05/23 00:00

    Encuestas y medios

    Las encuestas han adquirido una omnipresencia perjudicial para nuestra democracia, a tal punto que hoy son más importantes que lo que dicen los candidatos.

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El lunes de la semana pasada, todos los candidatos presidenciales llegaron con la lengua afuera a las instalaciones de Caracol Televisión, a un segundo debate presidencial, el primero en ser transmitido a las 7 de la noche y no a las 10, cuando ya medio país está en brazos de Morfeo. Por cuenta de los trancones que vuelven a esta ciudad intransitable en las horas pico, dos de ellos, Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, tuvieron que hacerlo en moto. Terminado el debate de Caracol Televisión -que en realidad fue un ejercicio de preguntas y respuestas a los candidatos y no un debate-, las caravanas de escoltas con sus candidatos atravesaron la ciudad para ir al otro canal, a RCN, donde tenían otro debate patrocinado por NTN24 y lasillavacia.com. Un debate errático que pecó por sus innecesarias excentricidades -tenían hasta una muñeca haciéndoles preguntas a los candidatos- y en el que el eje central nunca fueron los candidatos sino la puesta en escena hecha por los medios. (Aceptado el mea culpa que hizo la directora de lasillavacia.com, Juanita León).

Eso fue el lunes. El martes, los debates fueron comentados solo por los medios que los auspiciaron -actitud que se les está volviendo una costumbre a muchos de ellos-. El jueves empezó el bombardeo de las encuestas contratadas y promocionadas por los mismos medios que hacen los debates. Y como sucede desde hace un mes, todos o casi todos las anunciaron como la Gran Encuesta y cada uno se esforzó por decir que la de ellos era la mejor y la más precisa. La encuesta de Gallup que salió ese día por la mañana, realizada para 14 medios entre los cuales están Caracol Radio, Caracol Televisión y El Espectador, se llama la Gran Encuesta de los Medios. Por la noche, CM& sacó otra Gran Encuesta, hecha por el Centro Nacional de Consultoría, y el viernes Datexto, en asocio con El Tiempo y La W, sacó la suya. Si a esta le sumamos la Gran Encuesta que salió el sábado auspiciada por RCN, La FM y SEMANA, contabilizaríamos cuatro encuestas semanales. ¿En qué país democrático hay cuatro encuestas por semana? En ninguno que yo sepa.

No hay duda de que las encuestas han adquirido una omnipresencia en el debate electoral que resulta perjudicial para nuestra democracia, a tal punto que hoy son más importantes las encuestas que lo que proponen o dicen los candidatos en los debates. (De la misma forma que en los debates se ven más omnipresentes los periodistas que los pobres candidatos).

Yo creo en las encuestas y considero que son un instrumento científico que nos permite sacar una foto para saber lo que piensa el electorado de sus candidatos en un preciso momento. Pero cuando las encuestas se convierten en un instrumento de mercadeo de los medios, estas no solo pierden su razón de ser, sino que los medios terminan desempeñando un papel en las campañas electorales que no les corresponde.

El primer efecto de esta distorsión es que las encuestas se han convertido en la verdadera primera vuelta.

Como todos los medios se pelean por hacer la más grande y la mejor encuesta, eso ha motivado a que muchos de los encuestadores -con la aceptación de los medios, claro está- hayan sacrificado la continuidad de las muestras por conseguir una mayor precisión en el último minuto. CM&, con el Centro Nacional de Consultoría, decidió ampliar su universo, y pasó de 1.200 a 3.000 encuestas, al tiempo que incrementó a 100 las ciudades, amén de que en una encuesta introdujo nuevos filtros. Datexco decidió hacer la última encuesta con entrevistas presenciales y no telefónicas como las venía haciendo. Todos estos cambios introducidos a medio camino sacrifican la continuidad de la muestra, que es lo que nos permite evaluar realmente cómo está cambiando el electorado y predecir con más certeza lo que puede suceder. Para no hablar del inexplicable 10 por ciento que de buenas a primeras Ipsos de Napoleón Franco le dio a Jaime Araújo y a Jairo Calderón en una encuesta, porcentaje que a la semana ya se había evaporado.

Lo anterior se suma a episodios que han levantado ciertas suspicacias, como el protagonizado por Datexco. Según versiones de prensa, ellos habrían hecho una encuesta en la que salía ganando Mockus. Como salía muy alto, pensaron que el resultado era muy raro, y volvieron a hacerla, y en la que resultó publicada en El Tiempo y La W salió ganando Juan Manuel Santos. La encuestadora negó esta versión, pero los medios que la publicaron se ratificaron en ella.

Uno no sabe qué es peor: si la época en que los dueños de las encuestas eran los candidatos y estos, si salían bien medidos, se las entregaban a los medios para que las publicaran, o lo que nos pasa hoy día, cuando los dueños de las encuestas son los medios.
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